RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para la etiqueta “copas”

Kit casero para disfrutar del vino sin gastar mucho

La semana pasada hablé del servicio de vino fuera de casa, pero hoy prefiero dedicarme al hogar. En casa, con amigos, con la pareja o en solitario, uno puede disfrutar del vino como el que más. Y dado que seguimos (¿hasta cuáaando?) en crisis, el comprar un vino que nos guste y consumirlo en casa, ahorrándonos los dinerillos que nos gastaríamos de pedirlo en un restaurante (junto con tooodo el placer que conlleva que un buen sumiller te recomiende y te sirva unas buenas copas de vino, todo sea dicho), puede ser una estupenda opción para pasar una velada vinófila divertida y placentera.

Vale, pues nos compramos una (o dos) botellitas de vino. Sí, pero… ¿y el resto? Porque claro, como he dicho otras veces conservar y servir un vino no es de lo más sencillo del mundo… Bien, como tampoco tiene mucha complicación y si uno se esmera un poco puede conseguirlo sin gastarse muchas perras, os voy a dar una serie de consejitos (sí, consejitos, aunque en el ámbito de la moda ahora se llaman “tips”, pero a mí eso me recuerda al humorista alto y de bigote que siempre bebía cerveza y era un tipo adorablemente surrealista). ¿Consejitos para qué? Pues para tener a mano todo lo que hace falta cuando uno quiere servirse BIEN el vinito en casa.

He comprado el vino pero no me lo voy a tomar ahora. ¿Dónde lo guardo? Buena pregunta. Como los consejos que pongo aquí son para quienes aún no tenéis, o ni siquiera pensáis en tener, colecciones de vino amplias, lo ideal, si no vais a tenerlo mucho tiempo, es guardarlo en el sitio de la casa más oscuro y que cambie menos de temperatura. Ah, y también, mejor tumbado que de pie porque así el corcho del tapón permanece húmedo y el vino no se oxida. Si prevéis tomarlo en unas horas, se permite frigorífico. Y si os hacéis con una mini colección de vinos y os sentís entusiasmados con ella, podéis iniciaros en la compra de una pequeña cava, especialmente diseñada para conservar vinos, y es ahí donde mejor están. Claro, una cava puede partir de los 90 euros, si es pequeña (seis u ocho vinos) hasta el infinito… y más allá.

Lo quiero fresquito, ¿qué hago? Otro de los instrumentos utilísimos, casi imprescindibles, para nuestro kit casero de vinofilia es una hielera. Cuando digo hielera me sirve recipiente grande donde meter una o dos botellas de vino junto a un montón de hielos y agua. Si sois de los que no tenéis mucho sitio para esos mastodontes (suelen ser grandes) un remedio útil es un cubo, que es muy feo pero arregla muy bien la papeleta, o la hielera que tengo yo en casa, que es hinchable y se guarda en cualquier armarito. El sistema de hielos y agua para enfriar tintos, blancos y espumosos es, en mi opinión, el mejor, el menos agresivo para el vino y el más eficaz después de la cava, que es principalmente para evitar que el vino cambie mucho de temperatura.

Esta hielera hinchable es de Koala y cuesta unos 14 euros

Esta hielera hinchable es de Koala y cuesta unos 14 euros, fue una de mis mejores compras de invierno porque me la puedo llevar a todos lados, incluso a las casas de amigos cuando ellos no tienen una.

Las copas, esenciales. Vamos eso no hace falta ni que os lo recuerde, ¿no? un buen juego de copas es vital para poder disfrutar del vino. Y cuando digo bueno, no me refiero a copas de lujo como las que usan los sumilleres y la gente muy experta (a mí me encantan pero son bastante carunas) sino copitas bien perfiladas y con material decente. Curiosamente, y aunque para una cena de etiqueta se pueden quedar un poco cortas, tengo en casa unas cuantas de… Ikea! Que me gustan mucho y además salieron baratísimas, a menos de un euro cada una. Si bebéis cava, sirven también las mismas que tengáis para el vino, aunque un minijuego de copas de cava, más alargadas, también son muy útiles para servir espumosos.

Lo de las copas de vino es un mundo, pero unas sencillitas y bien perfiladas sirven para empezar. Eso sí, vasos NUNCA

Lo de las copas de vino es un mundo, pero unas sencillitas y bien perfiladas sirven para empezar. Eso sí, vasos NUNCA

Si ya os da un punto más friki podéis subir el nivel y desembolsar algunos eurillos más en copas más adecuadas. Yo tengo unas Mikasa Oenology que rondan los siete euros. Pero ya os digo que las de Ikea salvan la papeleta fenomenalmente. Cuando empecéis a cogerle el gustillo a lo de catar y servir el vino en copas distintas os entrarán ganas de experimentar y elegir la que más se adecue a los vinos que soléis tomar.

El vino habrá que abrirlo… Pues sí. Es lo que tienen las botellas, que vienen cerradas y es parte de su encanto adentrarse en la “liturgia” de abrir un vino. Salvo los jereces y algunos vinos generosos que vienen con tapón de rosca, y los espumosos que tienen tapones sujetos por una malla o alambre y se abren con la mano, se necesita impepinablemente un sacacorchos. A ser posible, de los que tienen un accesorio para cortar la cápsula (el metal que recubre la parte superior de la botella). Un apunte: la cápsula se corta SIEMPRE por debajo del gollete, que es esa especie de anillo de vidrio que está en la parte de la botella pegada a la boca, y que es siempre un poco más ancha). Esto se hace así para evitar que el metal de la cápsula pueda, si se hace virutitas, caer al vino y fastidiarlo. Un sacacorchos de lo más digno puede costar unos seis eurillos.

Mi sacacorchos de cabecera. Fue un regalo de un fabricante y le tengo un cariñoooo...

Mi sacacorchos de cabecera. Fue un regalo de un fabricante y le tengo un cariñoooo...

¡Que el vino goteaaa! Esa es una de las situaciones más incómodas de servir el vino cuando uno no es muy diestro, que gotea y si es tinto, nos fastidia el mantelito de hilo de la cena. Pero afortunadamente existen unos circulitos mágicos llamados DropStop que se enrollan y se meten en el cuello de la botella y… ¡el vino deja de gotear cuando se sirve! A mí me han evitado un montón de manchas. Cuesta en torno a los dos o tres euros y encima los hay con estampados muy originales, se pueden reutilizar y no ocupan absolutamente NADA de sitio.

¿Veis el DropStop? Si hasta da un punto estilizado a la botella...

¿Veis el DropStop? Si hasta da un punto estilizado a la botella...

Decantarlo, airearlo… Aunque sobre lo de decantar o airear el vino hay quien tiene verdaderas teorías acerca de cuáles y cuáles no, cuánto tiempo y demás, el decantador, además de ser una jarrita preciosa (a mí me gusta, oye) es útil para oxigenar de una vez un vino y permitir que se “abra”, que expreses mejor sus aromas y sabores. Esto suele hacerse con vinos viejos y con mucho tiempo de crianza en barrica. Eso sí, cuando lo pongáis en el decantador, no volquéis la botella de golpe, hacedlo poco a poco y suavemente, para que el vino caiga sin golpearse en el fondo y se airee al trasvasarlo. No voy a contaros la ceremonia completa de decantación porque no quiero que os durmáis. Un decantador decente puede rondar los 30 euros y podéis pedirlo como regalo de cumpleaños…

Me ha sobrado vino, ¿qué hago con él? Buena pregunta. Normalmente el vino no aguanta mucho en óptimas condiciones una vez abierto. Pero no somos catadores expertos, sino disfrutadores, y tampoco estamos para tirar vino por el desagüe, así que hay inventos asequibles y muy socorridos para poder tomarnos el vino que nos ha sobrado el día siguiente. Eso sí, no conviene guardarlo muchos días porque, definitivamente, se estropeará sin remedio. Pero hay pequeñas bombitas que extraen el aire que entra en la botella cuando se tapa de nuevo y ayudan a conservarlo un tiempo prudencial (dos o tres días como mucho) para poder volver a tomarnos una copilla si nos sobró el día anterior. Aunque suene raruno decirlo, pero ¡benditas bombas! Dependiendo del modelo, las hay desde los siete u ocho euros.

Esta es mi bombita de vacío para vino, que uso eventualmente porque suelo acabarme las botellas... no seáis mal pensados, me las acabo porque bebo más a menudo en compañía.

Esta es mi bombita de vacío para vino, que uso eventualmente porque suelo acabarme las botellas... no seáis mal pensados, me las acabo porque bebo más a menudo en compañía.

Resumiendo, que por una módica inversión pecuniaria, podemos hacernos con un kit de vinófilos para disfrutar en casa. Porque de eso se trata, ¿verdad?

¡Indignaos!… Si os sirven mal el vino o el cóctel

Estos días he estado preparando un reportaje que saldrá en breve en la revista PlanetAVino (para muy aficionados al vino, que se puede comprar por Internet) y mientras lo hacía y buscaba documentación por La Red he encontrado las razones para escribir el post de hoy: la gente, cuando le sirven mal el vino o le ponen mal un cóctel, no suele protestar. Pues bien, cual sindicato del líquido, desde aquí os convoco: protestad, no os calléis, si el servicio en un bar o restaurante es deficiente.

Puede pasar que a muchos de vosotros no se os ocurra devolver un vino cuando este tiene algún defecto difícil de detectar para un bebedor no entendido. Normal, la duda os inundará y os preguntaréis si, simplemente, el vino elegido es un error. Pero de oler brettanomyces (palabro que cuelo a propósito para asustar) a devolver un vino al que le falta temperatura, por ejemplo, hay un tramo. Y para esto último no hace falta entender mucho de vino, sino simplemente querer que a uno le sirvan como Dios manda.

Vaso de tubo, un invento del infierno

Con el cóctel y los combinados pasa igual, aunque se ve menos. Pero un pecado habitual y que desde aquí reivindico que muera es el del dichoso e imposible vaso de tubo, infame instrumento que no sirve para nada y que, sin embargo, prolifera en un montón de barras de bar. Digo yo, ¿tan difícil es comprar un recipiente distinto? Ahora que está tan de moda el Gin&Tonic por favor, ¡protestad si os lo sirven en horribles tubos en los que, a poco que uno tenga la nariz grande (me encanta en los hombres) el desafortunado usuario ve alejarse su líquido mientras la napia solamente le alcanza hasta el hielo! Para esto, de nuevo, no hace falta entender, sino beber. Y protestad también cuando os sirvan las copas calientes. Lo ideal sería que tanto el destilado como el refresco de turno procedieran de la nevera pero perdonaremos, de momento, que los primeros estén a mano del camarero porque en algunos refrigeradores de bares sencillos “no hay sitio p’a tanta gente”. Pero el refresco, frío, que se agua si no el combinado.

Si se trata de un cóctel, cuidado con dónde lo tomáis porque no es lo mismo un profesional de esto, que tiene un nombre essstupendo, el de Bartender, que un camarero cualquiera que le da al grifo del mojito preparado sobre hielo “pilé” (que me gusta esa palabreja gala, oiga). Si veis que los mojitos son demasiado baratos, haceos a la idea de lo que os van a servir y aceptad que eso es lo que hay por ese precio. Pero si os cobran eso mismo a precio de cóctel de Gotarda, ¡protestad! O dejad de ir al sitio, que es otra solución.

Voy a enumerar algunos motivos de protesta para convocaros a cada uno a indignarse dignamente ante un camarero, mâitre o cualquier otro personal de hostelería que os sirva:

-          El vino está caliente: indignaos porque la temperatura de un vino no es la de la calle en mayo, por más tinto que sea. Y que os lo enfríen con una hielera que mezcle hielos y agua. O que os traigan un refresco, pero ese caldo, de vuelta a casa.

-          El vino huele raro: a humedad, a bayeta o agua sucia, a vino generoso (del que tienen las abuelas para la merienda) siendo un tinto del año… si el vino huele raro, aunque no sepáis identificar exactamente la razón, pedid otro o cambiaos de bar, pero no aceptéis el fraude. Y menos si la copa cuesta un riñón (que cuatro eurazos son cuatro eurazos).

-          La copa de vino… es un vaso: lo siento, pero no. El vino, aunque sea Txacoli, en copa, por favor. SIEMPRE.

-          El precio del vino es como pagar oro: cuidado con esto. Lo ideal si se desconoce el vino es esperar a conocerlo, o mirar otras referencias para contrastar. Más de tres o cuatro euros, pagadlos solo si sabéis con certeza que el vino y el servicio lo merecen.

-          El rosado tiene más años que tú: se sabe porque de rosado solo le queda el nombre y su color es monísimo para una tapicería de sofá. Indignaos.

-          El blanco fue blanco algún día: por lo mismo, lleva ni se sabe en a saber qué estantería. O puede pasar que pidáis un Rueda y os miren como si estuvieran viendo a Michael Jackson.

-          Pedís una Manzanilla y os preguntan: “¿la infusión?”. Fuera de ahí, sin indignarse ni nada. Simplemente HUÍD.

Bueno, estos son algunos de los motivos, pero os invito a participar y comentar más casos en los que no os hayáis quejado, o sí. Porque solo así meteremos caña a esos servicios nefastos que solo perjudican al consumidor… y a su propio sector. Indignaos ante ellos y protestad, que ahora es tiempo de cabreos y el ambiente propicio.

Este blanco, por ejemplo, está estupendamente servido. Y bien pagado, también sea dicho.

Este blanco, por ejemplo, está estupendamente servido. Y bien pagado, también sea dicho.

Enemiga líquida mía… (culebrón vinícola para ociosos)

Queridos amigos líquidos. Creo que ayer me granjeé la antipatía de un miembro (miembra, siendo políticamente absurdos) del sector bodeguero y provoqué que uno de mis comentarios fuera censurado en un blog de moda con sección de vino. No puede llover a gusto de todos, pero voy a contar por qué a ver qué os parece, porque me da a mí que la miembra en cuestión, al menos ahora (le queda bastante tramo de aprendizaje, intuyo) es uno de esos “enemigos líquidos” de los que hablaba el otro día. Mi amigo Ramon Francàs ya se hizo ayer eco en su blog en cuanto le pedí opinión al respecto.

La cosa empezó cuando, trasteando por La Red, me encontré con un post titulado “Manual para hacerte pasar por un experto en vinos”. Bien, ahí debería haberme espeluznado ya suficiente como para no seguir (¿hacerte pasar? ¿es necesario “hacerse pasar” por un experto en vinos???????), pero yo, guerrera incauta, continué a ver qué me deparaba esa lectura. Entonces fue cuando empecé a flipar. Sí, a flipar, es la palabra más apropiada que se me ocurre. Eso y “ojiplática”, que además me encanta.

El post en cuestión, que ayer a las once y media de la noche estaba clasificado en el blog como “sin categoría” y que tampoco tenía más firma que la de la propietaria y autora del blog, una “personal shopper” dedicada al mundo de la moda (hoy casualmente sí tiene categoría y firma) habla, en una serie de seudo consejos para “hacerse pasar” por un “experto” en vinos (sin serlo) de que el “aspirante” a fardador vinícola tiene que pedir “vinos de pago”, o “comprar on line” “a cualquier bodega” (lo que estoy escribiendo es literal, literal…) para quedar estupendamente ante sus amigos, ignorantes en esto del vino. La puntilla la pone cuando habla de que en algún momento de la velada, el incauto seudo enófilo ha de soltar: “Tengo ganas de ir a Vinexpo” (¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!) para poder visitar “Chateau Margaux, Pétrus… y con suerte probar algunos de sus vinos que rondan los 3.000 euros”. Así, literalmente, con las tildes como las veis aquí, es lo que pone. Pero os animo a leerlo en su propio blog porque hay más perlas y yo tengo más cosas que contar. Espero que no os desesperéis con las faltas de ortografía, eso sí.

Mi comentario censurado

Yo, que soy una incauta y tengo la boca muy grande, me dije (con buena intención, eso sí, tengo muy asumido que soy una defensora del vino y casi me vi en la obligación de no dejar impune, de no pasar indiferente por esta lamentable entrada), voy a comentar. Y me registré, di mi correo y comenté esto:

“Hola Ángela

Por casualidad he visitado tu blog (soy fan de los zapatos) y me he detenido en este post porque llevo unos cuantos años dedicándome al mundo del vino. Desde mi blog trato de que la gente corriente que no sabe de vinos no se asuste, que pierda prejuicios y que se atreva a probar vinos nuevos porque creo que esa es la clave para ser un verdadero entendido. Por eso me ha sorprendido esta entrada, con la que estoy en desacuerdo en su mayor parte (no con la frase final ni con la idea de que el vino se disfruta mejor en compañía).

Sinceramente, no veo la necesidad de hacerse pasar por un experto en vinos si uno no lo es. El vino, siendo cultura, es algo que no todo el mundo quiere ni puede entender sin esfuerzo. Es un universo apasionante y complejo si uno quiere profundizar, pero es también un placer cuando uno se limita a beberlo en una buena copa y a buena temperatura. Me parece que tu propuesta peca de imprudente, y para comprobarlo sencillamente cambia el tema que nos ocupa, y en lugar de vino, pongamos que yo hago un post parecido sobre moda, recomendando a la gente hablar de NYC o de Tribecca y diciendo, sin entender por qué, que “las fibras naturales son la única opción sostenible” “el nylon apesta”, o recordando mi viaje a la Semana de la Moda de París. ¿No te parece excesivo?

Pues igual ocurre con el vino. Uno puede quedar perfecto en una cena llevando un vino que le ha recomendado un sumiller en una vinoteca o consultando páginas en Internet o guías sobre vinos que escribe gente entendida, no hace falta hablar por hablar.

En fin, te invito, si quieres, a visitar mi blog, o no, pero también te propongo reformular esta entrada con algo más de prudencia. Gracias por escucharme.”

Nada hacía presagiar, cuando tomé esta copa de Syrah durante la comida, que tendría una de las conversaciones más delirantes que he tenido nunca sobre vino.

Nada hacía presagiar, cuando tomé esta copa de Syrah durante la comida, que tendría una de las conversaciones más delirantes que he tenido nunca sobre vino

Lejos de aprobar inmediatamente mi comentario, aunque no le gustara ni a la dueña ni a la autora del blog (recordemos que ayer no estaba especificado que fueran dos personas distintas), lo que recibí, por email, fue un par de contestaciones exageradas, a mi entender:

La tal Ángela, más educada y prudente que su amiga, me contestó que “antes que nada deberias de enterarte de quien ha escrito ese post pues no he sido yo. Sino una sección que he tenido con una amiga que es gerente de una bodega en Valladolid y que escribia una vez por semana sobre temas relacionados con el vino.

Asi que todo lo que dices me parece bien pero antes de criticar por favor, informate, yo solo me dedico a la moda. Del vino nunca he hablado ni tengo intención.” (de nuevo no he tocado ni un punto ni una tilde).

Y os digo que ayer no estaba indicado, hoy sí, que fuera otra persona la autora del post.

Lo mejor: la contestación de la autora del post

Tras este mensaje, contesté comentando lo que indico, que es imposible averiguar quién es la autora del post a menos que lo firme (con un lenguaje muy fino e irónico, todo sea dicho, porque yo soy irónica, a veces satírica) y que debería aprobar mi comentario y contestarme desde ahí (es mucho más elegante y además es una norma básica de internautas, si el comentario no insulta no hay que censurarlo, pero… qué sabré yo).

Pero llegó la guinda del pastel: el email de la AUTORA del post. Y que no hizo sino empeorar la lamentable imagen que yo ya me había hecho de la entrada y de la forma de gestionar mi comentario, claro. Atención: la pluma pertenecía a una GERENTE DE BODEGA, concretamente de una bodega de Toro. Grave, me dije, grave cuando es un miembro del sector el que se atreve a atacar así al mundo del vino (afortunadamente creo que es un caso bastante excepcional). Pero ni corta ni perezosa la muchacha (creo que es jovencita e hija del propietario de la bodega) contestó así (de nuevo, literal, con sus faltas de ortografía y gramática):

“Te escribo porque tu comentario en el blog de mi amiga Angela, 365 dias 365 pares de zapatos, me parece que ha sido muy desafortunado… Para empezar la que ha pecado de imprudente eres tu.

Ese post le escribi yo, gerente de la tercera bodega mas grande de la Denominacion de Toro y gran amante de la moda. En ese blog no solo hay un articulo sobre vino si no que hay uno cada semana durante el tiempo que escribi ahí mi seccion Trendy Wine, nombre que finalmente puse a mi propio blog, donde fusiono el mundo del vino y de la moda. Y si, hablo de las dos cosas y creo saber de las dos cosas bastante, una por trabajo y otra por hobby.

Que no estes de acuerdo con mi articulo, que es simplemente un articulo con un toque gracioso e ironico, no te da derecho a decirle a una persona, suponiendo que esa persona no entiende, que se pasa de lista (que es lo que has venido a decir) ya que aunque ella tenga un blog de moda, tu que sabes si es una chica con una cultura sobre vino mayor que la tuya??? Te sabes su vida??? Noooooooo! Pero vamos en este caso la autora soy yo, que si tengo bastante idea de lo que hablo.

Respeto mucho lo que haces, pero cada una tiene una forma de intentar acercar el vino a la sociedad mas joven, esta es la mia y me encanta!!!

Como consejo personal, antes de emitir un comentario como el que has hecho a mi amiga, investiga si no estas metiendo la pata.

Te invito a pasarte por mi blog y disfrutar de dos cosas estupendas!!!”

¿HE LEÍDO “GRACIOSO” E “IRÓNICO”? ¿QUÉ CONCEPTO TIENE ESTA MUJER DE LA GRACIA Y LA IRONÍA??? (Por no hablar de una de nuestras carencias más deplorables, la de la humildad, esa gran desconocida).

Encima apostilla, con toda su fuerza en el teclado (esto es para dramatizar un poco porque imagino que os estáis partiendo de risa si llegáis hasta aquí): “deja de hacer comentarios absurdos. Que no sabes ni lo que estas poniendo. Me parece que la unica que se ha bebido aqui una copa de vino, o mas de una, eres tu.

Esta fue mi primera copa del día. Atención que la chapita es de Freixenet, pero lo que hay en la copa es champagne y no cava... curiosa combinación que, confieso, no fue intencionada.

En fin, en esto último, tenía razón, ese día, ayer, durante la comida, había estado disfrutando, con uno de mis sumilleres favoritos (en las antípodas de esta gerente y seguramente igual de joven, o más), de una copa de champagne, otra de un vino francés de syrah y de un estupendo tinto de Rías Baixas (¿tintos en Rías Baixas? Sí, también los hay, que el vino no para de dar lecciones). Y las disfruté en compañía, que en eso sí estoy de acuerdo con mi enemiga líquida.

Me gustaría que comentarais, si os quedan ganas, qué os parece esta surrealista situación. A mí me animó la noche, que estaba yo muy tranquilita.

 

Vino en las discotecas, que no sea una excepción

La semana pasada un grupo de jóvenes bodegueros presentó un par de vinos, los “Terrible”, en la madrileña Sala El Sol, con concierto de The Cabriolets incluido y comidita rica para picotear algo. A pesar de que la cantante bebía cerveza sin alcohol durante el concierto, en la sala lo que más se llevaba esa noche era beber vino. Y eso me encanta.

Y no solo me encantó entonces, me gustaría que se pusiera de moda. Sí, ya sé que es mucho pedir en un país en el que muchos consumidores de vino están desapareciendo. Y que no se incorporan nuevas generaciones a esto del bebercio que no tiren más por el calimocho (muy digno, oiga) o directamente por copazos innombrables mal preparados, mal combinados y potencialmente venenosos, no solo del cuerpo sino de la mente.

¿El vino de moda? ¿Por qué no?

Pero no pierdo la esperanza de que, poco a poco, el vino se ponga un poquito de moda, que se aleje de esa pátina rancieta que lo asocia con esnobs y se venga a la barra de las copas. Porque, durante el par de horitas que duró la presentación, había gente joven, GENTE JOVEN bebiendo copas de vino, blanco y tinto, Ribera y Rueda. Sé que fue un momento en el que el vino jugaba con ventaja y que Bimba Bosé, voz de The Cabriolets, no pasó por el aro de probar una gota sobre el escenario (quizá no le guste el vino, quién sabe). Pero ver a un montón de gente en vaqueros y camiseta, zapatillas y pelos de colores, rastas, gafas de pasta, tacones exagerados y ropa ajustada, todos compartiendo los Terribles, fue una enorme satisfacción que dibujó una sonrisa en mi boca toda la tarde.

Poner el vino en las discotecas y pubs, todo un reto

Oigo por ahí, me cuentan que en otros países el vino por la noche está de moda. Y no pierdo la esperanza de que aquí se convierta no ya en una moda, sino en una costumbre. Aquí, en un país productor con muchas raíces profundas que hacen del vino una bebida tradicional, cuesta bastante dar la vuelta a muchas creencias y rutinas en torno a él. Empezando por los servicios de vino, el poder contar con una botella a buena temperatura en una discoteca, algunas copitas que no hace falta que sean de lujo, dos o tres marcas para elegir… Cuesta, pero si hay muchas marcas de ginebra, ¿por qué no podría haberlas de vino? Algo sin pretensiones, precisamente como estos Terribles que están, todo sea dicho, muy ricos, y están pensados para beber en sitios como El Sol, o en cualquier otra discoteca o pub.

Etiqueta de uno de los vinos Terribles, el tinto de Ribera del Duero

Poco a poco, con iniciativas parecidas a la de los chicos de Terrible, igual hay alguna posibilidad.

Llevando a Anita por el camino del vino

Después de más de una semana sin aparecer, planteo una pequeña reflexión. ¿por qué no beben vino otras mujeres y hombres como yo, treintañeros, con formación, viajados y con una mentalidad abierta? Pues, sinceramente, se me ocurren un montón de razones, pero aquí va una.

El otro día quedé con mi buena amiga Anita, con la que en alguna ocasión he ido de viaje y con la que he compartido, y espero seguir compartiendo, grandes momentos aquí y en los viajes que hemos compartido. Hace un par de años recorrimos el sur de Francia en coche y la pasada Semana Santa visitamos Milán y Venecia. Tanto en Francia como en Italia, países vinícolas como el nuestro, lo único que bebían era cerveza. A pesar de  estar en paraísos donde el vino podía ser un acompañamiento distinto e ideal para algunas de nuestras paradas, observaba que su interés por el vino era, como sigue siendo, prácticamente nulo. Y les pregunté por qué. Por qué no tenían curiosidad por el vino, qué no les gustaba de él. Y la respuesta de una de ellas me dejó desarmada: “porque a mí no me refresca, yo me tomo una caña cuando tengo sed y lo que me da la cerveza nunca lo he encontrado en un vino”.  Vaya, cómo narices convenzo yo a ésta de que pruebe, de que se cambie de vez en cuando al vino, si en los sitios donde hemos parado es verdad que el vino (que solo probé yo) estaba servido “a temperatura ambiente”, pero de la de verdad, a 25 grados que es lo que hacía en las terracitas donde parábamos a cenar. Aun así le dije que había opciones, que el vino blanco, el espumoso, el rosado, son vinos refrescantes por naturaleza y que es difícil servirlos calientes. Pero nada. Ni por ésas. Así, mientras yo trataba de alucinar con sabores nuevos y pedir algún vino representativo de la región, ellas a cañas. En Italia, en Francia… y aquí, claro, que es un país donde la cerveza se toma a una temperatura que no les vendría mal a los vinos.

El día que quedé con Anita volvimos a hablar de aquella conversación, donde una de nuestras compis de viaje sentenció que ella jamás sería bebedora del vino (y que a mí, que me las doy de abanderada del vino y siempre estoy dando la matraca para que las chicas, las mujeres, y los hombres también, claro, beban vino y se interesen por él). Y cada por su una habíamos recordado esa conversación. Yo porque sigo dándole vueltas a cómo encuentro un argumento que desarme a la amiga de mi amiga y ella porque salió por Madrid con otros amigos que, curiosamente, en cada parada que hacían pedían una copita. Aunque Anita me decía (lo oigo constantemente y no me gusta oírlo) de sus amigas que “no entienden realmente de vino, pero les gusta”, noté que sentía cierta admiración por esa “hazaña” de beber vino en lugar de cerveza. Curiosamente, esta vez Anita, sin sus amigas cerveceras cerca, abrió un poco más su mente y se empezó a plantear si ” esto del vino” no se estará poniendo de moda y beber vino será un acto más sofisticado que beber cerveza. Ojalá, pero de momento no. Aunque por algo se empieza.

El caso es que Anita me contaba durante nuestra conversación que le había gustado ver a sus amigos bebiendo vino. La tengo, pensé, esta necesita un pequeño empujón y en breve será una bebedora de vino, aunque “no entienda”.

Anita, mi querida Anita, es una encantadora mujer que podría estar bebiendo vino si, como tantos, perdiera el miedo y los prejuicios. Eso sí, ayudada por un buen círculo de amigos y con la colaboración de los locales donde fuera, porque un mal trago (y me refiero a un vino servido de cualquier manera) puede hacerle cruzar de nuevo la línea (eso suponiendo que la cruce hacia el lado del vino) hacia la cebada fermentada (que también está muy bien en ciertos momentos, no voy a decir que no). Volveré a la carga con ella cuando volvamos a quedar, aunque no dejo de pensar que me queda su amiga, y esa, coincidimos Anita y yo, es dura de roer…

Navegación de entrada

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.622 seguidores

%d personas les gusta esto: