RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Reflexiones sobre el poder de la crítica vinícola

Estos días ando ocupada preparando un vídeo entre didáctico e informativo (y por supuesto, muuuuuy básico, hace mil años que no toco una editora, casi desde la facultad) sobre la fabricación artesanal de barricas. Las imágenes las tomé en Francia y, aunque daré más detalles, se trata de un ejemplo que en muchos más lugares se hace a otra escala, pero creo que es interesante ver cómo hacer barricas sigue siendo un trabajo ligado a un artesano e insustituible en gran parte de su proceso por máquinas.

Ahora también ando preparando unas preguntas para el crítico vinícola estadounidense Jay Miller. Es un psicólogo clínico que se apartó de estas lides para dedicarse al vino, primero vendiéndolo y luego catándolo. Trabaja para una de las publicaciones más influyentes de los Estados Unidos (llamada Wine Advocate) y con el gurú más famoso que tiene el mundo del vino: Robert Parker. Sus puntuaciones son realmente influyentes, hasta el punto de recordar a aquel dedo hacia arriba o hacia abajo que mostraban los emperadores en el circo romano. Al tiempo que escribo algunas preguntas que no sé si haré, yo misma me interrogo sobre el poder de estos críticos, en ocasiones no buscado, y sobre el efecto que tienen en la comercialización. Aquí en España este fenómeno no es tan acusado (de hecho creo que ni es, más allá de alguna publicación en diarios) y me planteo que nos haría falta conocer (y beber) más vino para que sucediera algo parecido al “fenómeno Parker”, en el que sus puntos cercanos al cien son como una bendición que asegura las ventas en el mercado estadounidense, un trozo de tarta más que jugosa para nuestros bodegueros.

Pues eso, sigo pensando… más a la vuelta de Enofusión, que es donde estará el señor Miller hablando de vino.

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14 pensamientos en “Reflexiones sobre el poder de la crítica vinícola

  1. “Aquí en España este fenómeno no es tan acusado (de hecho creo que ni es, más allá de alguna publicación en diarios) y me planteo que nos haría falta conocer (y beber) más vino para que sucediera algo parecido al “fenómeno Parker”, en el que sus puntos cercanos al cien son como una bendición que asegura las ventas en el mercado estadounidense, un trozo de tarta más que jugosa para nuestros bodegueros”.

    No podría estar más en desacuerdo con esa interpretación. En España ese fenómeno fue muy fuerte y por fortuna, al igual que en EEUU, acabará siendo cosa de un lamentable pasado. Bodegueros en busca de los 100 Miller ha habido muchos, así como en busca de determinados importadores con los que solo puedes trabajar con puntos (o peor aún, importadores con los que tienes que trabajar si quieres tener puntos).
    Pero el fenómeno Parker está en caída. Gracias a que tenemos más información el consumidor ya no es solo consumidor sino también crítico. Mike Steinberger, crítico de vinos de la revista Slate, lo dijo muy claramente: el mundo de internet está alterando la relación entre crítico y consumidor. La presión hacia Parker y Miller con el escándalo Sierra Carché 05 así como el escándalo en el que Parker tuvo que reconocer que sus colaboradores no respetaban el código ético de su propia revista abrió los ojos a mucha gente sobre este tema. La presión del consumidor sobre el crítico ahora es real. El consumidor no es un simple estúpido que compra lo que le dicen que tiene que comprar. Vivimos poco a poco en un nuevo mundo, donde Parker y compañía tienen cada vez menos cabida porque muchos de ellos no van a saber adaptarse a la nueva realidad.

    • Tao
      Gracias por el comentario, he de confesarte que me hace mucha ilusión tener un comentario cada vez que escribo algo, y el tuyo, te lo aseguro, es muy valioso. Pero también yo estoy en desacuerdo contigo en que ese fenómeno aquí en España fue muy fuerte y ahora no es. Aquí, empezando porque hay poca cultura de vino y porque somos un país productor del Viejo Mundo, hay una tradición de consumo vinícola arraigada de la que, poco a poco y afortunadamente, vamos deshaciéndonos. Perdemos consumidores, pero ganamos en cuanto a la “calidad” y formación de éstos. Desconozco la situación estadounidense en profundidá más allá de lo que he podido leer, pero la parte buena del “fenómeno Parker” es que es tal porque se da en un país cuyo consumo e interés por el vino y su cultura está en alza, a juzgar por los datos que recogí esta primavera en el Foro Mundial del Vino de Logroño. Por eso, y no porque pueda ser una balanza de poder que inclina según conviene a un lado o a otro voluntades de rebaños consumidores, es por lo que hablo de que aquí no estaría mal que hubiera semejante interés por el vino.
      Eso sí, estoy de acuerdo contigo en que ha habido y hay bodegueros en busca de 100 y que eso dejará de ser así, y que la ética de los críticos ha de ser tan impoluta que me resulta difícil de creer que exista, pero la idea de que vivimos en un nuevo mundo, con consumidores formados y donde los críticos o las películas no influyen no me convence, nos queda mucho por andar y mucho, muchísmo vino por consumir para no agarrarnos a lo primero que nos digan.

  2. Mi impresión es que, en cuanto al mercado Español, la incidencia que tiene un crítico como Robert Parker sobre las preferencias del consumidor medio es mínima.

    • Goyo
      Ahí coincido contigo, pero me refería a extrapolar el fenómeno, a que el consumidor tuviera tanto interés como para que una figura tipo Parker influyera de algún modo en las tendencias de consumo. Pero creo que lo que nos falta es el interés o somos pocos los que los tenemos como para interesarnos por ese tipo de críticos. Además, en España no los hay a ese nivel, la crítica vinícola no ha calado aún tan hondo, pero a los que nos interesa el vino o al menos yo, sigo alguna puntuación que otra, y si el crítico para mí es fiable, le hago caso. Eso sí, sin dejar de lado mis propias preferencias.

  3. En esta parte sí estoy más en sintonía. España sufre de una incultura de vino galopante (ya lo dijo Víctor de la Serna en un reciente artículo, mientras en otros países tienen cultura de vino, en España, a pesar de nuestros 100 puntos tenemos cultura de constructor metido a bodegas para blanquear dinero). Nos pesa el chovinismo. Y eso en el mundo anglosajón pasa menos… pero menos no es que ocurra (anécdota real: un consumidor norteamericano le preguntó recientemente a mi jefe de Burdeos si ellos, los franceses, también tenían Chardonnay).
    El caso de España como productor con su incultura vinícola es dramático.
    Por otra parte, yo no digo que los críticos y las películas no influyan. Digo que la relación entre crítico y consumidor está cambiando. Sobre todo en EEUU y por extensión llegará al resto del mundo. Ya no es un monólogo donde el crítico dice lo que hay que beber, sino un diálogo donde el consumidor tiene fuerza real. El foro de Wine Advocate cuando lo de Sierra Carche fue apoteósico. Consumidores logrando que Miller reconociese su error y que Parker reconociese que se viola el código ético de la revista. Pasará a la historia. Y ese cambio ya es imparable, se mire por donde se mire. No quiere decir que el cambio aquí y ahora sea total, sino que está en proceso.
    Aunque en España, como en todo, vayamos con años de retraso. Mientras en otros sitios Parker es la duda y a veces la vergüenza, en España seguimos poniendo la alfombra a Miller y Pancho.
    Yo confío en otra generación española. La de los enólogos que nos incorporamos, la de los nuevos periodistas, la de los sumilleres formados, la del nuevo consumidor. La generación que respete el trabajo anterior bien hecho pero que mire al futuro con crítica y afán de superación.

    • Aquí, aunque a menor escala y en otro ámbito más reducido, también ha habido críticos con cierto poder de los que luego se ha dudado o que ellos mismos han terminado por echarse tierra encima participando en actividades que les quitaban credibilidad. Si aquí se les pone la alfombra es porque se sigue creyendo que tienen poder, aunque yo estoy más por confiar en que la cultura del vino sea eso, cultura y no esnobismo para decir que un tinto joven tiene bouquet (no seguiré por ahí porque en este blog pretentdo ganar bebedores para el vino a través de la simplicidad y la cotidianidad y lo de bouquet igual es de tercero raqueliquida). Personalmente lo que más me divierte del vino es beberlo en compañía y poder compartir impresiones con otros, dejar al vino que hable y hablar de él con amigos, parejas o gente que acabas de conocer. Me parece también que podemos cambiar la relación con los que llaman “prescriptores”, y no dejar que nos prescriban lo que les convenga cuando les convenga. El caso de Miller con Sierra Carche no me resulta extraño, y es un ejemplo de cómo influyen estos críticos, hasta el punto de que las bodegas son capaces de cometer semejante fraude para lograr una puntuación alta. Pero según lo que leo, les pillaron y no se les está mal, yo he oído algún comentario similar de bodegas que hacen vino a medida de un crítico. Además, es un buen ejemplo que constata lo que dices, que ahora los consumidores no se callan. A ver si seguimos ese ejemplo, por que en la discrepancia, en el diálogo, en la crítica, está el avance. De nuevo, gracias por el comentario, muy interesantes los asuntos que plantea.

  4. Gracias Raquel:
    Sobre tu concepto de vino no puedo estar más de acuerdo.
    Sobre Sierra Carche, no es que les pillen, es que ahora el consumidor puede relacionarse con otros consumidores y organizar una respuesta y antes estabamos más aislados.

    Goyo:
    No sé a qué nivel lo planteas. A mi en cambio me parece que el consumidor, consciente o inconscientemente, ha bebido lo que los críticos decían que era lo mejor. Digo inconscientemente porque en los últimos 10 años, en muchas zonas del mundo, incluida España, la tipología de vino cambió, a veces radicalmente, hacia un tipo de vino más acorde con los puntos. Fruta sobremadura y madera nueva por doquier. Pasó en Burdeos, pasó en Italia (incluso con fraudes que llevaron a cárcel como en Brunello), claro, también pasó en España: esa modernida de Rioja (que se parece a cualquier vino californiano más que a un Rioja), esos Toros (ay, Michelle Rolland en Toro como un mesías), esos Riberas musculados, ¿dónde quedó la mineralidad de algunos Prioratos? bajo toneladas de madera… todo eso tiene un sello globalizador de la crítica parkeriana.

    • Tao
      ¿Ha sido el consumidor, influenciado por los críticos, los que han exigido un estilo de vinos, o han sido los productores, buscando satisfacer al crítico antes que al consumidor, los que han cambiado el estilo de sus vinos?

  5. Haciendo de abogado del diablo, ¿Por qué hacer leña de la relevancia que tienen los críticos cuando esa relevancia se la hemos dado nosotros, consumidores, bodegueros, exportadores…?. Respecto a malas actuaciones, ¿No cometerá también “fraude” un bodeguero cuando, a sabiendas, da a catar un vino a un crítico y pone un vino distinto en el mercado bajo el mismo nombre?. Por otra parte, un crítico “vive” de su prestigio, de su criterio, y este se pone a examen cada vez que emite una opinión. Es lógico pensar que el primero en estar interesado en mantener su prestigio sea el propio crítico.

  6. A la primera pregunta respondo que es en primer lugar culpa del productor, evidentemente. Y después culpa de un consumidor poco informado, inculto y snobista.
    El tema del productor que elabora un vino a la carta para un crítico, cosa que se da y mucho: hay que diferenciar entre un vendemotos y un periodista. Si sacas una revista y te haces pasar por periodista y crítico tu objetivo es la veracidad y la objetividad. El problema de Sierra Carche no es solo que hubo una partida distinta para el consumidor y otra para el crítico, sino que fue más allá. Parker reconoció, por primera vez, que las catas no eran como él venía diciendo, sino que se cataba junto con productores e importadores, es decir, había en la cata juez y parte. También reconoció que Miller aceptaba regalos y viajes por parte de productores e importadores. Tu afirmación sobre que el crítico es el primer interesado en mantener su prestigio lo desmontan los hechos. Así debería ser pero no ha sido así. Críticos, importadores, asesores y la cuadratura del círculo del negocio perfecto. Porque al final, el crítico tiene un negocio y un negocio se puede llevar con honradez o sin ella.

    • Tao, estoy de acuerdo con lo que afirmas sobre los críticos, España es mucho más pequeña que Estados Unidos y aquí, si alguno tiene que tirar alguna piedra, no sé yo si el apedreado no se iba a ir de rositas. El propio negocio de la crítica es muy sabroso como para no dejarse seducir, pero me consta que hay críticos que catan a solas, que hacen llamar a otros expertos para contrastar cuando su cata puede verse influida por asuntos ajenos a la propia cata, que hay críticos que catan a ciegas para no dejarse llevar por los prejuicios de las etiquetas… que hay críticos que creen en la difusión de la cultura del vino y trabajan por ello, aunque no siempre sea en la dirección correcta. Claro, la otra cara de la moneda es que hay vendemotos que, incomprensiblemente, se sientan en las mismas mesas y gozan de la misma credibilidad por parte de los lectores/consumidores que los críticos de ley. Y que disfrutan también de las alabanzas y cumplidos de bodegueros que lo que buscan es salir en los papeles. Parker salió bien retratado en Mondovino y el asunto de la parkerización de los vinos afortunadamente es un virus del que creo que el sector se está recuperando, pero es un ejemplo más, y en con un ámbito de influencia mucho mayor, de lo que ocurre en este negocio.
      Goyo dice que podemos ser nosotros los consumidores (aunque me dedico al periodismo vinícola, no soy crítica ni mucho menos) los que nos dejemos influir por los críticos y exigir un estilo de vinos o pueden ser los productores los que busquen satisfacer al crítico antes que al consumidor. Bien, en mi opinión, los productores se han inventado vinos parker para satisfacer un paladar que se ensalzó pero, como ha pasado otras veces, se volvió a la cordura gracias a la coherencia de otros productores que, elaborando vinos muy honrados con su origen, también se camelaron a la crítica. Y en medio los consumidores, pero en el caso de los españoles, creo que ni nos va, ni nos viene. La tendencia es a tomar vinos de calidad, aunque se tomen menos litros, que se sepa de dónde vienen, y auténticos. Pasa como en otros ámbitos, cuando uno se encuentra con una obra honrada, le gustará más o menos, pero sabe apreciarla.

  7. Tampoco quiero que parezca que yo considero que no hay crítico de fiar. Pienso en ello y me aparecen a bote pronto una docena. Pero para mi Parker y sobre todo su mano en España, Miller y su amigo Pancho, son la antítesis.
    Y sobre lo del consumidor español: yo soy más pesimista. Tú dices que el consumidor español no se deja influenciar y busca vinos de calidad. Igual es porque yo vivo en mitad de la Ribera del Duero y es una zona difícil. Pero aquí, para la mayor parte de los consumidores, todo lo que no sea como un Ribera no es de calidad. No lo es un Rioja con muchos años, no lo es un Chardonnay de Borgoña porque un blanco aquí tiene que ser del año pasado y no envejecido, no lo es una Pinot Noir porque no tiene color, no lo es un Medoc porque no está musculado, no se entienden los Barolos, la Zinfandel no existe, ¿Austria de verdad hace vinos? ¿syrah en Suiza? ¿albariño en Portugal? Hay tanto trabajo por hacer…

    • Jejeje, ya estoy de vuelta y continúo… De acuerdo en que hay mucho trabajo por hacer. Bien, hagámoslo. Lo que cuentas de tu Ribera no es incompatible con lo que yo digo. Una cosa es que el consumidor distinga productos de calidad y otra muy distinta son sus preferencias, prejuicios y costumbres. Cambiar eso es difícil sobre todo si uno tiene riberitis o riojitis, pero para eso estamos los que de verdad tenemos interés por el vino, sea de donde sea. Lo que cuentas de tus paisanos yo lo he visto en plena Rioja Alavesa y en Logroño, hay un geocentrismo bestial y es difícil cambiarlo, pero es que tanto en un sitio como en el otro hay grandes vinos, y es verdad que hay muchos vinos de batalla que tienen mucha calidad en comparación con otras zonas, donde hay calidad pero hay que buscar algo más profundo.
      Y en cuanto al trabajo por hacer, pues a empezar por el principio, que está en ganar consumidores, sin complicarles la vida, que si tienen un auténtico interés por el vino se irán despojando de prejuicios y queriendo avanzar. Esto parece que está muy lejos, pero es que por algún lado hay que empezar…

  8. En ello estamos…
    Por cierto, sin querer avivar el debate anterior, pero para que reflexiones (si quieres). Del magnífico libro “el vino y la viña, geografía histórica de la viticultura y el comercio del vino”, de Tim Unwin, en su página 321:
    “La creciente importancia de la moda a la hora de determinar los tipos de bebidas que se consumía a finales del siglo XVII adquire, de este modo, una relevancia especial, puesto que indica que el mercado estaba siendo, hasta cierto punto, manipulado y desarrollado por quienes disponían del capital para invertir en la producción y el comercio de estas nuevas bebidas”

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