RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Luces, cámara, acción… y vino

Hoy cuelgo un artículo “vintage” que sigue el hilo del último post, aunque en esta ocasión se centra en el contenido vinícola de una película que dio que hablar en su momento: Entre Copas (Sideways). Espero que os guste.

Entre Copas ha cosechado, antes y después de estrenarse, muchos éxitos, tanto de crítica como de público. Narra una historia de amor y amistad con personajes cotidianos y problemas que podría tener un perdedor cualquiera en un momento de su vida.

Pero Entre Copas tiene algo especial, un protagonista de excepción que se hace presente a lo largo de toda la película y que une, como en la vida real, a los personajes: el vino.

En Estados Unidos Entre Copas ha conseguido que las ventas de Merlot se reduzcan y las de Pinot Noir aumenten (se habla de un 16% en algunas bodegas) a raíz de los comentarios de uno de sus protagonistas, Miles (Paul Giamatti), un profesor divorciado, perdedor, aficionado y entendido en vino.

Cartel de la película Entre Copas (Sideways)

Cartel de la película Entre Copas (Sideways)

Dos Globos de Oro, un Óscar al mejor guión adaptado de la novela firmada por Rex Pickett y muchos, quizá demasiados, comentarios en torno a ella han hecho de Entre Copas una película que pasará a la historia del sector vitivinícola.

La razón, una de las pocas películas donde el vino tiene su propio papel y no es una responsabilidad única del director de arte.

Desde siempre el vino ha aparecido en el cine reflejado  como un elemento más o menos destacado, ya sea en las mesas de la aristocracia, en las copas de los borrachos o en las historias de sagas vitivinícolas. Un Paseo Por las Nubes mostraba la historia de amor de un militar que regresa de la guerra (Keanu Reeves) y la hija de un viticultor (Aitana Sánchez Gijón) que regresa a la finca de su familia para ayudar con la vendimia; en Sangre y Vino el distribuidor vinícola Alex Gates (Jack Nicholson) se ve en apuros con su negocio, con el que abastece a la crema de Miami; James Bond conocía a la perfección los vinos y era amante del Dom Pérignon en sus películas y Woody Allen también tiene preferencia por los caldos franceses, porque “todos los mitos franceses, las mujeres, el vino, tienen su lado romántico”.

Con más o menos relevancia, el vino ha ocupado planos y se ha reflejado como un elemento cargado casi siempre de glamour y, en otras ocasiones, de cierto esnobismo.

Pero en Entre Copas su papel es más importante, tanto que, desde que se estrenó en España, en algún momento de las conversaciones entre la gente del vino surge aquello de “¿qué os ha parecido la película…?”

Independientemente de la respuesta a esta pregunta, Entre Copas tiene situaciones que recogen a la perfección algunos de los momentos para los que el vino existe y cómo éste es capaz de colorear los encuentros y las relaciones personales.

Una de las primeras ocasiones se da en el film cuando los dos protagonistas, Miles y el actor fracasado Jack (Thomas Haden Church), emprenden su viaje hacia Santa Ynez, tierra de viñedos, y comienzan a celebrarlo con un blanco de Pinot Noir (uva que se ha convertido en otra de las estrellas de la película, pero ése es otro asunto) ante el que Jack, aficionado pero inculto en vinos, se pregunta por qué es blanco; después, Miles y Jack pasan por la casa de la madre de Miles y ella les obsequia con una cena en su jardín, regada con (esto sería el ideal de muchas cenas cotidianas, si mucha más gente pudiera permitírselo) un vino tinto y otro blanco: es una escena donde el vino está presente en una situación habitual para la clase media y sin otra pretensión que disfrutar de su menú (buena lección).

Los amigos siguen su viaje y cuando llegan a su destino, Miles y Jack paran a cenar en un restaurante donde una experta aficionada, la camarera Maya (Virginia Madsen), les aconseja y les informa sobre los vinos de la carta: aquí se observa cómo la afición por los caldos empezará a unir a Miles y a Maya y cómo el vino acompaña una cena de amigos, la de ellos y la de los comensales de alrededor.

Después los amigos emprenden una ruta visitando viñedos y Miles intenta en vano enseñar a Jack algunos conceptos básicos de cata: desde el punto de vista del entendido en vinos, este momento está perfectamente narrado, algo que solo captarán aquellos que tengan unas mínimas nociones de cata. Aquéllos que no, verán una anécdota, un chiste.

Pasa la película con más visitas, más catas y alguna que otra borrachera. Miles y Jack consiguen quedar con Stephanie (Sandra Oh), una encargada de una de las bodegas que visitan, y con Maya, casualmente, amiga de Stephanie, y van a cenar. Antes de entrar al restaurante Miles suelta una frase que ha trascendido y en Estados Unidos ha provocado una pequeña revolución: “si alguien pide un Merlot, me marcho”. Miles no se considera (no lo es) un esnob, sino un enófilo de pro, y se resiste a formar parte de la masa que ha puesto esta variedad de moda en Estados Unidos. Lo curioso es que este personaje y su comentario han desencadenado una especie de boicot al Merlot (¿no les recuerda algo?) y las ventas han caído en aras de la Pinot Noir, uva adorada de Miles.

Uno de los momentos más escatológicos de la película: ¡Giamatti bebe el vino de una escupidera!
Uno de los momentos más escatológicos de la película: ¡Giamatti bebe el vino de una escupidera!

De nuevo una cena en parejas, con amigos, en un local con una amplia carta de vinos y donde la conversación gira en torno a ellos, aunque va cambiando hacia asuntos más personales: el vino une almas.

La noche continúa en casa de Stephanie, donde Miles y Maya comparten una agradable conversación a la luz de la luna, y de nuevo disfrutan inmensamente con una copa en la mano, hablando de vinos. En un momento Miles le pregunta a Maya por qué le gusta el vino y ella le responde con una frase que los aficionados tienen en sus cabezas: “una botella de vino es algo vivo; está constantemente en evolución y ganando complejidad. Así sucede hasta que alcanza su punto álgido (…) y empieza su ininterrumpido e inevitable declive. Y su sabor es jodidamente bueno”. ¿No es esta última frase la esencia del amor de los mortales por el vino, más allá de esnobismos y modas?

La afición de Miles y Maya por el vino es más intensa que la media, ambos disfrutan del vino en situaciones cotidianas, como la gente corriente. Y en ese sentido Entre Copas da en el clavo: el vino une, con vino se habla, se discute y se ama, en el vino uno ahoga las penas y abusa de él, es parte de las vidas de aquéllos que lo han descubierto.

¿No es genial esta escena? cuatro amigos relajándose en torno a una cena y vinos deliciosos

¿No es genial esta escena? cuatro amigos relajándose en torno a una cena y vinos deliciosos

Entre Copas refleja también las formas de consumo, la predilección por una u otra marca: Miles guarda como puede en casa un Cheval Blanc del 61, a la espera de una ocasión especial para abrirlo; Maya y él comparten un Fiddlehead Sauvignon Blanc mientras charlan en el bar; y Stephanie guarda, entre su cuidada selección de vinos, un Richerbourg al que no deja que nadie se acerque.

El director de la película, Alexander Payne, ha querido reflejar cómo el vino en EE.UU. se ha ido “democratizando” y alejando del elitismo, aterrizando en las casas de las clases medias para proporcionar placer a sus inquilinos.

Ésta es la razón por la que Entre Copas pasará a la historia del vino, independientemente de si gustó o no, pues contempla el vino como personaje presente a lo largo del metraje y le da una importancia inédita en el cine.

Sin llegar a los extremos de los barrocos estadounidenses, sí puede llegar a cumplir un merecido papel prescriptor para el público y ser un ejemplo de cómo el vino puede formar parte de nuestras vidas, como objeto de una conversación interesante, como placer añadido a una buena comida, como preludio de un encuentro amoroso, como elemento de unión entre las personas…como todo eso que sabemos que es el vino.

Además, es una perfecta ocasión para que los profesionales tomen nota.

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “Luces, cámara, acción… y vino

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: