RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

*Me cambio de casa, lo celebro con…

Llega el buen tiempo, la primavera, las horas de sol, la alegría, la intensidad en todo… también en los sentimientos.

Es cuando si estamos locos nos volvemos más y si estamos enamorados sentimos más fuerte. Es momento de dar pasos adelante, de cambiar de trabajo o de vida, de cambiar de casa y en lugar de dos, pagar un solo alquiler, compartir cama y dar un beso de buenas noches… Para todo esto, también hay buenos vinos con los que acompañarse y multiplicar el disfrute.

La mudanza, cuando uno se va a vivir con la persona que ama, es el principio de construir una vida y merece la mejor de las celebraciones. Pero “a pie de obra” es divertido involucrar a amigos que pringuen con algunas tareas (subir el sofá por las escaleras, echar una manita con la pintura de las habitaciones, pintar las cajas con rotulador para no confundirlas…) y después dedicarse el momento “afterwork” a tomar un vinito con el que celebrar el “gran cambio”. Con todo por medio, con una pizza y con un montón de cosas por hacer, hay que brindar por la nueva vida. ¿Con qué? pues teniendo en cuenta que después, o al día siguiente, hay que seguir con la mudanza, con moderación, sin duda. Pero se me ocurre un tinto sedoso y elegante, aunque no demasiado potente, quizá un roble de Ribera del Duero, o aventurarse a probar un tinto andaluz de Ronda, por ejemplo, o de Cádiz, elaborado con una magnífica Syrah. Son dos vinos distintos, eso sí, pero se trata de pasar un rato agradable con la cinta al pelo y la brocha casi en la mano…

Después, cuando ya hemos montado la nueva casita, llega la ocasión, o mejor dicho, LA OCASIÓN, en la que invitamos a los colegas, ya limpitos, a cenar para agradecerles que estuvieran ahí deslomándose por nosotros. Es entonces cuando deberían aparecer las burbujas. Eso sí, al principio y no al final de la recepción, que ya que hemos currado nos merecemos empezar la velada en alto. ¿Qué tomamos entonces? pues como estamos en España y los hay muy ricos, cava, catalán de Sant Sadurní, y como la ocasión es especial, un Gran Reserva, con al menos 30 meses (¿acaso nuestro proyecto no es para toda la vida, al menos en intención?) de crianza en botella, complejo, delicioso, elegante y repleto de finura. Además, con un ejemplar de este tipo y una cena que no consista en carnes rojas muy elaboradas, se puede continuar toda la velada, si se quiere, y experimentar con las combinaciones de sabores.

 

El champagne (el de la foto es un tanto inaccesible, pero hay más Krugs deliciosos y otras opciones excelentes para inaugurar una nueva vida) es siempre una buena idea.

Otra opción. Es un gran día, podemos hacer una concesión al país vecino y deleitar a los amigos con un champagne, de burbuja fina y constante, sabores ligeramente tostados, alegre y que como se cuenta que dijo Madame Pompadour, capaz “de hacer más bellas a las mujeres”. Me apunto a semejante tratamiento de belleza, pero además el champagne es una excelente elección para celebrar, incluso aunque no haya nada que celebrar aparte de haber abierto una botella…

Y después de la inauguración, la cena, los amigos y el brindis… a vivir, a empezar, a inventar ocasiones para brindar de nuevo.

*Este post se lo dedico a Elena, que se acaba de cambiar de casa😉

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