RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

El encanto de los vinos viejos

El otro día probé un vino con mis años. Sí, Mas la Plana, un vino catalán, de la Denominación de Origen Penedès, de la cosecha 1976. Un vino cuyas uvas se vendimiaron un año después de la muerte de Franco, cuando este país empezó a caminar hacia la democracia. Que pasó envejeciendo los últimos años 70, y probablemente entró en los ochenta ya a oscuras, y en silencio, en el botellero de la bodega donde se elaboró. Allí siguió, esperando su momento, vivo, cambiante, hasta que yo pude probarlo, con otros compañeros periodistas, durante una cata.

Este vino pudo llegar hasta mí porque se mantuvo todo ese tiempo, más de treinta años, tres décadas, que se dice pronto, en unas condiciones de temperatura y de luz óptimas, sin apenas cambios. Tuvo paz y luego, al abrirlo, pudo expresar un montón de cualidades. Porque no todos los vinos viejos pueden hacerlo, que quede claro. Guardar un vino tantísimos años, o incluso menos, puede ser una pérdida de tiempo, dinero y del propio vino que no es necesario asumir. Lo normal, a excepción, eso sí, de los grandes vinos, es que duren mucho menos, pero el tiempo de cada vino depende de muchos factores en los que no voy a profundizar en este post.

Esta es, ya con el diseño actual, la botella de Mas la Plana, que en el 76 aún se llamaba Gran Coronas "Black Label"

El caso es que este era, es, un gran vino, cuyas uvas proceden de un terreno excelente y donde la viña también tiene esa cualidad. Es uno de los requisitos principales para hacer de un vino algo grande. También fue una cosecha buena por el clima, y el trabajo en la bodega tuvo que ser, sin duda, impecable. Estos factores son esenciales para conformar un vino destinado a perdurar en el tiempo. Después, y también imprescindible, es la guarda, la conservación del vino en un lugar oscuro y con una temperatura constante, casi inmutable. Si no, olvidaos del vino, que no hay tu tía, y de haberla, sería una situación casi milagrosa. Eso de que los vinos, cuanto más viejos, mejor, ser reserva a la elite de los vinos, pero es más una excepción que una regla. Los vinos normalitos aguantan unos años, a lo mejor una década o algo más si son ya vinos muy bien elaborados, pero treinta años ya empieza a ser otro nivel.

Además, el vino que yo tomé seguramente tuvo un momento en el que estuvo realmente excepcional, y cuando lo bebí aún seguía estando en un estado excelente, tenía un aroma intenso y lleno de matices, pero sin duda muy distintos de los que habría tenido de abrirlo diez, o quince, años antes. En la boca, al beberlo, ocurría exactamente igual, se conservaba admirablemente bien, con presencia e intensidad, y con unos sabores propios de grandes vinos con cierta edad: no tienen tanto sabor a fruta, pero conservan la elegancia, y su sabor perdura en el paladar. Para que os hagáis una idea, degustarlo fue como estar hablando con alguien sabio, con mundo recorrido, con pasión, y con la serenidad que otorga el camino andado, algo completamente distinto de lo que provocan los vinos al probarlos con menos tiempo de guarda. Distinto, recalco, que no mejor, o peor. Diferente.

Pero me encantó la sensación. Si bien no creo que sea muy buena idea tomar un vino de una cosecha antigua cuando uno empieza a cogerle el gusto al morapio, sí me parece que de vez en cuando es una lección de elegancia y de maestría probar uno de estos vinos que transportan a viejas casas, con muebles antiguos, lámparas de araña y alfombras persas, pero que despliegan elegancia, sobriedad y multitud de sabores distintos que merece la pena experimentar. Aunque eso, sí, no olvidéis, esto solo ocurre con los grandes vinos (ojo, grandes vinos no significa vinos carísimos. En este caso, dependiendo de la cosecha, puede rondar los 40 o 50 euros lo que, para un vino así, no es excesivo y como capricho es una opción recomendable). Los vinos como este, más que viejos, son eso, sabios, y por supuesto, tienen su encanto.

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “El encanto de los vinos viejos

  1. Pingback: La cata vertical de vinos o cómo conocer (realmente) su personalidad « RaqueLíquida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: