RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Vino para unos pocos, ¿acierto? No lo creo.

La semana pasada estuve en la inauguración de un nuevo y exclusivo lugar de tapas con cocinero estrella a la cabeza. En la convocatoria, un dato real: se ofrece una treintena de vinos por copas procedentes de distintas partes del mundo. Todo muy chic, mucha gente guapa, más de la que el sitio podía absorber, comida excelente, pero, en mi opinión (solo en la mía) los precios de los vinos bastante por encima de lo que yo entiendo por accesible.

Bien es verdad que se trata de un lugar donde la cocina es de altísima calidad y, previsiblemente, las tapas y el servicio del vino también lo serán, ya que al cargo de la carta está, según me cuentan, un experto con una amplia trayectoria en el mundo del vino. Digo también lo serán a modo de intuición, ya que cuando pasé por ahí, invitada por un colega, era la inauguración y en esos momentos había demasiada gente. El caso es que el responsable de la carta, que ha escogido una completa selección de vinos del mundo entre espumosos, blancos, tintos y dulces, comenta que los vinos tienen un precio ajustadísimo, que corresponde exactamente con la sexta parte del precio de la botella en el restaurante propiedad del mismo chef.

En la selección, bastante buena a juzgar por la procedencia de los vinos, equilibrada y entretenida, había unos cuantos vinos que no conocía (conozco más vinos españoles que extranjeros) pero decidí, cuando una compañera me incitó a fijarme en los precios, poner la atención en las referencias que sí conocía. Y ahí fue cuando observé que, con lo que cuestan allí, y en otros sitios, los vinos por copas, el consumo de vino fuera de casa no va por el camino de la recuperación, sino al revés. Encontré como referencia un vino blanco que casualmente está entre los que más me gustan últimamente y vi que el precio de la copa eran ¡cinco euros!

Entre vinos de 200 euros y vinos en cartón hay una amplia selección para el común de los enófilos... digo yo

Dicho así, sin referencia alguna sobre el vino, no es suficiente información, pero ahora nos toca, según lo que comentó el responsable de la carta, multiplicar por seis: o sea, que la botella de ese vino en el restaurante cuesta la nada despreciable cantidad de treinta euros del ala. A mí, esto, tanto en copa como en botella, ya me parece un vino caro. Pero hay más. Este vino lo conozco porque lo he tomado, casualmente, en restaurantes alguna vez y su precio siempre ha rondado la veintena de euros, diez euros menos de lo que se afirma costaba aquí tanto en el restaurante como en el bar de tapas. No quisiera echar más leña al fuego porque el asunto del margen de los restaurantes es algo delicado, pero es que en tiendas este mismo vino ronda los 12 euros.

Para no quedarme solo con este comprobé otro que también conocía, algo más caro, y la proporción era bastante parecida.

A lo que voy: cuando los vinos que son de gama media como estos se cargan con unos márgenes tan amplios es imposible incentivar el consumo del vino y alejarlo de la idea de cotidianidad, de acompañamiento de la comida. Una copa de vino no es gran cosa en cuanto al líquido ingerido, por lo que, en sentido práctico, no me extraña que entre los cinco euros de este vino blanco que comento y los dos de una cerveza (pongamos que en el mismo sitio) no me extraña que el público se tire, (perdón por la expresión) a la rubia. Vale que en este local el precio puede ser un filtro para que no entre determinado público, pero recordemos que se trata de un “garito” de tapas, por más de diseño que sean, y que uno (al menos yo) no está tan predispuesto a soltar la misma cantidad de dinero para tomar algo de pie que por comer sentado, con servilleta y servicio incluidos. ¿O no?

Sin meterme con el local en absoluto porque cada uno hace con su negocio lo que quiere, sobre lo que quiero hacer hincapié es sobre la idea de que sitios así alejan al vino del público que no sea fan o friki vinícola, porque aunque el precio no es lo más importante si no se relaciona con la calidad del vino (y otros factores), sí es una referencia que hace decantarse por un lugar u otro para pedirse una copa. Y un precio por copa alto no es la solución, por más vinos del mundo y cocinero estrella, para impedir, o paliar, que el consumo de vino en este país caiga en picado.

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