RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

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Cócteles para cada momento del último día del año

El fin de este año, otro más inmerso en la crisis, se acerca, y con él nuevas ilusiones, la esperanza de que de algún modo todo cambiará a mejor. Por eso, nada mejor que celebrar lo bueno que está por llegar y lo malo que dejamos atrás. Más allá del cava, el champagne y otros vinos chispeantes, la Nochevieja es un excelente momento para servirse, o dejarse preparar, un buen cóctel. Y sumergirse en la sensualidad de las mezclas, para afrontar un 2012 llenos de optimismo.

Llega otro momento de gula, de cenas opíparas y largas, que empiezan, en ocasiones, con el aperitivo de esa misma tarde y acaban más de 24 horas después. Más allá de los excesos, cada uno celebra su fin de año a su manera. Por eso propongo a los lectores que se dejen seducir por los cócteles, ya sea un (aparentemente) sencillo Gin&Tonic casero o un sofisticadísimo y a la vez “vintage” Ramos Gin Fizz. ¿Por qué no?

Tomar un cóctel con una tapa de aperitivo (y con tapa no me refiero a la aceituna que viene dentro del Dry Martini como Dios manda), comer con un buen cóctel determinados platos y pasar la sobremesa con combinados digestivos o copas seductoras es una opción findeañera que recomiendo experimentar. Ya sabéis, siempre, sin miedo, y siendo infieles, aunque con este término lleve la contraria a un maestro coctelero de los mejores, Javier de las Muelas, que llama “fieles”, precisamente, a las gentes amigas de los bares y su atractiva liturgia.

Con este arbolito de la madrileña Puerta del Sol, aprovecho para desearos lo mejor en 2012

Con este arbolito de la madrileña Puerta del Sol, aprovecho para desearos lo mejor en 2012

Lejos de querer categorizar, que para eso ya están los libros y los textos de los expertos, se me ocurren unas cuantas ideas que pueden servir de hilo para… tirar de él y empezar la fiesta. Eso sí, que proponga aquí algunos cócteles no significa que cada lector tenga que sumergir su Nochevieja en una espiral etílica para probarlos todos, cuidado. De hecho, 2012 cuenta con 366 días estupendos en los que, moderadamente y siempre bajo un paraguas de placer, pedirle al barman o prepararse uno mismo un buen cóctel y probar nuevos sabores.

Aperitivo de cóctel para preparar la noche mágica

Si empezamos la Nochevieja a horas tempranas, véase, por ejemplo, las dos de la tarde del 31 de diciembre, aparte de las consabidas cañas puede uno dejarse llevar por la frescura de un Vodka Martini (con aceituna) o algunos preparados con base de vino, por ejemplo, con vinos de Jerez (de “cream” con naranja, e incluso, ¿por qué no? un buen rebujito para animarse) u Oporto o el glamouroso Kir Royal, cuya base es el champagne (o el cava). Yo, que soy fan del cognac, recomiendo una especie de vuelta de tuerca del Gin&Tonic pero con líquidos “morenos” que se puede hacer en casa y es muy fácil: en un vaso recto y ancho, de los llamados “old fashion” se ponen al menos tres rocas de hielo y una parte de cognac (vaaaale, admitimos Brandy pero alguno un poco especial, español, del sur o catalán que hay algunos realmente ricos) y dos partes de Ginger Ale. Como acompañamiento, una rodaja de naranja. Sencillo, fresco y recomendable aperitivo.

Durante la cena, también combinados

Si se quiere cenar con un coctelito para acompañar mariscos o ensaladas tirando a frescas, preparados con bases como el vodka o la ginebra pueden resultar una mezcla fantástica. Un buen (y seco) Gin&Tonic sacado de la barra de las copas, o un Casino, o un Gimlet, que es un clásico, pueden refrescar la cena. Sin olvidar un buen sorbete de limón que cabalga entre la receta de cocina y el combinado a base de cava. Que aproveche esta última cena de 2011.

Y tras las uvas… más cócteles para bailar, charlar o…

Llegan las 12 con sus cuartos y sus doce uvas, lacasitos, golosinas, pasas o lo que sea y tras el brindis (bueeeno, con cava o champagne esta vez, que las burbujas alegran el alma) cada uno, según la edad, la situación pecuniaria y lo más importante: las ganas, puede optar por salir de copas, salir en plan relax con amigos, quedarse en casa o directamente irse a dormir. Para esto último no hay cóctel que valga, pero las otras opciones pueden ir acompañadas de cócteles alegres y festivos, como los omnipresentes Mojitos, las Caipirinhas, los Margaritas o una variedad de cócteles tiki de sabores exóticos y divertidos y con el ron como protagonista.

Si la opción no es tanto la fiesta como la buena sobremesa y la conversación, o incluso una timba de mus, de poker o de videoconsola, cócteles como mi querido Sazerac, el delicioso Manhattan, el Old Fashioned (los tres preparados con distintos tipos de whisky) o el siempre sabroso Cosmopolitan (con base de vodka) y el solvente Cuba Libre colman de sobra las necesidades líquidas de la primera velada de 2012*.

¡Feliz Nochevieja y felicísimo (y líquido) Año Nuevo!

*Ah, y no hay que olvidar el cóctel para la resaca tras la noche de fiesta, baile y diversión: el Bloody Mary, porque el primer día del año también viene con más comidas familiares y hay que preparar el estómago…

¡Feliz Navidad! Con cava, champagne, vino tinto o blanco, cócteles… Brindad por lo bueno

Que los líquidos os acompañen para alegrar los buenos momentos en familia.

Que los líquidos os acompañen para alegrar los buenos momentos en familia.

… Con ese titular tan largo (qué mella han hecho en mí las nociones de SEO) quiero, simplemente, postear a los lectores de este blog, amigos que pinchan para curiosear y desconocidos que pasan por ahí con el ratón y se quedan unos minutillos a explorar, mis mejores deseos líquidos para estas fiestas, que brindéis, disfrutéis, bebáis con moderación y, sobre todo, que riáis mucho, que ya hay días para estar menos contentos. Que este año que viene nos traiga buenas noticias, buenas anécdotas que contar e intercambiar y mejores líquidos con los que brindar. Que no perdamos la alegría. ¡Feliz Navidad!

El whisky escocés que buscó su espíritu en Francia

Hoy toca repasar una historia de amor entre un whisky y un vino que escribí para la revista Ling y salió publicado hace un par de meses. Se trata de una historia de dos líquidos de lujo, solamente para que os entretengáis, esta vez, en tierra y no entre nubes.

Hay un rincón de Burdeos donde se cría uno de los vinos más legendarios del mundo, Château d’Yquem, por una de cuyas botellas de la cosecha de 1811 se han llegado a pagar 80.800 euros, una cantidad récord para un vino blanco. Y un rincón en Escocia donde un whisky, Glenmorangie, se quedó prendado de la magia de este francés, cuyas tierras fueron propiedad del rey de Inglaterra y heredero de una estirpe regia emparentada con Luis XV.

Al escocés le encantó su excelencia, su majestad, el paisaje de donde procede, las neblinas al amanecer que cubren el viñedo y obran el milagro de este vino mágico. Se prendó de su lentitud, de su pausa, de esa dedicación completa al viñedo que da como resultado un vino excepcional y único en el mundo. Le fascinó aquello de “una cepa, una copa” una frase que había oído a los entendidos, y se dijo a sí mismo que tenía que conocerlo. Le encandiló la dedicación de los vendimiadores, recorriendo una y otra vez el viñedo para recoger uva por uva solo aquellas que están afectadas por ese hechizo en forma de hongo, esa podredumbre noble que convierte a Yquem en un mito.

El escocés ya estaba acostumbrado a la lentitud y al paso del tiempo. Sabía que lo bueno se hace esperar,  que su paciencia se vería recompensada. A sus dieciocho años estaba listo para encontrar algo que lo completara, que hiciera de él un líquido diferente y excepcional, merecedor de su pequeña línea en la historia de los scotchs. Y escuchó que en Francia, entre los ríos Garona y Ciron, se encontraba lo que buscaba: el vino mítico que envejecía durante dos o tres años en barricas antes de embotellarse y dar comienzo a la leyenda, a esa leyenda que aparece reflejada en los textos de Proust, de Dumas o de Julio Verne y que cautivó antes a otro extranjero, Thomas Jefferson, en 1787. Era una oportunidad demasiado excitante, había que robarle el corazón a ese vino prodigioso.

Y de allí, de Sauternes, el escocés pudo recoger unas cuantas barricas impregnadas con el rastro de Yquem, y sacarlas casi a hurtadillas, por primera vez en su historia. Las barricas partieron hacia Escocia, todavía con su aroma y su sabor, y el escocés se apoderó de ellas para fundirse definitivamente con su querido vino francés.  La historia de amor incondicional había empezado, Yquem y Glenmorangie eran uno. Y fueron uno toda una década, para dar a luz un whisky nacido en Escocia pero de espíritu bordelés, con su finura, su elegancia y esos matices de vainilla, miel, frutas exóticas, confitura, toffee, caramelo, cítricos y café…

Pride es un whisky resultado de mezclar aroma de Burdeos con sabor escocés

Pride es un whisky resultado de mezclar aroma de Burdeos con sabor escocés

Hoy ese whisky, de nombre Pride, es todo un señor de casi 30 años, educado con la calidez y el intenso carácter escocés y pulido con la finura y la elegancia francesas y está listo para conquistar los paladares más exquisitos. La historia de amor continúa…


Sé infiel… a tu vino de siempre

Cuando uno descubre un vino que le gusta, nadie le obliga a que sea "para siempre"...

Cuando uno descubre un vino que le gusta, por fortuna, nadie le obliga a que sea "para siempre"...

Casi agotando el año, rememorando lo bueno y lo malo y haciendo nuevos propósitos para el 2012, os propongo saltaros vuestras propias normas, cruzar la línea… pecar… ser infieles… y disfrutar sin límites de lo desconocido.

Es verlo, o pensar que lo tengo cerca, y empiezo a sonreír. Me encanta, porque me proporciona un placer cotidiano, la satisfacción de saber hasta dónde puedo confiar en él, el gusto de rememorar buenos momentos a su lado. Le debo muchas sonrisas, muchas ansias saciadas gracias a su cercanía, buenísimos recuerdos que no serían tales sin él. Lo conozco, lo he ido conociendo poco a poco y sé que no me falla, que siempre me da lo que necesito cuando lo busco. Y sabría describir perfectamente su color, cómo se mueve, cómo huele, cómo sabe y hasta dónde me ha marcado su recuerdo. Pero a pesar de nuestra lealtad mutua, voy a serle infiel. Quiero descubrir si me llenarán otros sabores, si puedo hablar otros idiomas o si el placer al lado de otros será el mismo, o habrá matices distintos. Me apetece probar. Quiero ser infiel a mi vino de siempre.

Y no solo eso. Me proclamo firme seguidora de la infidelidad. En el vino, eso sí. No hablo de desterrar para siempre a ese amigo embotellado que ya conocemos y que, cuando tenemos que quedar bien en una reunión o comida, nos acompaña y sabemos que no nos fallará. Hablo de no ceñirse a uno solo. En el vino, hablando metafóricamente, hay que ser un poco “pendón”, picotear uno, otro, una zona, una marca, otra, un tipo de vino… y entretenerse al máximo con cada uno. ¿Qué no queremos volver a “llamarlo” o tener otra cita con él? No passsa naaaaaaaaaada, hay mil vinos sueltos por ahí esperando que nos fijemos en ellos.

La monogamia, por tanto, no es la mejor opción cuando se trata de vino. Y esta recomendación podría hacerse extensiva los cócteles (yo soy fan del Cosmopolitan, por ejemplo, pero de vez en cuando una copita recomendada por el barman para ponerle los cuernos a mi combinado me descubre sabores nuevos que me encantan) o a los destilados (sí, os encanta el Gin&Tonic o vuestro ron añejo de siempre, pero, ¿por qué no un buen brandy añejado con una rodaja de naranja, o un combinado de tequila? ¿qué puede pasar por el flirteo con otras sensaciones?). Uno puede ser fiel a su riojita o su ribera, a su champagne o a su borgoña, pero descubrirá nuevos mundos cuando se salga de la rutina y descorche un buen tinto de mencía del Bierzo, de syrah de Castilla- La Mancha o un atípico y casi desconocido vino de bobal, que los hay de Albacete o Manchuela. O cuando se decida de una vez a adentrarse y dejarse empapar por un jerez o un vino de Montilla, o un toscano, o un vino del Douro. Os aseguro que la experiencia no os dejará en absoluto sentimiento de culpa. Al contrario, puede enseñaros a apreciar nuevos sabores y dar una perspectiva a vuestro vino des siempre que sin estos rollitos de una noche no tendríais. Más que traición, será un aprendizaje del que jamás sentiréis culpa. Tened amantes en el vino y dejaos mojar por líquidos diferentes, excitantes, desconocidos que solo quieren que los agotéis, que los bebáis hasta el final de la copa.

Sed infieles, promiscuos, adúlteros… y pecad con otros vinos.

El bloguero que destapó la polémica del vino español

Hoy me asomo rápidamente al blog para reflexionar sobre un asunto que ha dejado, imagino, sin habla a muchos en el mundo del vino. El encargado de catar vinos españoles para la prestigiosa publicacón estadounidense The Wine Advocate, Jay Miller, conocido por el sector como el “hombre de Parker” (Parker es el fundador y propietario de la revista), de quien se dice que hace y deshace en el mercado yanki, ha cesado en sus responsabilidades tras verse envuelto en un escándalo que pone en duda la integridad de sus puntuaciones.

Bloguero, ¿y qué?

Más allá del bombazo en sí que esto supone y del montón de consecuencias que desatará, con el otro montón de comentarios (muchos del tipo “se veía venir”, “yo esto ya lo sabía” y demás, sin que nadie en España, a excepción de la publicación especializada “Elmundovino“, y ésta muy levemente, haya levantado la liebre), sobre lo que quiero llamar la atención es sobre que ha sido un blog, y un bloguero, para más señas, el que ha insistido, investigado, preguntado, tomado en serio su papel, para sacar a la luz esta enorme, parece, farsa. Sí sí. Un bloguero. No un gurú del vino de los que tenemos aquí, ni un periodista de investigación, ni, por supuesto, una bodega. Un bloguero llamado Jim Budd, que destapó poco a poco un entramado de intrigas y presiones dignas de una peli de mafiosos que ha terminado desencadenando un pequeño escándalo, del que aún no se tienen claras las consecuencias.

Jay Miller, a la derecha, y Pancho Campo, los dos protagonistas del escándalo del vino español

Jay Miller, a la derecha, y Pancho Campo, los dos protagonistas del escándalo del vino español

Toda una lección para aquellos que desconfían de que un bloguero puede ser también un tipo con vocación de servicio público, de honradez para con sus lectores y seguidores, y una lección precisamente para otros blogueros que solamente saben repicar lo que les cuentan por notas de prensa o pintar de colores algún eventito donde se dejan aparecer.

El mundo del vino se merece gente honrada, y si ya la honradez de los periodistas normales se pone muchas veces en entredicho, no quiero comentar la de aquellos que nos dedicamos al vino, la gastronomía… Pues sí, hay blogueros del vino, como hay periodistas del vino, HONRADOS, y que no pierden de vista su vocación, su imagen y su objetivo cara a los lectores, que son los que importan. En papel, en bytes y, claro que sí, en blogs.

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