RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivar para el mes “enero, 2012”

Fui a Enofusión y…

Como anuncié y como habréis adivinado por el aperitivo en forma de vídeo poesía gracias al gracejo del súper Antonio Flores, fui a Enofusión. Y no pienso relatar aquí la crónica del encuentro, que para eso ya está Proensa.com, donde he contado todo todo y todo, pero sí me gustaría detenerme brevemente en algunos detallitos, a ver qué os parecen.

Esas catas tan, tan…

Las estrellas de Enofusión, que es un evento pensado para profesionales o muy muy aficionados y sabihondos del vino, son las catas que se suceden mañana y tarde. Para mí son una oportunidad de conocer vinos nuevos y también de recordar vinos que ya conozco y que, en ocasiones, me suponen auténticas sorpresas (siempre digo que el vino te da constantemente curas de humildad, lo cual es algo que no deja de darme cierto gustillo).
Por este Enofusión han pasado desde auténticos bodegueros y enólogos frikis (palabra “maldita” esa de enólogo, parecía, para algunos de los que se sentaban en las mesas y que, como Telmo Rodríguez, son precisamente eso, enólogos), a comunicadores natos que nos han hecho pasar buenos ratos. De alguno de los primeros, los geeks que hacen vino “gafapasta”, (una locución acuñada por Disfrutar el Vino, que sabe bien de gafapastismo), o vinos “perroflauta” como comentó alguno de los asistentes, escuché algunas frases que me parecieron algo extremas. Pero la que más, esa de “muerte a las barricas”. Tela, porque detrás de esta frase hay un elaborador joven que apuesta por que las barricas sean solo para guardar el vino y que se oxigene un tiempo, pero nunca para aportar sabor o aroma. Me parece muy bien que opine así, tiene que haber de todo y lo mejor es que lo haya, pero no me gustó mucho el tono de sentencia, de verdad absoluta, del que estaba tintada esta afirmación. Supongo que de algún sitio viene eso del bouquet, no solo el de la botella…, pero dejémoslo ahí.

De nuevo me acordé de lo de la cura de humildad y me pregunté si solo les ha pasado a algunos en este mundillo.

Otro detallito de las catas fue el de colocar a una bodega secular como Marqués de Riscal y sus vinos de Rioja junto a una colección de vinos del mundo que elabora una de las personalidades más odiadas, y admiradas, del mundo del vino: Michel Rolland. Me pregunté, y le pregunté al enólogo (ops!) de Riscal que qué pintaba una cata así, propuesta como un “versus”, un enfrentamiento dialéctico de vinos que, aparte de que la misma inicial (R) tenían más bien poco que oponerse. Siendo mala malísima, sí saqué una conclusión un poco chunga y que me recordó a la película Mondovino: catando algunos de los vinos del francés (no todos) me encontré ante líquidos muy bien hechos, pero desalmados. Vamos, como un tío guapísimo pero cuya conversación aburre hasta el extremo. Mientras, los “riscales”, en mi opinión (siempre) ganaban por goleada en eso del alma, y mira que es difícil (sentencio yo ahora) hacer cuatro millones de botellas de vino y todos buenos (algunos, siendo exactos, excelentes).

Como ya mostré en el aperitivo del viernes, me confieso profundamente cautivada por los jereces, sobre todo los finos, aunque me queda un tramo laaargo para aprender de ellos. Y confieso que disfruto cuando los cato, pero si es con uno de mis tipos favoritos como Flores, además aprendo. Y lo mismo vi que pasaba a mi alrededor, a los afortunados que se sentaron para probar finos extraídos de diferentes soleras de Tío Pepe, cada una diferente… excitante para una aspirante a vinófila como yo. Si uno quiere saber de pasión por el vino, tiene que probar jereces (y vuelvo a sentenciar). Ah, y lo mismo pasó con los oportos, complicadísimos, pero seductores, retadores… y ese vino de ¡¡¡100 años!!! Que seguía ahí tras haber vivido dos guerras mundiales y un montón de aventuras más. Como para no enamorarse.

Un vino de Oporto con 100 años... casi nada

Un vino de Oporto con 100 años... casi nada

Hubo muchas más catas y detalles, pero no quiero aburrir…

Ya me callo…

No sin antes hacer otro pequeño hincapié en el resto de apartados de Enofusión, como el enobar, donde había vinitos interesantes que catar aunque hubo quien se quejó por las dichosas temperaturas (si en un sitio como este no son correctas, apaguen y vayámonos). Y las mesitas redondas, donde tuve el gusto de participar con compañeros blogueros y consultores on line (Álvaro Cerrada, Luz Divina Merchán & José Ramón Martín y Joaquín Parra) en una de ellas, pero donde hubo otra muy interesante sobre acercar el vino a los jóvenes, aunque mi visión sobre eso también la conté un poco el otro día. Sí que me sorprendió que para hablar de estilo de vida (amplio concepto) en otra mesita, la edad media de las ponentes fuera de todo menos joven.

Por eso dejé sonar, ese día, un poquito más el despertador.

Aperitivo para sedientos de Enofusión: retazos de una cata

Ayer Madrid Fusión y Enofusión cerraron sus puertas hasta el año que viene. Antes de postear mis impresiones sobre algunos, no todos, los episodios y catas por las que me pasé, a los aficionados, o no tanto, al vino les dejo un pequeño aperitivo: un vídeo que grabé durante una cata de vinos de Jerez. Se ve a (Don, que el tío es un genio) Antonio Flores, enólogo de las bodegas González Byass (o Tío Pepe para los amigos) explicando, casi recitando, cómo son algunos de estos vinos, que para mí, siempre lo digo, son como magia. Espero que disfrutéis con un retazo delicioso del mundo del vino.

Sobre blogs, nuevas tecnologías y vino… me voy a Enofusión

Mañana me toca madrugar más de lo normal en estos últimos años para participar en una mesa redonda Enofusión, la llamada “isla del vino dentro de Madrid Fusión”, que lleva el título de “Blogs, nuevas tecnologías y vino”. No he podido evitar acordarme de esa manida frase que usan muchas bodegas en sus folletos y presentaciones: “la bodega tal aúna tradición y vanguardia…”

No sé muy bien a qué se refiere eso de nuevas tecnologías, porque yo a lo más que llego es a tener un Smartphone, eso sí, muy apañao. El caso es que voy a ir para allá a contar mi experiencia con este blog y cómo veo el panorama bloguero y de “nuevas tecnologías” (me está entrando casi miedo escribirlo). También, imagino, saldrá el asunto de las redes sociales y lo que cada uno de los compañeros de mesa entiende como buenas prácticas para sus propósitos (unos son asesores, otros marketinianos, todos aficionados y apasionados por el vino).
Se tratará, como reza el lema de Enofusión este año, de “acercar el vino a los jóvenes”, un segmento hasta ahora poco o nada interesado en el vino y sin visos de cambiar, mientras por el otro extremo los consumidores, literalmente, se mueren (ley de vida, ¿eh? que no se mueren por beber vino, que conste).
El año pasado hubo una ponencia donde también se hablo de atraer a nuevos consumidores, jóvenes y mujeres sobre todo. Víctor de la Serna, toda una autoridad en materia periodística y vinícola, habló de que había una generación perdida en el vino, un grupo de gente, más o menos padres de jóvenes veinteañeros, que no se interesaban por el vino debido a que vieron en sus padres costumbres que ellos, en sus hogares, aborrecieron y desterraron. Me refiero, se refería De la Serna, a que esos abueletes bebían vino a granel, cualquier cosa, y de cualquier modo. Sus hijos no querían eso para ellos y tampoco se preocuparon de enseñar algo distinto a sus churumbeles en casa. Por eso el interés del vino fue decreciendo hasta el panorama desolador que tenemos ahora.

Optimismo, claro, qué si no

Pero yo no pierdo la esperanza y, entre otras ideas que rondan mi cabezota, surgió la de escribir, y mantener (ay, con lo que me cuesta a mí escribir a pesar de que he vivido y trato de seguir viviendo de ellooooo) este blog. Porque creo que la clave está no en las tecnologías, nuevas, viejas, tradicionales o vanguardistas, sino en el mensaje. ¿Qué contamos? ¿Llega o no? ¿Somos bichos raros por ser jóvenes y que nos encante el vino? Y me pongo a pensar en otros países sin nuestra tradición donde se bebe vino en discotecas, o champagne o cava, y donde no se demoniza el vino y este aparece en mesas de ricos, pobres, en series para jóvenes y no tanto, en películas… yo quiero eso para nosotros, y las chorradas o no tanto que escribo aquí también tienen esa vocación. También lo que hago fuera del blog.
Os invito, lectores queridos (idolatrados, diría, pero no quiero que se os suba a la cabeza) que también vosotros contribuyáis y comentéis aquí vuestras ideas, pensamientos y demás sobre este asunto, los que bebéis, porque bebéis, y los que no tanto, también, contad por qué. Es gratis, y seguro que si participáis al menos ganáis intercambiar ideas, ¿no? animaos…
Por mi parte mañana seguiré empeñada en hacer del vino algo cotidiano, normal, y que encima, mola mucho. Ahora, de momento, a lo que voy es a tomarme una copita con mis compañeros de mesa.

Señoras, señoritas, beban vino tinto y protéjanse del cáncer de mama

En un día como hoy lleno de luces y sombras, día de nominaciones a los Goya y un día en el que se conoce que la periodista Concha García Campoy tiene leucemia y se retira para recuperarse (mucho ánimo también desde este blog), el mundo del vino, sobre todo del tinto, arroja un pequeño rayo de esperanza en la lucha contra el cáncer de mama en las mujeres.

Esta mañana me he desayunado, creo que casi al mismo tiempo que uno de nuestros más internacionales críticos vinícolas, José Peñín (si no os los creéis, preguntádselo a él) con los titulares de la versión on line de una revista británica sobre vino, Decanter, que traía una buena noticia (no es que no las traiga a veces, pero a quienes defendemos el vino las buenas nuevas nos gustan mucho): en el Hospital Cedars- Sinaí de Los Ángeles (muy peliculero el sitio, ¿no?) se ha realizado un estudio que demuestra que el vino tinto inhibe la proliferación de células cancerígenas en mujeres pre menopáusicas. Ahí es nada.
Esto contradice a muchos otros estudios contra el consumo del alcohol porque sus efectos son los contrarios, pero yo me hago eco porque, al igual que otros análisis científicos sobre las propiedades saludables del vino, este estudio es un argumento a favor de su consumo moderado. Y eso es lo que yo defiendo desde aquí. Así que mujeres de treinta y tantos, y de “taitantos” en general, consuman ustedes sin miedo una copita de vino (eso sí, la revista británica se cuida de advertir a las abstemias de que si no bebían vino antes, no hay por qué empezar ahora) habitualmente y con moderación (sieeeempre) y siéntanse protegidas por sus componentes antioxidantes e inhibidores de enfermedades tan malignas como el cáncer.
El estudio aclara que estas propiedades son exclusivas del vino tinto, así que las bebedoras de blanco pueden seguir tomándolo, aunque no está de más que se animen a beber un tintillo de vez en cuando, por aquello de la salud. En cualquier caso, el vino, con la compañía de la comida y, si puede ser, de buenos amigos, amantes… gente querida, vaya, que también inhibe muchos demonios.

Cava Gramona Rosé contra el cáncer de mama

Aprovecho el artículo para ilustrarlo con una botella de cava solidario, el del Gramona Rosé, cuya edición especial, la de la imagen, ha dedicado parte de sus beneficios a la lucha contra el cáncer de mama.

Pere Rovira, de la copa a la viña, primer podcast en el blog de Raqueliquida

Para estrenar el año, por fin he encontrado la manera de hacer un podcast digno… bueno, más o menos, casi lo dejo a la consideración de los lectores o escuchantes. Se trata de la historia de uno de mis “Vinosaurios“, Pere Rovira, que he decidido contar en audio en lugar de colgarla escrita. La música que hay de fondo está interpretada por Francisco Tarrega y se llama “Recuerdos de la Alhambra”. Espero que os guste.

 

Pere Rovira Podcast Raqueliquida.

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