RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Fui a Enofusión y…

Como anuncié y como habréis adivinado por el aperitivo en forma de vídeo poesía gracias al gracejo del súper Antonio Flores, fui a Enofusión. Y no pienso relatar aquí la crónica del encuentro, que para eso ya está Proensa.com, donde he contado todo todo y todo, pero sí me gustaría detenerme brevemente en algunos detallitos, a ver qué os parecen.

Esas catas tan, tan…

Las estrellas de Enofusión, que es un evento pensado para profesionales o muy muy aficionados y sabihondos del vino, son las catas que se suceden mañana y tarde. Para mí son una oportunidad de conocer vinos nuevos y también de recordar vinos que ya conozco y que, en ocasiones, me suponen auténticas sorpresas (siempre digo que el vino te da constantemente curas de humildad, lo cual es algo que no deja de darme cierto gustillo).
Por este Enofusión han pasado desde auténticos bodegueros y enólogos frikis (palabra “maldita” esa de enólogo, parecía, para algunos de los que se sentaban en las mesas y que, como Telmo Rodríguez, son precisamente eso, enólogos), a comunicadores natos que nos han hecho pasar buenos ratos. De alguno de los primeros, los geeks que hacen vino “gafapasta”, (una locución acuñada por Disfrutar el Vino, que sabe bien de gafapastismo), o vinos “perroflauta” como comentó alguno de los asistentes, escuché algunas frases que me parecieron algo extremas. Pero la que más, esa de “muerte a las barricas”. Tela, porque detrás de esta frase hay un elaborador joven que apuesta por que las barricas sean solo para guardar el vino y que se oxigene un tiempo, pero nunca para aportar sabor o aroma. Me parece muy bien que opine así, tiene que haber de todo y lo mejor es que lo haya, pero no me gustó mucho el tono de sentencia, de verdad absoluta, del que estaba tintada esta afirmación. Supongo que de algún sitio viene eso del bouquet, no solo el de la botella…, pero dejémoslo ahí.

De nuevo me acordé de lo de la cura de humildad y me pregunté si solo les ha pasado a algunos en este mundillo.

Otro detallito de las catas fue el de colocar a una bodega secular como Marqués de Riscal y sus vinos de Rioja junto a una colección de vinos del mundo que elabora una de las personalidades más odiadas, y admiradas, del mundo del vino: Michel Rolland. Me pregunté, y le pregunté al enólogo (ops!) de Riscal que qué pintaba una cata así, propuesta como un “versus”, un enfrentamiento dialéctico de vinos que, aparte de que la misma inicial (R) tenían más bien poco que oponerse. Siendo mala malísima, sí saqué una conclusión un poco chunga y que me recordó a la película Mondovino: catando algunos de los vinos del francés (no todos) me encontré ante líquidos muy bien hechos, pero desalmados. Vamos, como un tío guapísimo pero cuya conversación aburre hasta el extremo. Mientras, los “riscales”, en mi opinión (siempre) ganaban por goleada en eso del alma, y mira que es difícil (sentencio yo ahora) hacer cuatro millones de botellas de vino y todos buenos (algunos, siendo exactos, excelentes).

Como ya mostré en el aperitivo del viernes, me confieso profundamente cautivada por los jereces, sobre todo los finos, aunque me queda un tramo laaargo para aprender de ellos. Y confieso que disfruto cuando los cato, pero si es con uno de mis tipos favoritos como Flores, además aprendo. Y lo mismo vi que pasaba a mi alrededor, a los afortunados que se sentaron para probar finos extraídos de diferentes soleras de Tío Pepe, cada una diferente… excitante para una aspirante a vinófila como yo. Si uno quiere saber de pasión por el vino, tiene que probar jereces (y vuelvo a sentenciar). Ah, y lo mismo pasó con los oportos, complicadísimos, pero seductores, retadores… y ese vino de ¡¡¡100 años!!! Que seguía ahí tras haber vivido dos guerras mundiales y un montón de aventuras más. Como para no enamorarse.

Un vino de Oporto con 100 años... casi nada

Un vino de Oporto con 100 años... casi nada

Hubo muchas más catas y detalles, pero no quiero aburrir…

Ya me callo…

No sin antes hacer otro pequeño hincapié en el resto de apartados de Enofusión, como el enobar, donde había vinitos interesantes que catar aunque hubo quien se quejó por las dichosas temperaturas (si en un sitio como este no son correctas, apaguen y vayámonos). Y las mesitas redondas, donde tuve el gusto de participar con compañeros blogueros y consultores on line (Álvaro Cerrada, Luz Divina Merchán & José Ramón Martín y Joaquín Parra) en una de ellas, pero donde hubo otra muy interesante sobre acercar el vino a los jóvenes, aunque mi visión sobre eso también la conté un poco el otro día. Sí que me sorprendió que para hablar de estilo de vida (amplio concepto) en otra mesita, la edad media de las ponentes fuera de todo menos joven.

Por eso dejé sonar, ese día, un poquito más el despertador.

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