RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Etiquetas líquidas: dime cómo vistes y me imaginaré cómo sabes

Este fin de semana he salido a cenar con un amigo al que le gusta el vino tanto como a mí y con el que puedo tener conversaciones interesantes sobre él sin que se me duerma. El tipo, además de adorable, es un experto en marketing y muchas veces, por aquello de la deformación profesional, no evita fijarse en aspectos del vino relacionados con esta disciplina. Durante nuestro paseo y picoteo por Barcelona, entre bares de vinos por el Borne, mi amigo se fijó en algo que llamó su atención y que abrió una conversación nueva: la etiqueta y, en general, el vestido exterior de las botellas de vino, desde el nombre a la calidad del cristal y la etiqueta. Y lo mismo que ocurre con el vino, puede pasar con un whisky o una ginebra. ¿O no?

Porque no es lo mismo llevar Armani que Valentino, Hoss que Zara ni Lacoste que Primark, tampoco lo es que un vino se llame L’Equilibrista que Tetas de la Sacristana y que un whisky se llame Charles House que The Macallan. Quiero decir, no nos despierta la misma confianza ni nos habla igual de lo que puede haber dentro. Al menos a mí, y sobre todo cuando no conozco el líquido en cuestión.

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Por partes: hablando de vinos, cuando mi amigo y yo llegamos a un bar para tapear y nos fijamos en los tres o cuatro vinos por copas que tenían, la verdad es que, no conociendo ninguno de ellos, nos fijamos más en el exterior a la hora de decidir, matizando, también, nuestra decisión en función de la zona de procedencia. Pero a lo que voy: entonces ninguno de los vinos nos dio “buen rollo” al principio y siguió sin dárnoslo cuando lo teníamos ya en la copa. La reflexión de mi amigo fue la siguiente: no me sorprende que este vino sea del montón porque tanto el diseño de la etiqueta como el nombre (que no diré porque como no me interesó demasiado no lo conservé en la memoria, acto que recomiendo para evitar la saturación mental de vinos y destilados que no nos gusten) hablan de poco esmero, un poco así, “bah, si como la gente no entiende y el vino no tiene pretensiones, tampoco las tengo yo con la etiqueta y la botella”. Pues estamos apañados, pensamos, ¿así quieren que bebamos más vino?

Lo más curioso, y fue algo que yo comentaba con mi amigo, es que cuando un vino ya lo conocemos y nos gusta, la etiqueta ya no tiene tanto poder de sugestión. Quiero decir, por ejemplo, que yo conozco ya el Castillo de Ygay de Marqués de Murrieta y me gusta bastante, pero si no lo llego a conocer, igual no sería mi primera opción ni por el nombre, ni por la etiqueta (que a mí, personalmente, no me entusiasma, aunque sí me gusta mucho el contenido). Y que si no conozco un vino como Tierra Fidel, que hacen unos amigos míos, igual sí lo elijo para una cena o me fijo en él porque la etiqueta, desde que la vi por primera vez, me encantó.

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)

Lo mismo con los nombres: ¿O me diréis que cogéis antes una botella de Cojón de gato que una donde ponga Pago de los Capellanes? No, ¿verdad? Pues a eso voy. Y que conste que el nombre del primer vino tiene su justificación porque alude a la uva de la que procede…

Y exactamente igual con destilados. No es igual ver una botella como la del ron Elements Eight que la del canario Arehucas, independientemente de que luego al probarlos nuestra opinión cambie. Afortunadamente en el campo de los espirituosos el diseño, creo, se pone bastante las pilas y nos libra de engendros de los que el vino, aún, no se ha desecho. Engendros del embotellado y etiquetado, el “packaging” del que hablan los marketinianos, ojo.

No es lo mismo...

No es lo mismo...

Pero el líquido, amigos, también entra por los ojos, seduce como puede hacerlo un desconocido o una desconocida… y luego, ya se verá si por la conversación que tiene, o que le falta, decidimos descartarlo.

¿Qué opináis vosotros?

Para entreteneros un poco os dejo una serie de etiquetas que he encontrado navegando por ahí.

Navegación en la entrada única

15 pensamientos en “Etiquetas líquidas: dime cómo vistes y me imaginaré cómo sabes

  1. No sé si conoces esta web:
    http://www.seriousaboutwine.co.za/

    Si te interesa el diseño de etiquetas, imagen, marketing, embalaje, etc, es una web magnífica

  2. Jeje, claro que sí, aunque me interesa más lo que opinas de la sugestión que ejercen las etiquetas y las botellas a la hora de escoger uno u otro vino… ¿Nunca te has llevado un chasco, o una grata sorpresa, eligiendo un vino por su etiqueta si no lo conocías?

  3. nicole francas en dijo:

    El vino en mayúsculas no necesita etiquetas ni botellas espectaculares, como una bella mujer no necesita esconderse en un exceso de maquillaje

  4. Ay Raquel la gente cuando no entiende de vino lo compra x su imagen, y otros x su nombre, pero la gran mayoria x la imagen, yo creo q la imagen es muy importante, claro q siempre hay excepciones como ese Ygay, q tú, yo y algunos más sabemos q sabe estupendo.
    En fin en el mundo del marketing se vende con la imagen y si encima el vino es bueno pues dos veces bueno!
    La sem q viene hago parte 2 de post de nombres curiosos! El cojon de gato fue todo un exito!
    Como siempre genial
    Y me quedo con q disfrutaras x el Born.
    Saludos
    Mjose
    http://unpaseodiarioxlavida.blogspot.com.es/

    • Gracias María José, pues estaré atenta a tu post. La cuestión es que una imagen cuidada, creo, ayuda bastante a que el vino se perciba como mejor, y creo también que si el productor es cuidadoso con el vino, lo será también con el resto de accesorios, incluidas la imagen, la botella y la etiqueta. Eso sí, hay vinos enormes cuya etiqueta, más o menos atractiva, nos resulta conocida y los percibimos como excelentes, pero porque se han ganado el prestigio a pulso.

  5. Yo es que soy un poco raro, me gustan tanto las clásicas de estilo francés que las modernas (¿recuerdas que en Madrid compré la “spanish guerrilla albariño” sólo por la etiqueta?), me da igual que vengan a pelo, envueltas en papel o con rejilla riojana, me da igual corcho o tapón de rosca. Borgoñesa, bordelesa, bordelesa con hombros, riesling… no me gustan demasiado algunas formas que no sé ni cómo se llaman. Sólo me echa para atrás el tapón sintético.

    • Jajaja, tú eres un entendido en vinos, por no decir que los adoras… Y eso también hace que quieras darles una oportunidad a los vinos que, por fuera, no te llaman la atención. Yo he de confesar que depende, si el vino no me convence por la etiqueta miro a ver otras características para ver si me despierta interés.

  6. Pingback: Bitacoras.com

  7. Alberto en dijo:

    Gracias Raquel por compartir tu experiencia con tu amigo. Comentario para Nicole: cierto lo de la belleza de una mujer Nicole. Cuando seas mayor también comprenderás que cuando no se conoce a una persona, ni se ha tenido la oportunidad de descubrir su belleza interior, una presencia “magnetizante” permite descubrir la belleza interior. Sin ese magnetismo que te invita a descubrir el interior, esa bella mujer pasará despercibida a cientos de príncipes azules…
    TODOS compramos por el aspecto exterior cuando desconocemos algo. Piensa cuando compras un libro al azar en el fnac. ¿qué te hace tomar u ejemplar del montón para leer la contracubierta?

    • Además, amigo Alberto, no creo que vestirse bien sea tampoco un exceso de maquillaje como al que alude Nicole, y normalmente a las personas les gusta lo bello, aunque su concepto de belleza pueda diferir. Una imagen que da “mal rollo” puede hacernos perder el interés por el contenido de la botella.

      • Alberto en dijo:

        Correcto, por eso he querido adjetivarlo como “magnetismo”, un aura, mucho más espiritual, energías etéreas que te atraen hacia una persona, que captan tu interés, tu curiosidad.

  8. me da igual la etiqueta y la botella, lo pruebo todo, preciosas etiquetas pueden llevar vinos malos y al revés. Corcho sintético depende del vino, pensar que en exportación, por ejemplo para Australia pieden que no lleven corcho solo tapón de rosca.
    Ah eso de compararme el Tierra Fidel que el Igay me ha hecho daño a la vista🙂 Para mi el Fidel es el mejor vino que hacen mis amigos, ya sea en su versión tinta o blanca, una pasada ambos.

  9. Alejandro en dijo:

    Hoy por hoy el packaging es inevitable a la hora de poner un producto en el mercado, pero también es cierto que detrás de esta tendencia se esconde el deseo de muchos de dar una imagen de exclusividad y excelencia que no se corresponde con la calidad de lo que ofertan. Usted ha elegido un ejemplo tácito, el Eigh Elements, un ron normalito, pero con una botella de diseño espectacular, que hace que su precio que no debería ser muy alto dada la calidad del producto, se dispare a cotas que lo hacen emular a rones de mucha mayor categoría, no siendo el mismo nada del otro jueves.

  10. Pingback: Etiquetas líquidas: dime cómo vistes y me imaginaré cómo sabes : ArgentineWines.Com

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