RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivar para el mes “abril, 2012”

Prensa vinícola de calidad o el secreto del unicornio

Leo hoy mismo un artículo en El País titulado “Los líderes de la prensa mundial enarbolan el periodismo de calidad” y no puedo evitar pensar en la llamada “crisis del periodismo”. Pero si mal está el periodismo generalista, el vinícola no está mejor. Y lo digo yo, que antes que bloguera soy plumilla. Pero llevo un tiempo cuestionándome si hay alguien a quien le interese lo que escribimos, o más concretamente, cómo lo escribimos y lo comunicamos y sobre todo, si alguien piensa que, al hacerlo, estamos siendo honrados con nuestros lectores.

La semana pasada me pillé un rebote tremendo cuando vi publicado en el blog de mi amigo y colega Ramon Francàs un autodenominado “Manifiesto por una información vinícola de calidad” y entre las firmas noté que faltaban algunas relevantes, aunque también vi otras que me rechinaron, pues había alguna de cuyas actividades tengo conocimiento y que se alejan muy mucho de lo que yo entiendo como información vinícola de calidad.

Prensa del vino ¿y el “mea culpa”?

Ese no es el único asunto, aunque reconozco que sí hizo saltar la liebre en mí de lo que yo entiendo como periodismo vinícola y lo que entienden algunos de los que son amigos, colegas y maestros en esta profesión. Aun así, quede bien claro que hay grandísimos profesionales del periodismo vinícola y que en España hay gente que ha trabajado y sigue trabajando por difundir e informar sobre vino con unos valores éticos y deontológicos que nada se alejan de los del periodismo en general. Pero, como a éste, quizá le hace falta un poco más de reflexión y permeabilidad y un poco menos de echar la culpa a terceros. Voy a analizar algunos fragmentos del “manifiesto” y os invito, como parte implicada que sois (aunque esto es un blog, mantiene mi propósito profesional y personal de acercar el vino y los destilados a la gente contándolos sin estruendos ni rimbombancias) a comentar, criticar y decir lo que creéis que le pasa a la prensa vinícola de este país. Allá voy.

“Su (la de los medios de comunicación dedicados al vino) fuerte dependencia de los ingresos publicitarios –común a la práctica totalidad de la prensa sectorial- coloca más que nunca en una posición de debilidad a las cabeceras de este segmento editorial frente a las presiones de las empresas e instituciones anunciantes. Cada vez con mayor frecuencia, estos soportes informativos –y no pocos profesionales del periodismo- se ven impelidos a escoger entre la supervivencia económica y el respeto de los intereses de sus lectores.” Parece querer decir que esa supervivencia es posible solo a base de publicar lo que desean “las presiones de las empresas e instituciones anunciantes” y no aquello que interesa a los lectores. Yo creo que es al revés: hacer primero un producto interesante para los lectores y que gracias a que ellos compran nuestros contenidos los anunciantes giran sus ojitos hacia lo que publiquemos. Porque somos la manera de llegar a ellos, sí, pero siempre y cuando contemos cosas que les interesan. Lo que ocurre es que desde hace tiempo parece que en muchos medios esto se descuida para echar la culpa a esas presiones de los anunciantes, que las hay. Señores empresarios del vino, no echen la tierra sobre los anunciantes, piensen que quizás lo que les ofrecemos no les gusta y no quieren pagar por ello. Así de sencillo.

Seguimos. Tras hablar de lo mucho que ha hecho la prensa vinícola por el vino español y porque este sea reconocido en el mundo, se dice que “Sin embargo, hay motivos para afirmar que, en la actualidad, esta contribución está siendo ignorada –o cuando menos contemplada con indiferencia- tanto por las instituciones públicas como por una buena parte de las empresas vinculadas a este importante sector de la economía española.” Puede, pero ¿no será porque esa función, importante entonces, hace treinta años, ha cambiado y ahora hay que tener otros objetivos? El vino español es hoy mejor que nunca, pero hay una ruptura generacional que hace que los nuevos consumidores sean menos y más exigentes, hablen otro lenguaje y requieran otro tipo de contenidos. ¿Podría ser esa una causa de que las instituciones “pasen” de los medios del vino? Pensemos.

Pedir sí, pero ¿Y ofrecer?

Ahora viene lo grande: las reivindicaciones que se reflejan en dicho manifiesto. Mis comentarios en rojo: Por ello hacemos un llamamiento a la reflexión (empezando por nosotros, debería decir) dirigido a empresas editoriales, profesionales de la información, productores y anunciantes, instituciones y consumidores, y les invitamos a involucrarse en la necesaria recuperación (¿Qué significa esto? ¿No se puede plantear como un cambio de esquemas y de panorama que, necesariamente, conlleva tiempo de adaptación?) de un segmento editorial estratégico para el desarrollo de la imagen y la comercialización de los vinos españoles de calidad:

* A las administraciones públicas, para el establecimiento de un ámbito normativo favorable a las iniciativas editoriales y periodísticas comprometidas con este objetivo común. (¿Subvenciones como en el cine para que se apunten al carro los que engañan a sus lectores con contenidos pagados pero de cuyo pago no se informa al lector?)

* A la industria del vino –especialmente las bodegas-, para que se comprometan con la supervivencia de la prensa especializada y la reconozcan como un soporte necesario y eficaz para sus mensajes publicitarios. (Mi experiencia me dice que muchas bodegas prefieren gastarse su presupuesto anual en un medio generalista, aunque esa no sea siempre la mejor opción, y presionar para que la prensa vinícola saque notas de prensa de medallas o contenidos sin interés pero sin cuestionarlos. Afortunadamente, otra prensa es posible, y esa prensa sigue en pie)

* A las empresas editoriales, para que protejan la independencia de sus redactores, la objetividad de sus contenidos y la dignidad profesional de sus colaboradores. (¡JA! Y eso que yo ahora debo de ser una excepción, trabajo para unos tipos estupendos con los que no solo aprendo, sino que además me pagan y me aprecian como profesional… pero antes tuve que sufrir impagos de mi salario y alguna que otra presión sobre mis contenidos y colaboradores)

* A los profesionales de la información, para que contribuyan a desterrar prácticas que conculquen su independencia y a la denuncia de situaciones indeseables, desde unos salarios a la baja hasta el recorte sistemático de los honorarios de los colaboradores externos. (“Le doy 25 euros por un artículo.- Pero… eso es imposible, no puedo trabajar con esa tarifa.- O lo toma o lo deja, ya habrá quien sí quiera…” – leñe y sí que hay quien trabaja por eso… pero claro, ya no es información vinícola de calidad…)

* Por último, animamos a los lectores y consumidores a reclamar su irrenunciable derecho a una información de calidad, veraz e independiente. (Mira esto sí lo apoyo, pero para eso creo que tenemos que hacer una cosa: ESCUCHAROS) Estamos convencidos de que la aplicación de estas elementales reglas de compromiso y profesionalidad es el único camino para mejorar la calidad de la información vinícola en nuestro país, lo que, sin duda, será beneficioso para todos los agentes implicados en la cadena de valor del vino.

Para no terminar en negativo, os voy a dejar pensando y os regalo unas cuantas frases- tuits del crítico de vinos Andrés Proensa durante su intervención ayer en un curso universitario. Andrés es un tipo del que aprender de vino y de periodismo, que también firma el manifiesto y del que me consta pelea por una, esta vez sí, información vinícola de calidad:

También quiero dejar una imagen bonita porque yo conservo el optimismo. Quiero contar el vino sin estridencias. Por cierto, es una vista de la finca Espectacle, en Montsant (Tarragona) Precioso, ¿verdad?

También quiero dejar una imagen bonita porque yo conservo el optimismo. Quiero contar el vino sin estridencias. Por cierto, es una vista de la finca Espectacle, en Montsant (Tarragona) Precioso, ¿verdad?

“La edición es un mundo ruinoso, casi peor que ser freelance. Pero, hacemos lo que nos gusta, o sabemos hacer” Esta puede ser una de las claves. Cuando a uno le gusta lo que hace, suele hacerlo bien, mejor que si lo hace solo por pasta.

“A veces, leemos textos especializados pero no sabemos interpretarlos. En el vino hay que huir de la opacidad”. Bien dicho.

“Trato de ser lo más objetivo posible. No me arriesgo y no quiero perder lectores”. La objetividad no es posible en algo vivo como el vino. Sí la honradez al contarlo.

“La cata: a temperatura del consumo y yo la hago con etiqueta descubierta. Creo en la trayectoria del vino”. Y gracias a eso doy fe de que conoce muy bien los vinos que cata. Por eso luego sabe contarlos.

Una mujer en la Ribera (del Duero). Impresiones III: la seducción del viñedo

Acabo prácticamente de llegar otra vez de la Ribera del Duero y me siento a contar mi última etapa del viaje, que terminó en alto en lo que al vino se refiere. Visité Viña Sastre, una de las bodegas más solventes de la región gracias a “mi cara bonita”. Un buen día me encontré a su propietario, Jesús, y el inocente me dijo que me pasara a visitarle cuando quisiera. El pobre no sabía que, esta vez, me había tomado en serio su propuesta.


Suelo ser menos lanzada, pero es que la primera vez que probé los vinos de este señor me quedé bastante colgada de su Pago Santa Cruz. Desde entonces, he ido alternando mis preferencias entre este y su vino top, Pesus, pero es que pedirle encanto a un vino como Pesus es bastante sencillo (y más teniendo en cuenta que sobrepasa los 200 euros).
Una vez dejé a Tao medio pachucho, me encaminé a ver a Jesús Sastre, propietario de esta bodega que está en La Horra, provincia de Burgos, y que se jacta de tener la mayor parte del viñedo viejo que hay en la región. El hecho de que tenga viñas con más de seis décadas implica que estas plantas saben más que las jóvenes en cuanto a dar la cantidad justa de uvas, y en general, si el viñedo es de calidad, uvas excelentes. Esto, sumado a que sus terrenos están en la zona reconocida por los entendidos como la mejor de la Ribera, podéis imaginar que da como resultado un conjunto de vinazos, entre los que cuesta escoger uno (de hecho, comenta Jesús que tiene adeptos a Pesus pero también fans de Regina Vides, otro de sus grandes vinos, y quienes son adictos al Pago de Santa Cruz, y eso lo afirma mientras se toma una copa de su rosado, un vino que dice que le cuesta mucho hacer pero del que luego este hombretón de ojos sinceros se bebe, junto a su madre, casi una botella diaria).
Cuando llegué a la bodega lo hice acompañada de un enólogo, José Carlos Álvarez, que tuvo la gentileza de guiarme hasta allí y aprovechar para hacer una visita a Jesús. Cuando saludamos a la gente de la bodega, Jesús, que apenas se acordaba de mí pero luego fue haciendo memoria (no le quedó más remedio al ver mi cara dura), me preguntó: ¿qué quieres ver, bodega o viña? Podéis imaginar lo que contesté yo, que paso por unas cuantas bodegas al año y aunque muchas tienen algo que las hace especiales y distintas, en lo básico se parecen bastante. Viña, viña y viña, le dije.

¡Terroir!
Y no sabéis lo que me alegro de esa elección, porque el paseo en todoterreno por las parcelas de viñedo de La Horra ha sido, para mí, el descubrimiento de una Ribera que sabía que existía, pero jamás había visto. Pasamos por terrenos de donde se recogen algunas de las uvas con  las que se hace Vega Sicilia, uno de los vinos más prestigiosos de España, y por fincas que pertenecen a Peter Sisseck, autor de uno de los vinos míticos de la Ribera, Pingus, cuyos precios superan en ocasiones a los de un bolso de Prada.
Y llegamos a los “dominios” de Jesús, esos tesoritos de suelo naranja (por la arcilla) o grises (por las piedras) y viñas que, en ocasiones, parecían esculpidas en la tierra. Ese recorrido, que nos llevó a ver parcelas con distintos tipos de viña y de suelos, me hizo ver aún más clara la relación que encuentro entre el vino y el paisaje. A pesar de que estaban recién podadas y eran un mero esqueleto, esas cepas dibujaban un paisaje espectacular, limpio, concienzudamente ordenado cuya vista, aderezada con los comentarios sobre viticultura de Jesús y José Carlos, convirtió el paseo en una clase magistral única, al menos para mí que miraba atontada a un lado y otro y empezaba a entender por qué le salen esos vinos a Jesús. Vi claro ese concepto del que muchos hablan a veces sin saber: el terroir, esa conjunción armónica y privilegiada de suelo, viña y clima que proporciona personalidad a los vinos.

Estos son algunas de las viñas que Jesús nos enseñó. Los carteles indican el nombre de los viñedos

Estos son algunas de las viñas que Jesús nos enseñó. Los carteles indican el nombre de los viñedos

Por eso quiero aprovechar mi experiencia para recomendar a los enoturistas que, siempre que puedan, visiten las viñas y no se limiten a recorrer la bodega y ver barricas o edificaciones espectaculares: sed pesadetes e intentad que os enseñen el origen y el fundamento del carácter de un vino, ese principio que es también un final, ya que un vino honrado y sincero es capaz de transportar a quien lo bebe hasta ahí, hasta la tierra, las uvas y el cielo, y ese viaje en la copa merece siempre la pena.

Una mujer en la Ribera (del Duero). Impresiones II: De Pedrosa a Peñafiel, vinos, castillos y museos

La semana pasada sé que fui infiel, incluso a mí misma, y no escribí ni un solo post. Pido disculpas y prometo enmendarme publicando dos o tres esta semana… Y para empezar, continúo con mi experiencia ribereña, que hay más (bastante más) que contar…

Después de la visita a Convento las Claras tenía pendiente otra a una bodega que me gusta bastante desde hace años, pero que nunca había tenido la oportunidad de conocer de cerca, aunque sus vinos casi me los sé de memoria: Pago de los Capellanes.

Capellanes y la elegancia

Los hados se conjuraron para que por fin pudiera ver una de las bodegas que más me gusta (por sus vinos) de las que conozco en la Ribera del Duero. Hace años que me cruzo periódicamente con sus propietarios, Paco y Conchi, y Paco, entre vino y vino, me convoca a subir y conocer sus nuevas instalaciones. Así que, aprovechando que su nueva responsable de comunicación es una periodista amiguita, me colé, con Tao, en una de las visitas oficiales a Pago, que está en Pedrosa de Duero.

Esta viña que se ve desde dentro de la bodega fue una de las primeras que tenía la familia Rodero

Esta viña que se ve desde dentro de la bodega fue una de las primeras que tenía la familia Rodero

Bonito el paisaje de viña de Capellanes, ¿no?

Bonito el paisaje de viña de Capellanes, ¿no?

La nueva bodega lleva poco tiempo funcionando, y sus dueños han ido construyéndola paso a paso, porque, recuerdo, la principal preocupación de Paco Rodero era hacer vino. Él se ha dedicado mucho tiempo a la moda (tenía boutiques en Barcelona), pero sus raíces castellanas lo trajeron de vuelta a su pueblo, donde ahora tiene una bodega impresionante que, en cierto modo, refleja ese pasado.

Está exquisitamente decorada y tiene unas cristaleras que permiten ver un paisaje de viñedo espectacular, además de una nave de barricas que a mí se me antojó casi una pasarela donde celebrar desfiles de moda…

La nave de barricas es laaaarga e invita a un desfile de modas

La nave de barricas es laaaarga e invita a un desfile de modas

Pero, será deformación profesional, el edificio tampoco es lo que más me suele llamar la atención cuando visito alguna bodega, ya sea por placer o por trabajo. Sí me la llaman, sin embargo, las personas que hacen el vino, las que cuentan la historia y la filosofía de la bodega y, sobre todo, las viñas y los vinos, claro. Y sobre Pago de los Capellanes tengo que decir que estos últimos reflejan lo mismo que transmiten Paco Rodero y su enólogo, Paco Casas, cuando hablas con ellos: elegancia. Sí, me parece que son vinos elegantes, pero elegantes como un traje de Armani o un vestido de seda negro, desde el joven hasta su vino más exclusivo, el Parcela El Picón. Allí Tao y yo, junto con los otros visitantes, probamos unos cuantos vinos de su gama y discutimos sobre cuál nos gustaba más en ese momento. Yo, que suelo preferir uno de sus vinos más nuevos, El Nogal, esa vez me quedé con El Picón del 2004 porque, repito, aquello era como beber seda, y a cada sorbo el vino expresaba algo distinto, que no cansaba en ningún momento. Y con ese saborcito en los labios… volvimos a Peñafiel a descansar.

Visita ¿obligada?: el museo

Al día siguiente una de las visitas obligadas estando en Peñafiel fue el castillo, inmenso, que corona este pueblo encantador. Y claro, cómo no, la visita al llamado Museo Provincial del Vino que para eso somos vinoadictos, oiga.

La visita incluía un entretenido recorrido guiado por el castillo desde donde se ven bodegas cercanas, como Pago de Carraovejas y Protos, justo al pie de la montaña. Me resultó curiosa la ubicación de Protos, construida por Richard Rogers, casi al lado del cementerio del pueblo. ¿Influirá algo en el carácter de los vinos el tener a tanto ser humano cerca? Bromeo, ¿eh?

Veis que no os miento con lo del "toque humano" que acecha al edificio de Rogers...

Veis que no os miento con lo del "toque humano" que acecha al edificio de Rogers...

Pero sobre la visita al museo no pienso bromear. Mi impresión, que imagino será distinta a la de un público no profesional pero también por eso puede aportar algo de utilidad, fue que es un espacio bastante flojeras en cuanto a enseñanza sobre el vino. No digo que no merezca la pena visitarlo, pero sí insinúo que se puede seguir viviendo tranquilamente sin hacerlo. Creo que hay demasiado que leer y aunque tiene espacios divertidos como el de los aromas (para jugar a adivinar olores que no siempre están bien conseguidos, algo que, por otra parte, ocurre en espacios parecidos en otros museos vinícolas) y el de la foto pisando uva, se hace un pelín pesadete el recorrido. Eso, sin contar que tiene un error garrafal en uno de los paneles, donde califica a uno de los grandes de la enología mundial, Émile Peynaud, de ¡¡¡¡crítico de vinos!!!! Equiparándolo con Robert Parker. Eso sí que me pareció de traca en un museo cuyo fin es educar. Pues mal vamos por ahí.

Menos mal que Tao y yo pudimos hacer el tonto subiéndonos a unas cubas y posar para unas fotos, que al menos nos reímos.

Como os decía, aquí aparentamos pisar uva mientras una cámara del museo nos hace una foto...

Como os decía, aquí aparentamos pisar uva mientras una cámara del museo nos hace una foto...

Quedan más impresiones, pero sigo otro día… de esta semana.

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