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Una mujer en la Ribera (del Duero). Impresiones III: la seducción del viñedo

Acabo prácticamente de llegar otra vez de la Ribera del Duero y me siento a contar mi última etapa del viaje, que terminó en alto en lo que al vino se refiere. Visité Viña Sastre, una de las bodegas más solventes de la región gracias a “mi cara bonita”. Un buen día me encontré a su propietario, Jesús, y el inocente me dijo que me pasara a visitarle cuando quisiera. El pobre no sabía que, esta vez, me había tomado en serio su propuesta.


Suelo ser menos lanzada, pero es que la primera vez que probé los vinos de este señor me quedé bastante colgada de su Pago Santa Cruz. Desde entonces, he ido alternando mis preferencias entre este y su vino top, Pesus, pero es que pedirle encanto a un vino como Pesus es bastante sencillo (y más teniendo en cuenta que sobrepasa los 200 euros).
Una vez dejé a Tao medio pachucho, me encaminé a ver a Jesús Sastre, propietario de esta bodega que está en La Horra, provincia de Burgos, y que se jacta de tener la mayor parte del viñedo viejo que hay en la región. El hecho de que tenga viñas con más de seis décadas implica que estas plantas saben más que las jóvenes en cuanto a dar la cantidad justa de uvas, y en general, si el viñedo es de calidad, uvas excelentes. Esto, sumado a que sus terrenos están en la zona reconocida por los entendidos como la mejor de la Ribera, podéis imaginar que da como resultado un conjunto de vinazos, entre los que cuesta escoger uno (de hecho, comenta Jesús que tiene adeptos a Pesus pero también fans de Regina Vides, otro de sus grandes vinos, y quienes son adictos al Pago de Santa Cruz, y eso lo afirma mientras se toma una copa de su rosado, un vino que dice que le cuesta mucho hacer pero del que luego este hombretón de ojos sinceros se bebe, junto a su madre, casi una botella diaria).
Cuando llegué a la bodega lo hice acompañada de un enólogo, José Carlos Álvarez, que tuvo la gentileza de guiarme hasta allí y aprovechar para hacer una visita a Jesús. Cuando saludamos a la gente de la bodega, Jesús, que apenas se acordaba de mí pero luego fue haciendo memoria (no le quedó más remedio al ver mi cara dura), me preguntó: ¿qué quieres ver, bodega o viña? Podéis imaginar lo que contesté yo, que paso por unas cuantas bodegas al año y aunque muchas tienen algo que las hace especiales y distintas, en lo básico se parecen bastante. Viña, viña y viña, le dije.

¡Terroir!
Y no sabéis lo que me alegro de esa elección, porque el paseo en todoterreno por las parcelas de viñedo de La Horra ha sido, para mí, el descubrimiento de una Ribera que sabía que existía, pero jamás había visto. Pasamos por terrenos de donde se recogen algunas de las uvas con  las que se hace Vega Sicilia, uno de los vinos más prestigiosos de España, y por fincas que pertenecen a Peter Sisseck, autor de uno de los vinos míticos de la Ribera, Pingus, cuyos precios superan en ocasiones a los de un bolso de Prada.
Y llegamos a los “dominios” de Jesús, esos tesoritos de suelo naranja (por la arcilla) o grises (por las piedras) y viñas que, en ocasiones, parecían esculpidas en la tierra. Ese recorrido, que nos llevó a ver parcelas con distintos tipos de viña y de suelos, me hizo ver aún más clara la relación que encuentro entre el vino y el paisaje. A pesar de que estaban recién podadas y eran un mero esqueleto, esas cepas dibujaban un paisaje espectacular, limpio, concienzudamente ordenado cuya vista, aderezada con los comentarios sobre viticultura de Jesús y José Carlos, convirtió el paseo en una clase magistral única, al menos para mí que miraba atontada a un lado y otro y empezaba a entender por qué le salen esos vinos a Jesús. Vi claro ese concepto del que muchos hablan a veces sin saber: el terroir, esa conjunción armónica y privilegiada de suelo, viña y clima que proporciona personalidad a los vinos.

Estos son algunas de las viñas que Jesús nos enseñó. Los carteles indican el nombre de los viñedos

Estos son algunas de las viñas que Jesús nos enseñó. Los carteles indican el nombre de los viñedos

Por eso quiero aprovechar mi experiencia para recomendar a los enoturistas que, siempre que puedan, visiten las viñas y no se limiten a recorrer la bodega y ver barricas o edificaciones espectaculares: sed pesadetes e intentad que os enseñen el origen y el fundamento del carácter de un vino, ese principio que es también un final, ya que un vino honrado y sincero es capaz de transportar a quien lo bebe hasta ahí, hasta la tierra, las uvas y el cielo, y ese viaje en la copa merece siempre la pena.

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6 pensamientos en “Una mujer en la Ribera (del Duero). Impresiones III: la seducción del viñedo

  1. Muy buen articulo,si señor!!!!eres una jefa!!!!!!

  2. No esperaba menos de tu tercer post de tus viaje , Viña Sastre es una de las grandes, y seguramente la mejor bodega de la Ribera burgalesa, desde su vino mas sencillo, hasta sus vinos top que se salen en cada “ranking vinicola” , Viña Sastre demuestra añada a añada su buen hacer ; me dejas verde de envidia!
    Un saludo,
    Rafa

  3. yolanda en dijo:

    Raquel eres como un Vega Sicilia, “enganchas”, cuanto más lo bebes mas quieres!

  4. Pingback: Bitacoras.com

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