RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivar para el mes “mayo, 2012”

Whisky de colores, petacas de cognac y trastos cocteleros para animar el cotarro líquido

Hoy quiero hablar de los otros líquidos, los destilados, que en forma de cóctel o de presentaciones divertidas consiguen que me fije en ellos y me plantee, muy seriamente, bebérmelos y probarlos (animaos, leñe, que hay un montón de sabores ahí escondidos).

¿Y por qué salgo hoy con estos bailes? Pues porque quiero, ayer me mandaron una botellita de Jotabé  que me hizo pensar en esta entrada y en cómo las marcas se reinventan para llegar al consumidor.

La botellita en cuestión es una edición limitada de la misma de siempre, pero de colores. La gente del marketing de J&B ha debido de pensar que ya estaba bien del verde y la han cubierto de fundas con seis tonitos distintos. Lo que más me gusta es que es la primera vez, ¡la primera! en la historia de esta botella que se le cambia el color, desde que en 1749 se creó este whisky.

Por dentro, nada cambia, y aprovecho para contar que J&B es un whisky tipo blended (ahora os toca aprender un poco, amigos), es decir, mezcla de varios whiskies de malta y grano y de varias destilerías (os preguntaréis entonces por qué narices, si está hecho con varios whiskies y de distintas destilerías, se llama J&B: así es la ley escocesa, colegas, y este tipo de whisky se hace mezclando, de ahí su nombre). ¿Cuál es la particularidad de estos whiskies y para qué sirven? Pues suelen ser muy suaves y sin ningún aroma o sabor que destaque por encima de otros (la idea es que se tomen mezclados con refrescos o con agua), pero sí con un estilo que es marca de cada casa. Ahí está lo que más me gusta de estos líquidos, que el maestro que mezcla los whiskies tiene que hacer SIEMPRE el mismo blended con distintas materias primas. Leéis bien: SIEMPRE, año tras año el mismo whisky ,para que no pierda identidad y con ella, bebedores. Porque los hay fans del J&B, del Cutty Sark o de Ballantines precisamente por eso, su sabor distinto y único. Por hoy dejo la paliza whiskera a ver cómo la vais digiriendo.

Mola, ¿no? al menos alegran un poco la barra de bar con tanto verde y marrón oscuro…

Viendo el rosa que tengo al lado de mi mesa, me acordé entonces de otro destilado que, mucho más que el whisky, suena a viejuno total pero que a mí me encanta: el cognac. Desde hace unos tres años, cuando trabajaba para Hennessy, a esta casa se le ocurrió lanzar un invento que me pareció, y me sigue pareciendo, genial y rompedor: la petaca de cognac en forma de funda de silicona. Me encantaba porque por el módico precio de diez eurillos uno se llevaba una botellita pequeña (20 centilitros) del cognac más vendido de Hennessy e, VS, cuyo procedimiento de elaboración se parece en parte al del whisky, sobre todo en la parte de las mezclas (aunque, apunto así como quien no quiere la cosa, que el cognac se destila del vino, mientras que el whisky es un destilado de cereales, cebada, centeno, trigo, maíz…).

Las petaquitas de Hennessy en los colores de 2012... No hay rosaaaaa

Las petaquitas de Hennessy en los colores de 2012… No hay rosaaaaa (jeje, pero sí en ediciones anteriores)

Viendo la botella jotabera en rosa me he acordado de mi petaquita… también rosa y me ha apetecido inmediatamente tomarme mi mezcla favorita de cognac: con ginger ale y una rodajita de naranja o pomelo. Llamadme rancia, ¡pero me mooooola!

Y siguiendo (y terminando) con otras cosas destiladas, ayer tuve la oportunidad de grabar unos minutillos (dos para que no os canséis) a un tipo que yo comparo con Ferran Adrià pero en el mundo coctelero: Javier de las Muelas. Es un catalán con mucho magnetismo, un genio de las mezclas y con una cultura líquida que hace temblar. Ahora tiene dos locales de coctelería llamados DRY con su equipo en Madrid y en Barcelona (uno de sus puntazos es que tiene contador de Drys para llevar la cuenta de los Dry Martini que se sirven). Así que le pedí que hablara de su set de coctelería, que acaba de lanzar, y que os contara lo que es y para lo que sirve. Aquí lo tenéis.

Y aquí os dejo una imagen de los cacharros cocteleros que ha diseñado, por si tenéis que hacer un regalo a alguien u os apetece hacer un cosmopolitan, un dry martini o un mojito.

Es una chulada, ¿verdad? este, por ejemplo, es el conjunto para hacer unos mojitos, que ya apetecen.

Es una chulada, ¿verdad? este, por ejemplo, es el conjunto para hacer unos mojitos, que ya apetecen.

Cursito de inglés vinícola para iniciados de la mano de John Cleese

Una vez hecho el cambio de interfaz y mientras continúo en fase “beta” con esta nueva apariencia, me permito insertar la entrada de hoy un documental que he visto esta semana gracias a Twitter y mis amigos líquidos y que recomiendo, entre otras cosas, como una estupenda clase de inglés vinícolas para iniciados. La peli se llama “Wine for the confused” (algo así como “vino para los despistados”).

En poco menos de tres cuartos de hora este actor inglés, parte del genial grupo humorístico Monty Phyton, hace un recorrido muy básico, pero bastante útil, sobre los aspectos esenciales del vino, sobre aquello que hay que conocer de él.

Además lo hace partiendo de una base que me parece esencial, expresada en esta frase: “el único propósito de este maravilloso chisme es proporcionarnos placer”. Si no, pues apagamos y nos vamos a tomar unas limonadas.

Es consciente de que cuando nos ponemos ante un vino, a veces la sensación de estar ante algo desconocido puede ser abrumadora. No sabemos qué decir, por dónde coger la copa y temblamos solo de pensar en meter la punta de la napia y oler para captar… absolutamente nada.

Cleese hace unas pruebas a sus amigos y, como era de esperar, obtiene resultados muy distintos que le llevan a concluir que, para gustos, los vinos: “no dejéis que nadie os diga qué vino debería gustaros”, comenta en varias ocasiones. Además, ironiza con las notas de cata y las puntuaciones de revistas especializadas y sobre los prejuicios como que el vino más caro es el mejor. Se pregunta algo que seguro que muchos nos hemos cuestionado muchas veces sin obtener respuestas claras: “¿Qué vino escojo? ¿Cómo sé si un vino me gusta? ¿Cuánto debería pagar por él?” os suena, ¿verdad?

Cleese invita a sus amigos a probar vinos a ciegas en su jardín (si podéis hacer lo mismo, adelante, porque será una aventura que promete divertida) y les inicia en el vocabulario del vino, con palabras que describen de una forma sencilla y clara las sensaciones que uno ve, huele y degusta en la copa: desde seco a dulce, con frutas rojas, negras, con especias o incluso con sabores desagradables como los del pimiento y los espárragos.

El Monty Phyton recorre varias bodegas del valle de Napa, en California (si habéis visto Entre Copas os sonará este lugar) para aprender un poco más sobre las uvas y cómo se hace el vino, describiendo la fermentación, explicando nociones básicas pero muy útiles sobre elaboración y aprendiendo de los bodegueros y viticultores a qué huele habitualmente un vino procedente de unas y otras uvas. Además, resalta lo importante que es el terreno donde crecen las cepas, el clima y el entorno que rodea a las viñas (que los franceses expresan como “terroir” y que en español tiene una traducción a medio camino entre lo complejo y lo imposible). Pero todo muy sencillo, con un punto irónico… que me gusta oye.


Hay otro momento estelar y es el del vino en el restaurante con un personaje a veces confuso (porque no sabemos muy bien, en ocasiones, para qué sirve realmente): el sumiller. El tipo, si no es un buen profesional, puede tomarnos el pelo y llevarnos hacia su terreno para que pidamos el vino más caro, sin importarle nuestros gustos, o reírse en nuestra cara porque sabemos menos de vino que él (pues claro, porque saber de vino es su trabajo, no el nuestro). Pero el que es un buen sumiller te orienta, no te impone, y te ayuda, no te presiona o entorpece tus elecciones vinícolas. Y si eliges algo que se da de tortas con la comida que vas a tomar, pero es lo que quieres, se calla y te lo sirve.

Una de las últimas incursiones del prota de Un pez llamado Wanda en este documental es su paso por la tienda de vinos: esencial para todo aficionado que se precie, esté o no empezando en el vino. Ahí comenta lo importante que es tener a una persona de confianza en la tienda del barrio para que nos aconseje qué vino comprar para qué ocasión, y nos comente de dónde viene, quién lo hace e incluso nos dé alguna pista para ahorrar unos eurillos si no tenemos un paladar muy formado en torno al vino. Esta parada en la vinoteca me parece un acierto, el contar con tiendas de confianza en nuestro barrio es algo común entre los que hacemos la compra diaria, pues, ¿por qué no con el vino, del que no necesitamos estudiar una enciclopedia si depositamos nuestra fe en el sumiller que nos atienda?

El documental acaba con una cena acompañada de vinos y unos consejos sobre el servicio del vino, que cambia según se tome en una u otra copa… (Asusta, ¿no? un poco, pero para la mayoría de los mortales, unas copitas decentes de una vinoteca o de una tienda para la casa son suficientes para hacernos disfrutar.

Y las conclusiones de Cleese no pueden ser más útiles y sencillas:

1-      No dejes que nadie te imponga qué vinos tienen que gustarte

2-      Trata de aprender las palabras apropiadas para describir qué tipo de vino te gusta (por ejemplo, me gustan los vinos con sabor a fruta negra y especias, redondos y sedosos)

3-      Busca una tienda de vinos cercana donde haya gente en la que confíes y ponte a hablar de vinos con ellos.

4-      El más importante de todos: ¡DISFRUTA!

Cambiando de tema… solo por fuera

Antes de publicar el post de hoy quiero anunciar el pequeño- gran cambio de apariencia que experimenta hoy el blog. Desde hace un tiempo vengo recibiendo comentarios amables de lectores y colegas que me hablan de que a veces resulta incómodo leerme por la disposición en columnas del blog. Por eso he decidido cambiarlo un poquito en un empeño de evolucionar y hacer que se pueda leer cómodamente. Eso sí, en estos días habrá varias pruebas más para mejorar la apariencia y el acceso a los posts de forma que sea todo más fácil. Disculpad las molestias, y ¡espero vuestros comentarios!

¡Cambiemos para que nada cambie!

Los futuros plumillas líquidos

Ayer tuve la suerte (y los nervios, la presión, pero de la buena) de acudir a una clase del Curso de Periodismo Gastronómico y Nutricional que desde hace dos años se imparte en la Universidad Complutense. Fui allí para hablar de blogs de vino, contando mi experiencia bloguera y lo que pienso de la blogosfera vinícola española y extranjera. Pero además de eso, también recibí unas enseñanzas de los alumnos que, ahora, quiero contar aquí.

Yo tenía mis ejemplitos preparados, mi hojita de papel (puede una ser muy 2.0 pero sin lápiz y papel yo, desde luego, me encuentro desarmada) y me dispuse a contarles a estos chicos, muchos de ellos blogueros ya y unos cuantos “enredados” conmigo en las redes sociales sin yo saberlo, mi experiencia como blogger y cómo el periodismo vinícola me ha conducido a abrir RaqueLíquida… (y no solo a abrirlo, sino a mantenerlo, que es lo difícil). Creo que la cosa no fue del todo mal (no se durmieron) y algunos me preguntaron dudas sobre el estilo periodístico del blog o mi forma de moverlo en la red. Me encantó esa inquietud e interés por el asunto bloguero, ya que ahora creo que para el periodista, el blog es un ejercicio de estilo imprescindible, además de una herramienta poderosa para darse a conocer.

Uno de los mejores momentos fue cuando les mostré algunas vídeocatas de ejemplo y ellos opinaron de forma dispar, comentando algunos que ver el vino en la pantalla les provocaba ganas de beberlo y otros que la forma de contarlo por el catador les dejaba fríos porque no entendían el lenguaje… me dio bastante que pensar, y esas dudas son las que de momento me impiden enseñaros mi careto en una cata grabada…

Pero lo que me gustó es que también pude aprender de ellos y con ellos, a ver sus caras cuando les hablaba (alguno me había leído, pero la mayoría no) y tratar de palpar se esos mismos alumnos podrían interesarse tanto por el vino y otros líquidos como para dedicarse a ellos, del todo o en parte. Porque ese interés, el de los nuevos profesionales, por el vino, marcará el futuro del periodismo y la comunicación vinícola. Ese y el modo de transmitirlo a los lectores y consumidores.

No quiero enrollarme hablando de periodismo en un blog donde lo que trato es de contar historias y experiencias, pero me da que pensar, porque lo que siempre me pregunto cuando escribo mis líneas blogueras es si les interesará a los lectores y seguidores. Lo mismo que el vino.

Ya me he planteado alguna vez si hay una ruptura, un puente roto entre los que hablamos y los que escuchan sobre vino y destilados, y me temo que lo hay. Pero no puedo menos que ser optimista viendo a chicos como estos que están dispuestos a contar sus historias líquidas, que van conformando su estilo de trabajo al hablar de vinos y gastronomía, y que se enfrentan al reto de conquistar a los lectores. Porque ese es, y seguirá, siendo el reto. Con papel, con redes, con bytes o con su careto ante una cámara.

Aquí la directora del curso, Yanet Acosta, con @Pintxo (Daniel Martínez) y yo en el centro tras la clase

Aquí la directora del curso, Yanet Acosta, con @Pintxo (Daniel Martínez) y yo en el centro tras la clase

Burbujas de Cava y buen rollito… tan Agustí-To

Hoy no me apetecen ni polémicas ni comeduras de tarro. Así que en el día en que se celebra la libertad de expresión y tras haber aplaudido un manifiesto (este un poquito menos llorón y algo más serio) sobre los problemas que nos afectan a los periodistas (sí, a los del vino también nos pagan poco, nos quieren dar la información masticada y se niegan muchas veces a darnos cifras para que no sepamos demasiado), voy a poner un víodeo que grabé el otro día con el móvil mientras tomaba un cava en VadeBaco y celebraba un estupendo día de fiesta y reencuentro.

Son, simplemente, burbujas ascendiendo, que me dieron entonces, y me dan al volver a verlas subir, buen rollito. Espero que a vosotros os transmita lo mismo.

 

Ah, por cierto, el cava es Agustí Torelló, excusa perfecta para jugar con las palabras del titular, pues realmente se estaba tan Agusti-To tomándolo en la tranquilidad de la tarde.

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