RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivar para el mes “junio, 2012”

¿Cuándo un líquido vale lo que cuesta?

Estos días he tenido la oportunidad de probar líquidos que no están al alcance de mucha gente, y menos ahora cuando los bolsillos de media España están con poco más que monedas de céntimo a fin de mes. Hablo de precios que muchos querrían de sueldo, y me han hecho preguntarme si esos vinos, destilados y hasta refrescos valen lo que cuestan, y cómo saber qué precio se ajusta a lo que ofrecen o es parte de una bien tejida estrategia de marketing. Estoy hablando de Teso La Monja, Hennessy Paradis Imperial y Tónica Markham.

Justo hace un momento estaba hablando por chat con una amiga acerca de un vino que probamos juntas. Me decía: “Está bueno, pero, a mi juicio (escaso), ¡no vale lo que cuesta!”. El vino en cuestión sobrepasa los 100 euros en una tienda, y es probable que los 200 en un restaurante.

Un gran vino a un precio ¿grande?

Pero voy a ir más allá. Gracias a una suerte de casualidades, conseguí incluirme en la limitadísima lista de periodistas del vino que acudieron a la cata de la última creación de la familia Eguren, un vino de Toro que se llama Teso La Monja. Es un vino que procede de viñas cuidadísimas (los Eguren fueron unos pioneros en Toro elaborando los excelentes Numanthia y Termanthia, de los que se enamoró el grupo de lujo LVMH y les compró la bodega, cuentan, por una suma irrenunciable), y todas, todas, con un sistema de cultivo, la agricultura biodinámica, que es más costosa que una viticultura al uso, porque prescinde de muchos elementos químicos y la viña necesita muchísima más vigilancia, más cuidado diario, para evitarse muchos de los peligros que la acechan (no voy a explicar más porque no quiero que os durmáis al ritmo de la biodinámica).

Este es Teso La Monja 2008, en una ocasión histórica para una frikilíquida como yo...

Este es Teso La Monja 2008, en una ocasión histórica para una frikilíquida como yo…

A este costosísimo trabajo en el campo, en una parcela enana, se une una vendimia al milímetro, separando cada grano de uva y seleccionando solo los mejores, y una fermentación maloláctica en un tino de roble francés en forma de huevo que una casa tonelera ha diseñado a propósito y en exclusiva para la bodega. La otra fermentación, la alcohólica, la hizo el vino en otro tino con forma troncocónica, de manera completamente artesanal (la uva se ha estrujado a mano… todo se ha hecho manualmente). En este tiempo, de casi medio año, también se siguieron las pautas biodinámicas, el biorritmo del vino. Esto exige un conocimiento de la agricultura y de la elaboración enormes, no cualquiera puede, ni sabe, hacerlo.

Después llegó el envejecimiento en madera, el menos costoso al tratarse únicamente de tres barricas (no había más líquido que extraer de las uvas de la parcela), que fue de otros dos años, y la crianza en botella, que calculo en torno a un año más, teniendo en cuenta que el vino se presentó en una feria profesional el pasado mes de marzo.

Bien, ahora llega la cuestión: este vino, que cuenta Eguren que está elaborado para contarse entre los grandes vinos del mundo, a la altura de El Bulli si hablamos de gastronomía, tiene un precio aproximado de 900 euros. Ya os he dicho que algunos los quisieran de sueldo… Y Marcos Eguren insiste en que no es un vino caro. ¿Lo es? ¿Cómo saber si vale lo que cuesta? El crítico de vinos Andrés Proensa dice que el tópico de la relación calidad- precio no existe porque hay elementos en el producto vino que no son cuantificables. ¿Cómo se mide el placer? Como no quiero dar notas de cata ni complicaros la vida con palabros especializados, diré que me pareció un vino completo, desde el principio hasta el final de la degustación.

Por eso, aunque preveo que muchos de vosotros pensaréis que no es solo caro, sino carísimo, yo no lo tengo tan claro. Además, he revisado precios de algunos de los vinos más prestigiosos y buscados del mundo (no me he metido en cosechas extintas ni en vinos de coleccionista), tipo Château d’Yquem, Pétrus, Romanée Conti o algún Krug, y sus precios son muy superiores, algunos llegan a los 4- 5.000 euros. Esos vinos son caros, pues, ¿no? ¿Cuánto hay de lujo, que es más bien aire, exclusividad y romanticismo, en esos precios? Está claro que en el vino de Eguren no hay tanto de eso, a juzgar por cómo se ha elaborado.

La otra cuestión es ¿lo pagaríais por un vino español? ¿O como es nuevo y no tiene la trayectoria de los franceses que os he contado, aún esperaríais si tuvierais esa pasta para comprarlo? No son muchas botellas las que hay a la venta de Teso La Monja, pero en 15 días se vendió el 80% de ellas, y hay quien me ha confesado que se lo pensó demasiado antes de comprarlas y ahora se lamenta por haberse quedado sin ellas.

Más líquidos de precio elevado

A principios de esta semana he probado también un cognac de 1.600 euros, y del que solo hay cinco botellas en España (me pregunto si contaron también la que empezamos en la cata a la que me convocaron). Este, de la casa Hennessy, se describe como una mezcla especial de aguardientes viejísimos que el maestro de bodega (en Cognac las naves donde reposan los aguardientes se llama chais, pero bodega es la palabra que mejor encuentro para traducir el término) ha escogido inspirándose en una edición que su antepasado (en estas casas los oficios muchas veces pasan de una generación a la siguiente) elaboró por encargo para el 42º cumpleaños del Zar Alejandro I. Nada menos. Nada menos por 1.600 euros, un sueldo algo mejor que los 900 del Teso La Monja.

La botella es de cristal de Baccarat, y no os imaginais el cuidado que pusieron al servir el cognac...

La botella es de cristal de Baccarat, y no os imaginais el cuidado que pusieron al servir el cognac…

La cuestión es que, o se me escapan muchos detalles sobre cómo se ha hecho, o el valor que le veo a este cognac (sin entrar, como antes, en el placer que me proporciona) es el de guardar durante más de cien años, en damajuanas, aguardientes que han pasado hasta Guerras Mundiales. También, claro, veo la inmensa sabiduría de un tipo con una memoria y una capacidad sensorial prodigiosa. Y no puedo evitar ver una botella que debe de costar un pastón, donde se guarda este cognac. En conjunto, veo lujo, que al fin y al cabo es la esencia de la casa. De nuevo ¿vale lo que cuesta? ¿O el precio es una señal para expresar implícitamente “tú, clase media, apártate de este líquido”? Ahí lo dejo…

Termino con una tónica que también tiene, en comparación con otras marcas, un precio elevado. Pero para que veáis que soy optimista, creo que es un precio que cualquiera de nosotros se puede permitir, al menos una vez, para darse un lujo, un caprichito, eso sí, si os gusta, claro.

Se llama Markham y cuesta… ¡dos euros! Nada mal para desembolsarlos y hacerse con un pack para casa, pero con un precio que triplica o cuadriplica el de una tónica normal… ¿Qué habría que esperar de ella? ¿Qué tuviera música, como decía mi madre antes?

Aquí quiero llamar la atención sobre cómo la moda del gin&tonic está influyendo en que aparezcan no solo ginebras Premium por todos lados, sino tónicas de este tipo que basan su precio en una adición de aromas o “botánicos” y en la quinina natural como parte de su composición, lo que les da un aire muy exótico y, además, justifica su precio. Además, pensad en que hay que mezclarla con ginebra que para eso se ha creado, y claro, la ginebra no va a ser menos que la tónica… y hay que aderezar el combinado con algún cítrico, si puede ser, también con un punto de lejanía y exotismo… Vamos, que el gin&tonic puede salir, hasta en casa, por un piquito…

La botellita en cuestión... con su elefante para dar buen rollo

La botellita en cuestión… con su elefante para dar buen rollo

Pero, por dos eurillos, ¿Quién no se da un lujo? Doy fe a quien me quiera creer (esta también la he probado) de que está muy buena y tiene un sabor muy auténtico, un amargor que para nada desagrada. Porque para amargores desagradables ya está la crisis.

Cosas que deberías saber sobre el mojito

Como es viernes, estamos ya en verano y a muchos ya les huele la oficina, la casa y hasta la ropa a vacaciones, me apetece hablar de un cóctel que (casi) todo el mundo conoce: el mojito, un cóctel que se bebe por todas partes pero del que igual no se conocen algunos detalles. Bien, aquí van las diez cosas que deberías saber sobre tu mojito.

1-      Es cubano. Allí nació el primer mojito tal cual, con su ron, su azúcar y su canesú, y parece ser que fue un español afincado en una de las playas de la isla quien lo preparó por primera vez.

2-      Tiene un antecedente en el barco pirata de Francis Drake y también en los esclavos que trabajaban en Cuba los campos de caña de azúcar, así que sus padres son un preparado llamado Draquecito y una bebida a base de melaza, miel y lima llamada canchánchara. El nombre también es un misterio, y puede aludir desde un conjuro a una salsa para aliñar guisos.

3-      Por tanto, NO se lo ha inventado ninguna marca, ni nadie que entonces (siglo XIX) trabajara para alguna de las destilerías de ron que había en Cuba (Havana, Bacardi…). Así que cuando hablan de “auténtico mojito” lo que hacen es echarle morrete a la lucidez del tipo que se lo inventó. Otra cosa es que el ron con el que se preparara el primer mojito fuera, obviamente, una marca de ron cubano. De cajón estando en Cuba, ¿no?

Ron blanco u oscuro... como te guste. Experimenta

Ron blanco u oscuro… como te guste. Experimenta

4-      No importa con qué ron le guste a uno, por más que digan los puristas. Si te apetece con ron blanco (que aunque sea transparente ha estado varios años añejando en barrica, solo que está filtrado y no tiene color), bien; si te gusta más el toquecito más tostado del ron oscuro, pues también vale. Ambos son mojitos, y no te dejes convencer de lo contrario. Eso sí, mejor que el ron no sea agrícola, pero no voy a entrar hoy en eso que llega el verano.

5-      Puede llevar limón, pero también lima, máxime teniendo en cuenta que al otro lado del océano al limón lo llaman lima y a la lima… limón, así que… para gustos. Lo mismo que con el tipo de ron, va en gustos o momentos.

6-      La menta es tan válida en el mojito como la hierbabuena, y dependiendo de la planta aromática que se use, el resto de ingredientes deberá estar en consonancia para que el mojito sea equilibrado en sabor… y en aroma. El papel de las hierbas no es decorar, sino aportar aromas, y que nada más meter la nariz en el vaso ancho (bendito vaso ancho) para meter la napia y empezar a disfrutar del mojito… mmmm (boca agua).

7-      Es muy importante que el hielo, cuando te preparen un mojito por el que te vayan a cobrar una buena cantidad de euros, no esté derretido, por lo que el barman en cuestión ha de ser muy rápido al prepararlo. No mola nada un mojito aguado y con el hielo picado que suele llevar a este lado de La Tierra (en Cuba hay quien lo prepara con piedras de hielo) hay que tener mucho ojo. Si se derrite un poco antes de echar el contenido (35 grados fuera del bar pueden hacer estragos) se escurre, y cuando ya está casi preparado conviene que el barman nos eche hielo de nuevo antes de colocarnos la ramita decorativa de hierbabuena o menta.

8-      Sí, se puede hacer en casa. Y sí, recomiendo aprender antes a hacerlo. Yo aprendí mucho con un gran barman que encima sabe enseñar a torpes como yo sin perder los nervios. Se llama Miguel Figueredo y los que vivan en Madrid pueden aprender con él en The Cocktail Room, además de comprarse todos los instrumentos que hacen falta para prepararlo en casa…

9-      Los seudomojitos de grifo y botella son como esas fabadas de lata, que pueden estar muy buenos pero no son auténticos, aunque solucionen más que bien la papeleta de un manazas metido a barman en una fiesta casera. Son dignos, oye, pero no son mojitos de verdá de la güena.

10-   Tened esto claro: por más que se vean carteles con tiza de mojitos a dos pavos, el mojito ES un cóctel auténtico, documentado, elaborado en los mejores locales del mundo, respetado por los barmans y que además… está muy rico.

Aquí os dejo una recetita mojitera según me enseño Miguel:

–          Seis o siete hojitas de hierbabuena o menta sueltas para el fondo y un par de hojas con ramita para decorar

–          22,5 ml. De zumo de lima (media lima grande aprox.)

–          Dos cucharaditas de jarabe de azúcar

–          50 ml. De ron

–          Un “top” de soda (unos dos dedos)

–          Hielo picado

–          Vaso “long drink”

Golpear con la palma de la mano las hojitas de hierbabuena para que suelten aroma y colocar en el fondo del vaso con una pizca (no todo) de zumo de lima. Golpear sin destrozar las hojas y añadir el resto del zumo, el jarabe de azúcar y el hielo hasta colmar el vaso. Añadir el ron e, inmediatamente después, la soda. Echar más hielo, todo el que aguante el vaso, remover con una cuchara larga y delicadeza para mezclar los ingredientes y decorar con las ramitas de hierbabuena en el centro. Listo para tomar.

Este ha sido mi primer mojito... ooooh

Este ha sido mi primer mojito… ooooh

 

 

Tío Pepe, quédate

Tío Pepe, quédate

Hoy me asomo un poco por aquí para mostrar mi apoyo al cartel de Tío Pepe. Yo quiero que se quede. Me parece que su aire rancio y su porte erguido son ya inmortales, y que haber sobrevivido a Gallardón le hace merecedor de un lugar bien alto en la Puerta del Sol. No me parece justo que sea Jobs quien se lo cargue (a título póstumo encima) para poner su manzanita mordida, Tío Pepe es una manera divertida y nostálgica de recordarnos que somos un país de vinos únicos como este, que verdaderamente es “Sol de Andalucía embotellado”, hasta en momentos como el de la imagen, en los que la lluvia lo tiñe con tonos grises. Tío Pepe, quédate.

La terrible (o no tanto) mudanza líquida, ¡bendito destockaje!

Hoy de nuevo quiero pedir disculpas por no haber aparecido por aquí la semana pasada, pero una mudanza que ahora me ha dado independencia, entonces me arrebató la mayor parte del tiempo y los nervios. Pero como de todo se aprende, hoy quiero compartir mi armario líquido con vosotros, una vez lo tengo, más o menos, ordenado.

La semana pasada me cambié de casa, sí, y una de mis mayores preocupaciones fue qué haría con los vinos y destilados que me acompañan (y a los que adoro, porque todos me enseñan algo) en mis andanzas, mis textos y mis momentos de deleite (sobre todo eso). Porque a lo largo de los años que llevo en el mundo vinícola y de los espirituosos (palabra que uso muy poco por aquí porque me suena un pelín rancia), he atesorado, y sigo atesorando, una nada desdeñable cantidad de líquidos, vinos, rones, ginebras, vodkas, cognacs, whiskies, licores varios… que he catado y que utilizo en mis reportajes y experiencias. Son tantos que no me había dado cuenta hasta que llegó el momento de trasladarlos. Porque una, que es una obrera monda y lironda, no puede darse el lujo de tenerlos en una cava privada, pero tampoco quería que mis líquidos corrieran el riesgo de derramarse en las manos de los obreros mudanceros, con mi consiguiente disgusto.

¿Qué hice?

Ja, lo primero que se me ocurrió fue una idea que, si estáis en un caso parecido, os recomiendo. Pero para eso os hacen falta amigos bebedores: como tenía que liberarme un poco de tanta botella deliciosa, y como me niego en redondo a que ninguna se pierda sin ser disfrutada (si hay cata previa, nos bebemos el resto con un picoteo o lo que sea, pero en MI casa TODAS las botellas se abren y se prueban), se me ocurrió convocar a amigos y gente buena para un destockaje: vamos, lo que viene siendo una fiesta en casa para abrir y beberse unas cuantas botellas de vino. En este caso, como tenía cierto “sobrestock” de vinos blancos jóvenes, que son los que menos vida tienen, y aprovechando las fechas más que apropiadas para echarse unos blanquitos al gaznate, preparé una veintena de botellas para otros tantos invitados, pensadas para disfrutar a lo largo de unas cuantas horas (no penséis que se trataba de inyectarse alcohol en vena). E hice un trato con los amigos: yo pongo el vino y las patatuelas fritas, y vosotros traéis el picoteo que os apetezca.

Estos son los blanquitos del destockaje, para (casi) todos los gustos

Estos son los blanquitos del destockaje, para (casi) todos los gustos

Así lo hicimos, y mis amigos disfrutaron de unos cuantos vinos (todos ellos distintos, desde godellos y albariños hasta verdejos, garnachas blancas, blancos fáciles, alguna sorpresita y algún mencía joven) que de otro modo, en una cena normal, no podrían (muchos de ellos beben vino, pero sobre todo en cenas fuera de casa o por copas en tabernas). Claro, que yo creo que fui la que más disfrutó teniendo lo que más me gusta conmigo: mis líquidos y mis amigos.

... Y estos los tintos por si había algún disidente antiblancos (y como background porsilasmoscas)

… Y estos los tintos por si había algún disidente antiblancos (y como background porsilasmoscas)

Pero…

Después, como dicen en mi pueblo, “llegó Paco con la rebaja” y tocó trasladar los vinos y destilados que sobrevivieron al destockaje. Vamos, unos cuantos. Pero gracias a la inestimable ayuda del liquidófilo que anda detrás de Disfrutarelvino, uno de los grandes interesados en que los vinos llegaran con buen pie a la nueva casa, la mudanza líquida pudimos completarla con tan solo unos cuantos dolorcillos de espalda y riñones.

Primero tuvimos que conseguir (yo no, él) unas cuantas cajas de vino donde meter esa ingente cantidad de botellas (ingente para una casa normal de una persona, insisto, que seguro que en las casas de los coleccionistas hay más, pero…). Al principio no parecía aquello tan grave, pero aparecieron botellas por todos lados y aunque calculamos cajas para que sobraran… anduvimos justitos, entre vinos, licores y otros inflamables.

Y de las cajas… al coche, que hubo que mover todas las botellas con mucho cuidado para que los vinos (sobre todo los vinos) sufrieran lo menos posible. El camino a la nueva casa lo hicimos pensando que cualquier chispita, por pequeña que fuera, nos haría saltar en pedazos, tan cargados de alcohol íbamos…

El resto es historia, porque después de unas cuantas horas de curro sacando las botellas de las cajas (y preguntándome por qué narices me gusta tanto a mí el mundo líquido, con lo que pesay ocupa, pero es como el saber… o no), mis brebajes están ya ordenaditos en un mueble que parece hecho para ellos, y los vinos han encontrado un huequito donde no sufrirán de una luz muy intensa ni de cambios demasiado bruscos de temperatura, esperando otra vez a los amigos que quieran compartirlos conmigo.

Moralejas:

–          Amigos, bebed cuanto podáis, no desechéis una buena ocasión para descorchar una botella en compañía, que luego llegan las mudanzas y el almacenaje se vuelve un caos.

–          Un destockaje de vez en cuando es la excusa perfecta para reunir amigos e intercambiar opiniones, gustos y preferencias sobre vinos, copas, combinados…

–          Si os mudáis, no está tan mal trasladar vuestra bodega vosotros mismos, sobre todo para hacer músculos en piernas y brazos.

Y a disfrutar de la nueva casa con un brindis, ¿no?

... Da un gustito tener ordenaditos los destilados, mmmm

… Da un gustito tener ordenaditos los destilados, mmmm

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