RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

¿Cuándo un líquido vale lo que cuesta?

Estos días he tenido la oportunidad de probar líquidos que no están al alcance de mucha gente, y menos ahora cuando los bolsillos de media España están con poco más que monedas de céntimo a fin de mes. Hablo de precios que muchos querrían de sueldo, y me han hecho preguntarme si esos vinos, destilados y hasta refrescos valen lo que cuestan, y cómo saber qué precio se ajusta a lo que ofrecen o es parte de una bien tejida estrategia de marketing. Estoy hablando de Teso La Monja, Hennessy Paradis Imperial y Tónica Markham.

Justo hace un momento estaba hablando por chat con una amiga acerca de un vino que probamos juntas. Me decía: “Está bueno, pero, a mi juicio (escaso), ¡no vale lo que cuesta!”. El vino en cuestión sobrepasa los 100 euros en una tienda, y es probable que los 200 en un restaurante.

Un gran vino a un precio ¿grande?

Pero voy a ir más allá. Gracias a una suerte de casualidades, conseguí incluirme en la limitadísima lista de periodistas del vino que acudieron a la cata de la última creación de la familia Eguren, un vino de Toro que se llama Teso La Monja. Es un vino que procede de viñas cuidadísimas (los Eguren fueron unos pioneros en Toro elaborando los excelentes Numanthia y Termanthia, de los que se enamoró el grupo de lujo LVMH y les compró la bodega, cuentan, por una suma irrenunciable), y todas, todas, con un sistema de cultivo, la agricultura biodinámica, que es más costosa que una viticultura al uso, porque prescinde de muchos elementos químicos y la viña necesita muchísima más vigilancia, más cuidado diario, para evitarse muchos de los peligros que la acechan (no voy a explicar más porque no quiero que os durmáis al ritmo de la biodinámica).

Este es Teso La Monja 2008, en una ocasión histórica para una frikilíquida como yo...

Este es Teso La Monja 2008, en una ocasión histórica para una frikilíquida como yo…

A este costosísimo trabajo en el campo, en una parcela enana, se une una vendimia al milímetro, separando cada grano de uva y seleccionando solo los mejores, y una fermentación maloláctica en un tino de roble francés en forma de huevo que una casa tonelera ha diseñado a propósito y en exclusiva para la bodega. La otra fermentación, la alcohólica, la hizo el vino en otro tino con forma troncocónica, de manera completamente artesanal (la uva se ha estrujado a mano… todo se ha hecho manualmente). En este tiempo, de casi medio año, también se siguieron las pautas biodinámicas, el biorritmo del vino. Esto exige un conocimiento de la agricultura y de la elaboración enormes, no cualquiera puede, ni sabe, hacerlo.

Después llegó el envejecimiento en madera, el menos costoso al tratarse únicamente de tres barricas (no había más líquido que extraer de las uvas de la parcela), que fue de otros dos años, y la crianza en botella, que calculo en torno a un año más, teniendo en cuenta que el vino se presentó en una feria profesional el pasado mes de marzo.

Bien, ahora llega la cuestión: este vino, que cuenta Eguren que está elaborado para contarse entre los grandes vinos del mundo, a la altura de El Bulli si hablamos de gastronomía, tiene un precio aproximado de 900 euros. Ya os he dicho que algunos los quisieran de sueldo… Y Marcos Eguren insiste en que no es un vino caro. ¿Lo es? ¿Cómo saber si vale lo que cuesta? El crítico de vinos Andrés Proensa dice que el tópico de la relación calidad- precio no existe porque hay elementos en el producto vino que no son cuantificables. ¿Cómo se mide el placer? Como no quiero dar notas de cata ni complicaros la vida con palabros especializados, diré que me pareció un vino completo, desde el principio hasta el final de la degustación.

Por eso, aunque preveo que muchos de vosotros pensaréis que no es solo caro, sino carísimo, yo no lo tengo tan claro. Además, he revisado precios de algunos de los vinos más prestigiosos y buscados del mundo (no me he metido en cosechas extintas ni en vinos de coleccionista), tipo Château d’Yquem, Pétrus, Romanée Conti o algún Krug, y sus precios son muy superiores, algunos llegan a los 4- 5.000 euros. Esos vinos son caros, pues, ¿no? ¿Cuánto hay de lujo, que es más bien aire, exclusividad y romanticismo, en esos precios? Está claro que en el vino de Eguren no hay tanto de eso, a juzgar por cómo se ha elaborado.

La otra cuestión es ¿lo pagaríais por un vino español? ¿O como es nuevo y no tiene la trayectoria de los franceses que os he contado, aún esperaríais si tuvierais esa pasta para comprarlo? No son muchas botellas las que hay a la venta de Teso La Monja, pero en 15 días se vendió el 80% de ellas, y hay quien me ha confesado que se lo pensó demasiado antes de comprarlas y ahora se lamenta por haberse quedado sin ellas.

Más líquidos de precio elevado

A principios de esta semana he probado también un cognac de 1.600 euros, y del que solo hay cinco botellas en España (me pregunto si contaron también la que empezamos en la cata a la que me convocaron). Este, de la casa Hennessy, se describe como una mezcla especial de aguardientes viejísimos que el maestro de bodega (en Cognac las naves donde reposan los aguardientes se llama chais, pero bodega es la palabra que mejor encuentro para traducir el término) ha escogido inspirándose en una edición que su antepasado (en estas casas los oficios muchas veces pasan de una generación a la siguiente) elaboró por encargo para el 42º cumpleaños del Zar Alejandro I. Nada menos. Nada menos por 1.600 euros, un sueldo algo mejor que los 900 del Teso La Monja.

La botella es de cristal de Baccarat, y no os imaginais el cuidado que pusieron al servir el cognac...

La botella es de cristal de Baccarat, y no os imaginais el cuidado que pusieron al servir el cognac…

La cuestión es que, o se me escapan muchos detalles sobre cómo se ha hecho, o el valor que le veo a este cognac (sin entrar, como antes, en el placer que me proporciona) es el de guardar durante más de cien años, en damajuanas, aguardientes que han pasado hasta Guerras Mundiales. También, claro, veo la inmensa sabiduría de un tipo con una memoria y una capacidad sensorial prodigiosa. Y no puedo evitar ver una botella que debe de costar un pastón, donde se guarda este cognac. En conjunto, veo lujo, que al fin y al cabo es la esencia de la casa. De nuevo ¿vale lo que cuesta? ¿O el precio es una señal para expresar implícitamente “tú, clase media, apártate de este líquido”? Ahí lo dejo…

Termino con una tónica que también tiene, en comparación con otras marcas, un precio elevado. Pero para que veáis que soy optimista, creo que es un precio que cualquiera de nosotros se puede permitir, al menos una vez, para darse un lujo, un caprichito, eso sí, si os gusta, claro.

Se llama Markham y cuesta… ¡dos euros! Nada mal para desembolsarlos y hacerse con un pack para casa, pero con un precio que triplica o cuadriplica el de una tónica normal… ¿Qué habría que esperar de ella? ¿Qué tuviera música, como decía mi madre antes?

Aquí quiero llamar la atención sobre cómo la moda del gin&tonic está influyendo en que aparezcan no solo ginebras Premium por todos lados, sino tónicas de este tipo que basan su precio en una adición de aromas o “botánicos” y en la quinina natural como parte de su composición, lo que les da un aire muy exótico y, además, justifica su precio. Además, pensad en que hay que mezclarla con ginebra que para eso se ha creado, y claro, la ginebra no va a ser menos que la tónica… y hay que aderezar el combinado con algún cítrico, si puede ser, también con un punto de lejanía y exotismo… Vamos, que el gin&tonic puede salir, hasta en casa, por un piquito…

La botellita en cuestión... con su elefante para dar buen rollo

La botellita en cuestión… con su elefante para dar buen rollo

Pero, por dos eurillos, ¿Quién no se da un lujo? Doy fe a quien me quiera creer (esta también la he probado) de que está muy buena y tiene un sabor muy auténtico, un amargor que para nada desagrada. Porque para amargores desagradables ya está la crisis.

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9 pensamientos en “¿Cuándo un líquido vale lo que cuesta?

  1. El precio lo pone la oferta y la demanda, por eso algunos vinos franceses, con muchas más historia y tradición que este Teso la Monja valen tanto.
    A mi me parece una jugada de marketing, nada más. Pero si es marketing que no lo adornen con biodinámica, el tino de roble en forma de huevo o hacer trasiegos teniendo en cuenta la luna… podrían decir que lo embotellaron también a mano o que las pegatinas las pusieron a mano una a una solo en horas impares. Cuando se habla de eso para argumentar el precio no sé cuál es la reacción de la gente, pero a mi me da la risa floja. A ver cuándo una cata del mismo vino fermantado en huevo y en otro depósito más convencional… igual pasa como con la cata de Proensa de lo s días flor, hoja, raíz…

    • Claro que es una cuestión de oferta, demanda, y en el caso de los vinos franceses de los que hablamos, de historia… Pero tampoco olvidemos que esa historia cuesta al consumidor varios cientos, a veces miles, de euros. Estrictamente, ese es el mejor marketing. Otro de los asuntos es cuánto de adorno tiene el asunto de la elaboración del vino, desde la tierra hasta la etiqueta, y cuánto de coste real y de poesía. Sin duda el marketing rodea y mucho a este tipo de productos pero a lo que voy es a cuánto de ese precio está justificado por una elaboración, un cuidado, un saber hacer, un conocimiento (hay que pagarlo también) y cuánto es puro romanticismo, llámalo historia en el caso de los vinos míticos del mundo. El mito es de lo más caro que se mueve en el mercado…

  2. Alberto en dijo:

    Gracias Raquel de nuevo por invitarnos a una reflexión recurrente sobre el vino: su valor y su precio.

    Respecto al PRECIO, entendido como aquel importe económico que cubre los costes de producción (elaboración) + una parte de la amortización de locales, maquinarias e instalaciones + un lícito margen comercial (el “razonable”) para que asegure la continuidad de la empresa y permita las inversiones necesarias para su desarrollo, a 900 € significa que la familia Eguren tienen un ‘alto concepto’ de cuál debe ser su margen comercial. Solo déjame hacerte una multiplicación y una reflexión.

    La multiplicación es 3 barricas x 300 L = 900 L = 1.200 botellas x 900€/bot = 1.080.000 € (1 milloncejo al redondeo).

    La reflexión: llenar 30 barricas (900 L) se hace con unos 1.500 Kg de uva. 1.500 Kg de uva, por muy poco productivo que sea el viñedo, esos 1.500 Kg salen en bastante menos de 1 hectárea. Vale, ahora, al millón de euros le quitas ese “margen comercial” que lícitamente “decidimos ganar” (digamos un 50%, o sea, que nos queden 500.000 € de beneficio, no está mal ¿eh?) significa que tenemos 500.000 € disponibles para gastarlos todos en hacer el vino; esto es, en pagar a alguien (1-2 personas¿?) full-time para mantener el viñedo y hacer los trabajos oportunos (¿digamos unos 60.000 € en salarios?) + barricas (3×1.200 = 3.600) + amortización instalaciones (1/20 parte de la inversión, o sea unos 300.000/ 20 = 15.000) + botellas, tapones, etc… (1.200 x 1 = 1.200)… hasta aquí llevo “gastados” (60.000 + 3.600 + 15.000 + 1.200) unos 80.000 y creo que hemos contemplado el 90% de los costes. Aun nos quedan por gastar más de 400.000 € (aunque me haya dejado alguna partida importante, ¿ves lo que nos “sobra” aun sin gastar?)…..y nos siguen quedando además los 500.000 que hemos decidido que sea nuestro margen…..¿sigo? Creo que no, que queda ilustrado. Un vino a 900 € tiene un precio altísimo, porque el “margen lícito” a este precio es como el que presta hoy dinero al España con la Prima de Riesgo a 560 puntos básicos: de usura, desmedido.

    Respecto al VALOR, olvídate de todos los números anteriores y disfruta bebiendo. ¿El placer que te da beber ese vino te merece el desprenderte de 900 €? Pues ese vino lo vale. ¿que no? es caro, no lo vale en tu caso. A mí me vale pagar 60 € por esquiar 1 día en Vaqueira y no me vale pagar 20€ por entrar en la disco más pija de Barcelona (de momento). El VALOR es emocional y por tanto, personal, subjetivo, y por tanto no cuantificable, ni discutible. Y cada uno da VALOR a lo que quiere.

    En resumen, a tu pregunta-reflexión de si un vino cuesta lo que vale siempre será DEPENDE (de para quién), y nunca Sí o NO. Por lo tanto, no nos lo preguntemos más y que cada uno haga con sus dineros lo que le plazca.

  3. Una vez me dijeron que un vino vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por el. Y también me han dicho que un vino tiene una buena RCP si volverías a pagar por el lo que te ha costado.
    En todo lo que argumentáis, y con lo que estoy en la mayor parte de acuerdo, echo en falta algo que es lo que actualmente marca el precio de muchos vinos de renombre mundial: la especulación.
    El negocio en zonas como Burdeos está bastante claro. Una añada si y otra también es la “añada del siglo”. Los bodegueros empiezan a vender en primeur a precios bastante cargados, los especuladores acumulan cajas y cajas y van incrementando precios a medida que la expectación por poder disponer de una botella de esta “añada mítica” va creciendo. Y así la bola va rodando hasta que, como en 2010, Cheval Blanc sale en primeur a 1300€ y Ausone a 2000€.
    Yo lo más que he gastado en un Burdeos Cru Classé ha sido sobre 60€ (Montrose, Léoville Barton). Y lo que he bebido me ha hecho sentir que fue un dinero bien invertido.
    Saludos.

  4. Reblogged this on Ver, Comer Y Beber and commented:
    Reflexiones para compartir.

  5. Ricardo Aguilar en dijo:

    Escribes con madre!! =)
    Hablando de los vinos franceses, hay que notar que dijiste entre 4-5 mil euros, cuando en restaurantes como el Louis XV en Mónaco, los precios ascienden hasta los 12,400 euros una botella de Petrus, del ’82 si mal no recuerdo.

    • ¡Gracias Ricardo! Pero cuando hablo de esos precios no me refiero a restaurantes sino a precios en tiendas que he buscado en webs de España, como Lavinia. Los precios de los restaurantes varían muchísimo y su margen es también enorme… Salvo casos concretos también. Un saludo

  6. Pingback: Pistas en La Red y fuera de ella para encontrar vinos BBB « RaqueLíquida

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