RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivar para el mes “julio, 2012”

La pulsera que cuenta la leyenda del vino

Mi amiga Marina llevaba el otro día una pulsera que me llamó la atención por la cantidad de minidetalles que tenía. Cuando le pregunté por ella me dijo: “anda, pero si es la leyenda del vino”, y claro, le exigí que me contara esa leyenda porque enseguida supe que sería carne de blog. Alguna vez que otra, visitando bodegas, me he encontrado con alguna que otra joyita, pieza de bisutería o detallito que se vendía por tener inspiración vinícola, más o menos acertadamente.

Pero esta, más que llamarme la atención porque fuera o no mona, me encantó porque llevaba precisamente eso, la leyenda del vino, escrita en forma de cuentas. Pero primero ved la pulsera:

Este es el paquetito donde viene la pulsera y lo que aparece atrás es la leyenda del vino

Este es el paquetito donde viene la pulsera y lo que aparece atrás es la leyenda del vino

Cuando le pedí a Marina que me la contara, me trajo el papelito donde venía escrita esta leyenda, y dice así:

“Érase una vez un sol enamorado de una tierra en la que se cultivaban uvas, pero un día llegaron los hombres, se las arrebataron, las pisaron y encerraron primero en depósitos y luego en barricas. Fue así como estos hombres descubrieron el vino con el que ahora brindamos y que un día perteneció al sol”.

Cada cuenta o grupito de cuentas de la pulsera es uno de estos elementos, el sol, el amor a la tierra, la propia tierra, las uvas, los hombres, la elaboración del vino (la vendimia, la prensa, la fermentación y el envejecimiento), el vino ya terminado y el brindis. Me pareció una idea excelente de resumir la esencia del vino, de la tierra a la copa. Sin complicaciones. En forma de joya. Por eso quería compartirlo hoy.

Además, curioseando por la página que se ha inventado esta pulsera, he descubierto alguna otra cosilla que os dejo por si os gusta, en plan regalo o como simple detalle para el aficionado al vino.

Me han parecido muy cachondos estos pendientes de cava también

Me han parecido muy cachondos estos pendientes de cava también

...Y este anillo en forma de uvas enverando
…Y este anillo en forma de uvas enverando

Y quién sabe, igual con un regalito así se empieza a crear afición… Que disfrutéis

El cuento del crítico de vinos

Hoy un terrible dolor en el cuello me está impidiendo, además de pensar con claridad, escribir con algo de ironía (que es lo que me pone) y tratar de hacer un texto mínimamente interesante. Por eso voy a colgar un cuento que escribí para el fanzine EnCrudo y que lleva el mismo título del post. Aunque está inspirado en la cruda realidad, no está basado en ningún crítico real, ni español, ni extranjero. Lo escribí en un momento de cabreo y los canallas de Yanet Acosta y Jacobo Gavira aceptaron publicarlo. Si no habéis tenido la suerte de que uno de los números de EnCrudo pase por vuestras manos, aguardad, porque llegará, pero mientras os dejo este extracto que firmo. Es uno de mis escarceos con la ficción que, como digo, tiene mucho de realidad, pero que no deja de ser eso, un cuento. Espero que os guste.

Repito, cualquier parecido con personajes y comportamientos reales es pura coincidencia

Repito, cualquier parecido con personajes y comportamientos reales es pura coincidencia

Acababa de leer en la pantalla de su portátil la crítica que le había costado días escribir. Días en los que su conciencia zigzagueaba entre ofrecer un comentario sincero sobre ese vino que no tenía defectos, pero tampoco alma, o ceder a las presiones de ese consorcio formado por el poderoso grupo bodeguero que le había enviado el vino y la nota “para ser catado en su revista” y el distribuidor que, puntualmente, contrataba en ella una considerable suma en publicidad.

Y, como quien no quiere la cosa, comenzó a retroceder en su memoria hasta la época en la que se hizo crítico de vino. Le encantaba, y pensaba en ofrecer a los lectores una forma fácil de escoger los vinos con su sistema de puntuación. Más puntos, mejor vino, de una forma similar a lo que hacen los de cine con los estrenos y esas estrellitas que definen de un vistazo la calidad de una película. Pero jamás pensó que ese procedimiento, sencillo e inocente, sería la semilla de la complicación en la que se había convertido ahora su trabajo.

Cuando empezó a hacerlo, la gente, ávida de orientación para elegir un vino u otro en función de su calidad y sin tener que esforzarse en saber mucho sobre él, comenzó a tener más y más interés en sus críticas. Sus puntos se convirtieron en una referencia para entender de un vistazo si se debía o no comprar un vino. Pero aquel sistema pensado para los lectores encendió también las bombillas de los distribuidores y bodegueros: cuanto mejores fueran las puntuaciones, más cantidad de esos vinos se venderían. Porque, efectivamente, así era. Con el éxito de su sistema vio que los vinos que más alto puntuaba vendían todos sus lotes y se convertían en objetos de deseo, buscados y preferidos en las tiendas y en las cartas de los restaurantes.

Los distribuidores comenzaron a frotarse las manos y a utilizar los puntos del crítico como herramienta para vender sus vinos y aumentando los precios de los mejor calificados. Esa sobre todas las demás. Sobre la autenticidad del vino, sobre su procedencia, sobre el clima privilegiado que ese año había obrado maravillas en ese líquido. Puntos, solo veían puntos.

La bola se hizo cada vez mayor y el éxito del crítico no paraba de aumentar, casi al mismo ritmo que lo hacía su autoconfianza, su ego y la distancia que lo separaba de aquella idea inicial de simplificar el mensaje del vino. Empezó a verse a sí mismo, gracias a los halagos del sector, como una suerte de deidad, capaz de hacer y deshacer, de mandar a un vino al cielo de las ventas y el éxito o al infierno del ostracismo y la parte baja de las estanterías.

Aun así, ante los demás se disfrazaba de “un humilde crítico independiente” y quitaba importancia a su influencia en los precios y la demanda. No se lo creía ni él. Las bodegas buscaban su simpatía en forma de contratos publicitarios, una especie de llave para abrirse las puertas de las altas puntuaciones, de la publicación… del mercado. Si llega a anticiparse a su éxito, hubiera elegido otra forma de financiación, pero la parte del pastel ahora era demasiado golosa. Sin darse cuenta, poco a poco sus puntuaciones se fueron alejando de su verdadera opinión para ser intermediarias invisibles (o al menos eso esperaba) de la facturación de sus clientes. Pero era demasiado tarde para echarse atrás, cada vez más ese círculo de poder que lo cercaba iba encorsetando su opinión… y el crítico dejó de serlo para convertirse en una marioneta de sus clientes. ¿Cómo narices había llegado hasta ahí? Se preguntó.

De repente, como si despertara de un sueño, movió la cabeza para recuperar una consciencia abandonada años atrás. Él no era marioneta de nadie, su credibilidad se había forjado a base de trabajo, de viajes y de charlas con las gentes del vino. No podía dejar que su voz se alquilara por unas cuantas páginas que, lo sabía, serían pan para hoy. En las redes y en algunos foros empezaba a sonar su nombre cuando se hablaba de crítica interesada, desvinculada de los gustos de la gente. Cuando leyó por primera vez esos comentarios, se dijo a sí mismo con suficiencia que esa gente no estaba a su nivel, que no entendía nada. Pero desestimó el poder de las minorías y hubo quien le escribió para decirle que no confiaba en él para puntuar sus vinos. Esas minorías habían soltado la liebre del engaño.

¡Soy un fraude! ¡Un fraude! Se dijo, y su despertar fue poco a poco haciéndole daño, un dolor casi físico, el que provoca el mundo de uno cuando se le desmorona encima. Pero ¿y si paro? ¿De qué voy a mantener mis publicaciones? ¿Estoy a tiempo de salvar mi reputación?

Miró la crítica, la releyó, los puntos parecían de neón a sus ojos. El cursor parpadeaba como llamándole la atención: “sé valiente, dale a guardar y a vivir, que son dos días”. Y fue valiente.

El mismo día en que se publicó su lista de críticas sonó su teléfono. Era el propietario del vino sin alma: “¿Qué ha pasado con mi vino? He leído la lista unas diez veces y no lo he visto. Ha tenido que haber algún error al maquetarlo, ¿no es cierto?”. Tragó saliva, sabía lo que sus palabras iban a desencadenar, que tendría que buscar nuevas fórmulas para salir adelante, y contestó: “No, ningún error. El vino no alcanzó la puntuación mínima, porque no tenía suficiente calidad. Y, hasta ahora, yo tampoco la tenía”.

Sonrió.

Pistas en La Red y fuera de ella para encontrar vinos BBB

Buenos, bonitos, ricos, y con tanta subida, recorte, desmotivación y bolsillos raídos… baratos, por supuesto. La p(…) crisis nos obliga a tener una cinturita de avispa que ya la hubiera querido para sí Audrey Hepburn de tanto apretarnos el cinturón. Pero no dejemos sitio al desánimo y, amigos, bebamos. Bebamos por poco dinero y sonriamos a cada trago, brindemos con amigos por lo bueno (qué coño, que también nos pasan cosas buenas a diario) que esté por llegar. ¿Cómo, si no tenemos un céntimo? Tranquilos, que hay pistas por internet y fuera de la red para encontrar nuestros vinos excelentes a un precio imbatible. Y al IVA… que le den.

Hace poco me enviaron una nota de prensa que me hablaba de una cata para escoger el mejor reserva de Rioja… ¡de supermercado! No pude evitar sonreírme y decirme a mí misma que ya es hora, leñe, de que el vino se asocie todo el rato con esnobismos vacuos y lenguaje altisonante. ¡Si el supermercado es un lugar tan bueno como cualquier otro para encontrar joyitas a precios que no nos dejen con los ojos tristes como el gato de Shrek!

Parece decir mirando a la estantería: oooohú, no me llegan loh eurilloh para eze vino...

Parece decir mirando a la estantería: oooohú, no me llegan loh eurilloh para eze vino…

Por cierto, que el segundo lugar en esa cata lo ocupaba un vino de marca blanca de Lidl que costaba 3,99 euros, Cepa Lebrel. Ale, ya lo estáis buscando y probando.

El vino de Lidl. A ver qué os parece cuando lo encontréis

El vino de Lidl. A ver qué os parece cuando lo encontréis

Ya que hace unos días me sobré con el post de los líquidos caros, ahora toca una de arena. Ese mundo, el de los líquidos con precios elevados, es el del prestigio, el de los sueños, pero el mundo de unos pocos. Nosotros, la mayoría, vamos a tiendecitas o a supermercados a comprar (de todo, no solo vino) así que no está de más encontrar algunas pistas. Partiendo siempre, eso sí, de que el vino mejor es el que a uno le hace decir, como dijo ayer mi amigo Alberto mientras comíamos: “este vino está de puta madre” (lo dijo de un vino de Toro de poco más de 10 euros en tienda. Pues eso.

En la Red- Bloggers con vista, olfato… y gusto

En Internet, aparte de muchas tiendas de vino on- line en las que se puede elegir hasta dónde pagar por el vino (eso sí, hay que contar el transporte, que si no pedimos muchas botellas puede ser más caro que nuestros vinejos estupendos y baratuchos), hay una referencia que, para mí, es imprescindible antes de entrar en un supersol, eroski o mercadona cualquiera: Maite Corsín y su blog “Vinospara”. Porque a ver, podemos comprar un vino que nos mole por la etiqueta, porque es de rioja y nos suena que “estos tienen que ser buenos que ya los bebía mi abuelo” pero ¿para qué nos sirve este vino? ¿Qué hacemos con él? Beber copitas de aperitivo, combinarlo con una hamburguesita deliciosa o prepararnos un buen asado al que, previamente, le habremos echado un chorrito de ese tinto o blanco. El vino es siempre, siempre “para”. Y por eso Maite da en el clavo con sus posts estudiadísimos y curradísimos (los compra, los cata y los califica gracias a una amplia experiencia como catadora y compradora) sobre vinos que cualquiera puede encontrar en el supermercado y que rondan, como mucho, los 12-15 euros.

Veréis que tiene un estudio profundo de los supermercados más conocidos de este país y se ha “fundido” las estanterías para catar y reseñar a los mejores. Un estudio que es único y que creo que da en el clavo. Porque no siempre tenemos 20 euros libres para un vino.

Otro bloguero aficionado al vino (sabe mucho) y muy majete, Joan Gómez Pallarés, también hace un par de recomendaciones que puede estar bien probar. Yo, por lo que cuestan, le haré caso. Y la periodista Alexanda Sumasi va en la misma línea en un artículo donde da algunas direcciones gastrovinícolas para disfrutar en casa, e incluye varios tipos de vinos.

En las librerías…

En fin, aunque creo que no son el instrumento más popular y que los puntos hoy provocan casi más desconfianza que certeza, hay un par de guías en el mercado que también se han centrado en vinos anticrisis.

El primero, que también ha analizado Maite, es “Los Supervinos”, un repaso a marcas conocidas (no blancas) que se pueden encontrar en grandes superficies con un precio máximo de 6,99 para los vinos y 11,99 para los cavas. Maite le encuentra puntos débiles, como la ausencia de añadas, un elemento que es esencial para que un experto ejerza realmente como cicerone de nuestras compras.

Otro invento híbrido entre una guía de vinos convencional y un producto que recoge el trabajo de cata de sus autores es la Guía del Vino Cotidiano, que contiene catas de ejemplares líquidos por menos de 10 euros. Hay vinos de todas partes y se indica alguna sugerencia para acompañarlo con comida. Problema: no dice dónde encontrar algunos vinos menos comunes así que mejor ser un buscavinos empedernido. Además, solo en su versión internauta, sin cata, se puede ver el mejor momento para consumirlo, que ayuda a no tenerlo guardado esperando que fallezca.

La Guía del Vino Cotidiano, con vinos por menos de 10 euros

La Guía del Vino Cotidiano, con vinos por menos de 10 euros

La Guía Peñín organizó también un salón de vinos (llamado 5Stars) de menos de 10 euros y puntuaciones (suyas, claro) por encima de 90 puntos. Estaba abierto al público y la entrada era más cara que los vinos que se podían encontrar allí: 15 euros. Si se vuelve a repetir, es un buen momento para tomar nota de vinos que en ocasiones rozaban los dos o tres euros y hablar en directo con los bodegueros. Peeero, para eso hay que ser un poco aficionado, mínimamente vinogeek.

Cuando no se sabe, y no se quiere saber mucho de vino, y tampoco se quiere gastar mucho en una botella (algo perfectamente plausible, dado que tenemos la suerte de tener vinos muuuuy baratos y realmente buenos, pero hay que experimentar y probar) estas herramientas y pistas están bastante al alcance de la mano. Supermercados y tienditas modestas pueden tener grandes blancos, tintos, rosados y espumosos por un precio que sorprende, muy por debajo de lo que se esperan aquellos que dicen que el vino es caro.

¡A disfrutar!

Galicia Caníbal, la cerveza más canalla y rebelde de los 80, los 90 y…

Hoy me apetece hablar de cerveza, que es un líquido del que casi nunca hablo. Teniendo en cuenta que tampoco me considero cervecera y que poco a poco he ido aprendiendo a tomarla en algunas ocasiones, la cerveza es otra de las bebidas, como casi todas, que tiene un montón de historias que contar.

Pero no pienso hablar de esas historias ni de cómo se elaboran ni nada. Quiero hablar de una por la que tengo especial predilección, sin ser mi cerveza fetiche (confieso que mi debilidad es una bien tirada y negraza Guinness): Estrella Galicia. Fue una de mis compañeras de viaje durante el Camino de Santiago que recorrí hace dos años (por segunda vez, chavales, hay que tener valor). Tras las caminatas de varias horas, y entre parada y parada, muchas veces una buena cañita de 1906, una de sus variedades, me hacía sentir genial.

Antes ya la conocía y me gustaba bastante la imagen que tenía (no sé si sabéis que Estrella Galicia), gallega, canalla, algo rebelde y sin complejos, pero los kilómetros bajo el sol me hicieron apreciarla (a ella y a la presencia de un bar justo en el momento oportuno, antes de desfallecer por el calor y las cuestas infernales) y desde entonces es una de mis birras de cabecera. Además, sus dueños, la empresa Hijos de Rivera, son propietarios de las aguas Cabreiroá, que es una de mis aguas favoritas, sobre todo la versión con gas, Única. También me encanta Magma, una mucho más exclusiva de la que hablé en otro post cuando salió al mercado. Y flipé cuando sacaron (no lo había hecho ninguna marca de agua hasta entonces) un spray de agua con el que vivo durante las noches calurosas de verano. Hace unos años no lo vendían, era un objeto de cortesía para periodistas o clientes, y me pareció una injusticia tremenda…

Por eso hoy quiero poneros un vídeo que grabé durante una presentación de un musical que esta cerveza ha apoyado y que va bastante con su imagen. El musical se llama Galicia Caníbal y se lo ha inventado Antón Reixa, el ahora presidente de la SGAE y que fue fundador de Os Resentidos, de ahí su título. Lo ha escrito su hija, Antela Cid, junto a Fran Peleteiro, y cuenta (aún no se ha estrenado, lo hará el próximo día 12 de julio en Vigo) la historia de una adolescente de hoy día que gracias a un suceso inesperado, la muerte de una de sus tías, se ve involucrada en una historia por la que descubrirá la movida gallega de los ochenta, aquella época que ella no vivió. Por supuesto, esto pasa mientras van sonando canciones como la que os dejo abajo, Galicia Caníbal, y otras que a muchos de mi generación os sonarán aunque entonces, como yo, fuerais pre adolescentes, como Bailaré sobre tu tumba, Lo estás haciendo muy bien o Soy una punk.

¿Qué pinta todo esto hoy en el blog? Pues ya lo he dicho, me apetecía cambiar de líquido y animaros a echar un vistazo a este musical. Yo, que no soy nada de musicales, me lo pasé taaan bien cuando los protagonistas lo presentaron que si me lo permite la crisis, iré cuando venga a Madrid en septiembre.

Para fetichistas y coleccionistas, además, han lanzado una edición especial de Estrella Galicia con motivo de este musical, y me ha parecido una idea muy de ellos, muy rebelde y canalla.

La cerveza es Estrella Galicia pero la imagen es Galicia Caníbal, ¿rebelde o no?

La cerveza es Estrella Galicia pero la imagen es Galicia Caníbal, ¿rebelde o no?

Si os apetece ver el musical, girará por un montón de ciudades, y si no, podéis contentaros tomando una Galicia Caníbal y llevándoos el casco a casa. De momento, y pidiendo disculpas porque el vídeo está grabado con el móvil (con sus saltos correspondientes, y eso que es un “teléfono inteligente”)  y no hay más documentos gráficos, os dejo con una actuación en directo de Reixa, cantando Galicia Caníbal, para abrir boca… Que hace un sol del carajo.

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