RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivar para el mes “octubre, 2012”

Restaurante y vino asequible: no todo está perdido

*Durante el pasado puente del Pilar tuve la suerte de encontrarme con algo que suele parecer inexistente entre los aficionados al vino: un restaurante que no cargaba a mi querido líquido con todo el peso de la cuenta. Sí amigos, haberlos, haylos.

Fue en Laguardia, un pequeño y encantador pueblo de Rioja Alavesa, en un restaurante llamado Marixa. Asier, el jefe de sala (y creo que dueño) nos ofreció nada más llegar a la mesa una botella de uno de, entiendo, sus vinos “superventas”: un Pujanza del año 2006, un vino que se hace a pocos metros de ese restaurante y que yo conozco y adoro, casi tanto como al tipo que los hace, Carlos San Pedro. Además recordaba especialmente esta añada porque me parece una de las mejores de este vino, una gran compra que se encuentra en tiendas a unos 16 euros. No es exactamente un vino low cost pero si relacionamos la satisfacción que ofrece con el desembolso que requiere, la balanza se inclina hacia el “cómpralo, bébelo”.
Pues cuando, antes de decantarnos por el pujancita (habíamos comprado un magnum de esa misma añada en una tienda cercana) decidimos echar un vistazo a la carta, lo que vimos nos pareció casi como encontrar un unicornio: precios ajustados, pocos euros más, según los casos, de lo que podemos encontrar en tiendas de confianza, y una carta excepcionalmente confeccionada, con la firma de alguien que, sin duda, aprecia su profesión y respeta al vino. En el caso de Pujanza, la diferencia con el precio habitual en una tienda era tan solo de ¡dos euros!
Imaginaos mi alegría cuando me encontré con eso. Y claro, no me callé y tuve que comentarlo con el sumiller. Su respuesta fue muy sencilla: “es que no hay razón para maltratar el vino cargándolo con un precio exagerado”. “Ahí le has dao”pensé para mí.
Totalmente de acuerdo, y aunque según el local y sus condiciones ese margen pueda aumentar más que el del amigo Asier, el objetivo es ese: no cargar al vino con el precio de toda la comida. Ese día nos bebimos, tan a gusto, dos botellas.

*Disculpad de nuevo la tardanza en aparecer por aquí, confío en recuperar mi habitual ritmo bloguero cuanto antes. Y gracias por vuestra comprensión y paciencia, amigos líquidos

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Restaurante y vino asequible: no todo está perdido

*Durante el pasado puente del Pilar tuve la suerte de encontrarme con algo que suele parecer inexistente entre los aficionados al vino: un restaurante que no cargaba a mi querido líquido con todo el peso de la cuenta. Sí amigos, haberlos, haylos.

Fue en Laguardia, un pequeño y encantador pueblo de Rioja Alavesa, en un restaurante llamado Marixa. Asier, el jefe de sala (y creo que dueño) nos ofreció nada más llegar a la mesa una botella de uno de, entiendo, sus vinos “superventas”: un Pujanza del año 2006, un vino que se hace a pocos metros de ese restaurante y que yo conozco y adoro, casi tanto como al tipo que los hace, Carlos San Pedro. Además recordaba especialmente esta añada porque me parece una de las mejores de este vino, una gran compra que se encuentra en tiendas a unos 16 euros. No es exactamente un vino low cost pero si relacionamos la satisfacción que ofrece con el desembolso que requiere, la balanza se inclina hacia el “cómpralo, bébelo”.
Pues cuando, antes de decantarnos por el pujancita (habíamos comprado un magnum de esa misma añada en una tienda cercana) decidimos echar un vistazo a la carta, lo que vimos nos pareció casi como encontrar un unicornio: precios ajustados, pocos euros más, según los casos, de lo que podemos encontrar en tiendas de confianza, y una carta excepcionalmente confeccionada, con la firma de alguien que, sin duda, aprecia su profesión y respeta al vino. En el caso de Pujanza, la diferencia con el precio habitual en una tienda era tan solo de ¡dos euros!
Imaginaos mi alegría cuando me encontré con eso. Y claro, no me callé y tuve que comentarlo con el sumiller. Su respuesta fue muy sencilla: “es que no hay razón para maltratar el vino cargándolo con un precio exagerado”. “Ahí le has dao”pensé para mí.
Totalmente de acuerdo, y aunque según el local y sus condiciones ese margen pueda aumentar más que el del amigo Asier, el objetivo es ese: no cargar al vino con el precio de toda la comida. Ese día nos bebimos, tan a gusto, dos botellas.

*Disculpad de nuevo la tardanza en aparecer por aquí, confío en recuperar mi habitual ritmo bloguero cuanto antes. Y gracias por vuestra comprensión y paciencia, amigos líquidos

Con palabras, con pasión

Aunque me encanta charlar, esta vez no voy a ser yo la que más hable, sino que voy a dejar hablar a la gente del vino.

En este caso a Garikoitz, el director técnico (cómo suena eso, la verdad es que es quien marca las pautas del vino, decide cuándo y cómo se vendimia…) de Itsasmendi, una bodega de Gernika que hace txacoli. No un txacoli cualquiera, para mí uno de los grandes. Es tan especial, que recuerdo, cuando lo conocí hace años, que decían de Itsasmendi que “no hacían txacoli, que hacían vino blanco” (el txacoli del siglo XXI es muy eso, precisamente, un vino blanco que busca su sitio entre el resto de grandes blancos españoles).

Bueno, que me enrollo. Hace un par de días Gari me envió un par de fotos del viñedo que no puedo dejar de compartir aquí, y unas palabritas que también quiero que leáis, me parece que expresan muy bien la pasión por su trabajo de este hombre, y cómo entiende los vinos y el viñedo.

Aquí estamos ahora de vendimia, vaya año más raro… Hay una variabilidad en las maduraciones que me rompe los esquemas de otros años. Estoy todo el día recorriendo viñedos para determinar el momento de vendimia de cada parcela. Estoy volviendo loco a todo el personal…

Pero pienso que va a ver cositas curiosas este año. Ayer pasé por dos parcelas preciosas con el racimo y grano pequeñísimos y aunque con poquita cantidad de uva me dio una impresión buenísima (seguramente sería sugestionado por el precioso día que hacía). Te envío una foto para darte un poco envidia, aunque habrías sufrido con los tacones que llevas en la foto del blog.

¿No es entrañable? Me encanta cuando esta gente del vino comparte inquietudes conmigo, me mola que Gari me escriba para contarme esto. Cuando le pedí permiso para compartir las fotos que tomó en el viñedo, contestó:

“Cuando tengamos conciencia que las cosas buenas son las que hay que compartir daremos un pasito hacia delante en esta sociedad caótica.”

Esta es una de las vistas del viñedo de Itsasmendi. ¿A que apetece llevarse el mantel de cuadros y sentarse a merendar en los bancos de la izquierda?

Esta es una de las vistas del viñedo de Itsasmendi. ¿A que apetece llevarse el mantel de cuadros y sentarse a merendar en los bancos de la izquierda?

Así estaban las uvas de Itsasmendi hace un par de días

Así estaban las uvas de Itsasmendi hace un par de días

No digo más. Que disfrutéis del puente.

Charla sobre vinitos… aaaatchis!!!

Un resfriado (que continúa alojado en mis cuerdas vocales), un recorrido enogastronómico para preparar un par de reportajes y nuevos proyectos otoñales me están impidiendo encargarme un poco más de postear como es debido.

Pero para no dejar totalmente desamparado mi querido espacio de libertad, cuelgo hoy un enlace donde podéis escuchar cómo unos cuantos amigos hablamos de líquidos y otras cosas del comer en el divertido programa de radio Comer con los Ojos, que presenta Carmen González Llanos en Gestiona Radio y que cuenta con la colaboración de Alexandra Sumasi y Laura Grani, además del divertido Carlos Pareja. Me llamaron (con mocos incluidos) para hablar precisamente de este espacio, el blog, así que lo comparto con vosotros por si os apetece escucharlo.

Carmen, Laura, Alexandra, Isabel (Prinz) y yo antes de Comer con los ojos. Tras la cámara, Carlos

El programa, para quien se enganche, se puede oir todos los sábados de 21 a 22 horas, o descargarlo en su página web.

Volveré pronto por aquí, lo prometo

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