RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para el día “octubre 27, 2012”

Restaurante y vino asequible: no todo está perdido

*Durante el pasado puente del Pilar tuve la suerte de encontrarme con algo que suele parecer inexistente entre los aficionados al vino: un restaurante que no cargaba a mi querido líquido con todo el peso de la cuenta. Sí amigos, haberlos, haylos.

Fue en Laguardia, un pequeño y encantador pueblo de Rioja Alavesa, en un restaurante llamado Marixa. Asier, el jefe de sala (y creo que dueño) nos ofreció nada más llegar a la mesa una botella de uno de, entiendo, sus vinos “superventas”: un Pujanza del año 2006, un vino que se hace a pocos metros de ese restaurante y que yo conozco y adoro, casi tanto como al tipo que los hace, Carlos San Pedro. Además recordaba especialmente esta añada porque me parece una de las mejores de este vino, una gran compra que se encuentra en tiendas a unos 16 euros. No es exactamente un vino low cost pero si relacionamos la satisfacción que ofrece con el desembolso que requiere, la balanza se inclina hacia el “cómpralo, bébelo”.
Pues cuando, antes de decantarnos por el pujancita (habíamos comprado un magnum de esa misma añada en una tienda cercana) decidimos echar un vistazo a la carta, lo que vimos nos pareció casi como encontrar un unicornio: precios ajustados, pocos euros más, según los casos, de lo que podemos encontrar en tiendas de confianza, y una carta excepcionalmente confeccionada, con la firma de alguien que, sin duda, aprecia su profesión y respeta al vino. En el caso de Pujanza, la diferencia con el precio habitual en una tienda era tan solo de ¡dos euros!
Imaginaos mi alegría cuando me encontré con eso. Y claro, no me callé y tuve que comentarlo con el sumiller. Su respuesta fue muy sencilla: “es que no hay razón para maltratar el vino cargándolo con un precio exagerado”. “Ahí le has dao”pensé para mí.
Totalmente de acuerdo, y aunque según el local y sus condiciones ese margen pueda aumentar más que el del amigo Asier, el objetivo es ese: no cargar al vino con el precio de toda la comida. Ese día nos bebimos, tan a gusto, dos botellas.

*Disculpad de nuevo la tardanza en aparecer por aquí, confío en recuperar mi habitual ritmo bloguero cuanto antes. Y gracias por vuestra comprensión y paciencia, amigos líquidos

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Restaurante y vino asequible: no todo está perdido

*Durante el pasado puente del Pilar tuve la suerte de encontrarme con algo que suele parecer inexistente entre los aficionados al vino: un restaurante que no cargaba a mi querido líquido con todo el peso de la cuenta. Sí amigos, haberlos, haylos.

Fue en Laguardia, un pequeño y encantador pueblo de Rioja Alavesa, en un restaurante llamado Marixa. Asier, el jefe de sala (y creo que dueño) nos ofreció nada más llegar a la mesa una botella de uno de, entiendo, sus vinos “superventas”: un Pujanza del año 2006, un vino que se hace a pocos metros de ese restaurante y que yo conozco y adoro, casi tanto como al tipo que los hace, Carlos San Pedro. Además recordaba especialmente esta añada porque me parece una de las mejores de este vino, una gran compra que se encuentra en tiendas a unos 16 euros. No es exactamente un vino low cost pero si relacionamos la satisfacción que ofrece con el desembolso que requiere, la balanza se inclina hacia el “cómpralo, bébelo”.
Pues cuando, antes de decantarnos por el pujancita (habíamos comprado un magnum de esa misma añada en una tienda cercana) decidimos echar un vistazo a la carta, lo que vimos nos pareció casi como encontrar un unicornio: precios ajustados, pocos euros más, según los casos, de lo que podemos encontrar en tiendas de confianza, y una carta excepcionalmente confeccionada, con la firma de alguien que, sin duda, aprecia su profesión y respeta al vino. En el caso de Pujanza, la diferencia con el precio habitual en una tienda era tan solo de ¡dos euros!
Imaginaos mi alegría cuando me encontré con eso. Y claro, no me callé y tuve que comentarlo con el sumiller. Su respuesta fue muy sencilla: “es que no hay razón para maltratar el vino cargándolo con un precio exagerado”. “Ahí le has dao”pensé para mí.
Totalmente de acuerdo, y aunque según el local y sus condiciones ese margen pueda aumentar más que el del amigo Asier, el objetivo es ese: no cargar al vino con el precio de toda la comida. Ese día nos bebimos, tan a gusto, dos botellas.

*Disculpad de nuevo la tardanza en aparecer por aquí, confío en recuperar mi habitual ritmo bloguero cuanto antes. Y gracias por vuestra comprensión y paciencia, amigos líquidos

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