RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para el día “diciembre 5, 2012”

Ya están aquí… las guías de vinos

Ya están aquí. Como todos los años, vuelven con ilusiones para unos y decepciones para otros. Brillantes, nuevas, distintas cada año, pero siempre iguales. Iguales, pero diferentes. Ya han venido. Están aquí las guías de vino.

Casi como el turrón, como la propia Navidad, las guías ya han venido, con pocas semanas de diferencia, y cada una se vende a sí misma lo mejor que sabe: que si el vino español a examen, que si la guía de los vinos extraordinarios, que si la guía de los vinos de menos de 10 euros, la guía de los mejores vinos calidad precio… guías, guías, guías… y yo no puedo dejar de preguntarme ¿para qué, si cada vez parece que nos interesa menos leer sobre vino?

Decía en un tuit una empresa malagueña ligada a un (ex) gurú del vino español que, según, entiendo, estudios propios, solo un 8% de los que compran vino han leído alguna revista o guía especializada. ¿Qué pintan, pues, tantos productos en el mercado? Para eso tenía otra respuesta otro gurú (no ex, de momento) del vino: ese 8% influye en todo el resto, provocando que la verdadera razón por la que uno se “guía” para comprar, el boca a boca, venga, de un modo u otro, condicionada por esa minoría.

No sé vosotros, pero a mí me encanta pensar en el poder de las minorías. Y no solo porque yo podría incluirme en uno de esos grupitos que en el vino llamamos desvergonzadamente “prescriptores”. Me gusta pensar que en el complicadísimo mundo del vino entendido como cultura, ciencia tradición y no solo disfrute hay quien sí se rompe los cuernos para tratar de sacar algo en claro y contárselo al lector y posible consumidor. Que hay gente que se patea zonas vinícolas para encontrar tesoros y descubrir quién hace bien esto y quien no tanto lo otro. Gente que entiende, vamos. Y que luego, con más o menos pelos en la lengua, lo cuenta sin adornos innecesarios.

Y ahí es donde esas guías, esos productos con un toque autobombístico para las bodegas y los propios catadores (“yo he catado más que tú; ya pero yo tengo solo los mejores vinos; ya pero tú no incluyes un índice c

on los de mejor calidad precio”… el “y tú más” puede ser infinito) tienen una utilidad que te cagas. Por lo menos para mí, que soy esa minoría influyente (ja!) la tienen. Y no es que me esté haciendo la juez y parte, no. Es que yo leo guías antes de comprar vino.

Es que yo tengo mi guía de cabecera.

Sí.

Después de examinar productos, me quedo con una que es la que sirve a mis propósitos. No importa cuál sea, porque la que me gusta a mí, me gusta por mis propias razones.

Guía de vino

Esta guía me gusta, sí…

 

Y desde mi posición privilegiada (conozco a gran parte de los catadores que firman esas guías) elijo la que más me conviene. Como hacen los liberales leyendo El Mundo o los “progres” comprando “Público” (ay no, que Público ya no se vende).

Y eso mismo es lo que recomiendo a quien me lea. Si os interesa el vino tanto como para compraros una guía (se puede vivir sin ella, os lo aseguro, y degustar un Palo Cortado Obispo Gascón con toda la satisfacción del mundo), elegid una, que os mole por el estilo, el formato, la foto chula de portada, yo qué sé… y dejaos influir por ella. Si no os convence, hay más. Vaya que sí.

Porque en el momento en que empecéis a ver que EL MISMO VINO tiene puntuaciones distintas (a veces taaan distintas) según la guía, os puede dar un pampurrio. Y lo que no queremos es perder ni un (NI UNO) consumidor más.

Eso sí, si después de cotillear unas cuantas no os convence ninguna, siempre queda el boca a boca… y dejar de pertenecer a esa minoría que sí se deja aconsejar.

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