RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

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Cuando la velada romántica tiene pompas y no burbujas

Leo hoy un anuncio de una de esas páginas de descuentos que reza: “Sorprende a tu pareja con una velada romántica en Zouk Hotel”. Bien, como soy una friki y me acuerdo de que esos hoteles los anuncian en la carretera, pincho para cotillear las condiciones sin más intención que eso.

Aparece una fotito de la habitación, toda mona, y una hielera donde se ve una botella de champagne. Sí, sé que es champagne y no otra cosa porque se lee claramente la marca (o al menos yo soy capaz de distinguirla). Muy bien. Sigo leyendo.

“Pasa una noche inolvidable en el Zouk Hotel, junto a Alcalá de Henares, un íntimo hotel donde podrás disfrutar de una romántica experiencia con jacuzzi y cava.” Leñe, qué curioso, en la foto aparece champagne pero en la oferta se han decantado por el producto nacional. Nada grave, claro, puesto que hay muchos cavas con los que yo, desde luego, firmaba una noche romántica que ni Doña Inés.

Pero es que sigo leyendo, ya me pica el gusanillo de ver cuáles son las condiciones de esas ofertas con esos descuentos tan grandes (¿no os parecen raros a veces? lo más sensato es pensar que también recortan en servicios, aunque luego habrá casos en los que no. Pero una que ha probado algún cupón de estos da fe de que haberlos, haylos).

La oferta sigue con pastelones horteras del tipo: “Si Afrodita, la diosa del Amor, pudiera abandonar su trono en el Monte Olimpo, sin lugar a dudas estaría encantada de disfrutar de esta experiencia.” (casi me da una hiperglucemia). Pero es que en ese mismo párrafo explica que “te van a recibir con lambrusco (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!) en la habitación desde el primer momento”. ¿CÓMOOOOOOOOOO? ¿Pero no ponía cava en la primera descripción? ¿Y no se ve claramente en la foto que lo que hay es una botella de champagne? Claro, los incautos tortolitos que se compren el cupón porque les llama la atención la foto y piensan en brindar con un espumoso decente, se encontrarán con “una botella de lambrusco”… Que en España, encima, lo que llega es un subproducto que, queridos enamorados, no es precisamente el que uno sueña para una velada romántica… O por lo menos, a mí, si veo una botella de esas en mi mesa con mi tórtolo lo que ocurre es que pierdo la libido…
¿Vosotros no?

Ah, feliz San Valentín… con burbujas, por favor.

Burbujas de Cava y buen rollito… tan Agustí-To

Hoy no me apetecen ni polémicas ni comeduras de tarro. Así que en el día en que se celebra la libertad de expresión y tras haber aplaudido un manifiesto (este un poquito menos llorón y algo más serio) sobre los problemas que nos afectan a los periodistas (sí, a los del vino también nos pagan poco, nos quieren dar la información masticada y se niegan muchas veces a darnos cifras para que no sepamos demasiado), voy a poner un víodeo que grabé el otro día con el móvil mientras tomaba un cava en VadeBaco y celebraba un estupendo día de fiesta y reencuentro.

Son, simplemente, burbujas ascendiendo, que me dieron entonces, y me dan al volver a verlas subir, buen rollito. Espero que a vosotros os transmita lo mismo.

 

Ah, por cierto, el cava es Agustí Torelló, excusa perfecta para jugar con las palabras del titular, pues realmente se estaba tan Agusti-To tomándolo en la tranquilidad de la tarde.

Kit casero para disfrutar del vino sin gastar mucho

La semana pasada hablé del servicio de vino fuera de casa, pero hoy prefiero dedicarme al hogar. En casa, con amigos, con la pareja o en solitario, uno puede disfrutar del vino como el que más. Y dado que seguimos (¿hasta cuáaando?) en crisis, el comprar un vino que nos guste y consumirlo en casa, ahorrándonos los dinerillos que nos gastaríamos de pedirlo en un restaurante (junto con tooodo el placer que conlleva que un buen sumiller te recomiende y te sirva unas buenas copas de vino, todo sea dicho), puede ser una estupenda opción para pasar una velada vinófila divertida y placentera.

Vale, pues nos compramos una (o dos) botellitas de vino. Sí, pero… ¿y el resto? Porque claro, como he dicho otras veces conservar y servir un vino no es de lo más sencillo del mundo… Bien, como tampoco tiene mucha complicación y si uno se esmera un poco puede conseguirlo sin gastarse muchas perras, os voy a dar una serie de consejitos (sí, consejitos, aunque en el ámbito de la moda ahora se llaman “tips”, pero a mí eso me recuerda al humorista alto y de bigote que siempre bebía cerveza y era un tipo adorablemente surrealista). ¿Consejitos para qué? Pues para tener a mano todo lo que hace falta cuando uno quiere servirse BIEN el vinito en casa.

He comprado el vino pero no me lo voy a tomar ahora. ¿Dónde lo guardo? Buena pregunta. Como los consejos que pongo aquí son para quienes aún no tenéis, o ni siquiera pensáis en tener, colecciones de vino amplias, lo ideal, si no vais a tenerlo mucho tiempo, es guardarlo en el sitio de la casa más oscuro y que cambie menos de temperatura. Ah, y también, mejor tumbado que de pie porque así el corcho del tapón permanece húmedo y el vino no se oxida. Si prevéis tomarlo en unas horas, se permite frigorífico. Y si os hacéis con una mini colección de vinos y os sentís entusiasmados con ella, podéis iniciaros en la compra de una pequeña cava, especialmente diseñada para conservar vinos, y es ahí donde mejor están. Claro, una cava puede partir de los 90 euros, si es pequeña (seis u ocho vinos) hasta el infinito… y más allá.

Lo quiero fresquito, ¿qué hago? Otro de los instrumentos utilísimos, casi imprescindibles, para nuestro kit casero de vinofilia es una hielera. Cuando digo hielera me sirve recipiente grande donde meter una o dos botellas de vino junto a un montón de hielos y agua. Si sois de los que no tenéis mucho sitio para esos mastodontes (suelen ser grandes) un remedio útil es un cubo, que es muy feo pero arregla muy bien la papeleta, o la hielera que tengo yo en casa, que es hinchable y se guarda en cualquier armarito. El sistema de hielos y agua para enfriar tintos, blancos y espumosos es, en mi opinión, el mejor, el menos agresivo para el vino y el más eficaz después de la cava, que es principalmente para evitar que el vino cambie mucho de temperatura.

Esta hielera hinchable es de Koala y cuesta unos 14 euros

Esta hielera hinchable es de Koala y cuesta unos 14 euros, fue una de mis mejores compras de invierno porque me la puedo llevar a todos lados, incluso a las casas de amigos cuando ellos no tienen una.

Las copas, esenciales. Vamos eso no hace falta ni que os lo recuerde, ¿no? un buen juego de copas es vital para poder disfrutar del vino. Y cuando digo bueno, no me refiero a copas de lujo como las que usan los sumilleres y la gente muy experta (a mí me encantan pero son bastante carunas) sino copitas bien perfiladas y con material decente. Curiosamente, y aunque para una cena de etiqueta se pueden quedar un poco cortas, tengo en casa unas cuantas de… Ikea! Que me gustan mucho y además salieron baratísimas, a menos de un euro cada una. Si bebéis cava, sirven también las mismas que tengáis para el vino, aunque un minijuego de copas de cava, más alargadas, también son muy útiles para servir espumosos.

Lo de las copas de vino es un mundo, pero unas sencillitas y bien perfiladas sirven para empezar. Eso sí, vasos NUNCA

Lo de las copas de vino es un mundo, pero unas sencillitas y bien perfiladas sirven para empezar. Eso sí, vasos NUNCA

Si ya os da un punto más friki podéis subir el nivel y desembolsar algunos eurillos más en copas más adecuadas. Yo tengo unas Mikasa Oenology que rondan los siete euros. Pero ya os digo que las de Ikea salvan la papeleta fenomenalmente. Cuando empecéis a cogerle el gustillo a lo de catar y servir el vino en copas distintas os entrarán ganas de experimentar y elegir la que más se adecue a los vinos que soléis tomar.

El vino habrá que abrirlo… Pues sí. Es lo que tienen las botellas, que vienen cerradas y es parte de su encanto adentrarse en la “liturgia” de abrir un vino. Salvo los jereces y algunos vinos generosos que vienen con tapón de rosca, y los espumosos que tienen tapones sujetos por una malla o alambre y se abren con la mano, se necesita impepinablemente un sacacorchos. A ser posible, de los que tienen un accesorio para cortar la cápsula (el metal que recubre la parte superior de la botella). Un apunte: la cápsula se corta SIEMPRE por debajo del gollete, que es esa especie de anillo de vidrio que está en la parte de la botella pegada a la boca, y que es siempre un poco más ancha). Esto se hace así para evitar que el metal de la cápsula pueda, si se hace virutitas, caer al vino y fastidiarlo. Un sacacorchos de lo más digno puede costar unos seis eurillos.

Mi sacacorchos de cabecera. Fue un regalo de un fabricante y le tengo un cariñoooo...

Mi sacacorchos de cabecera. Fue un regalo de un fabricante y le tengo un cariñoooo...

¡Que el vino goteaaa! Esa es una de las situaciones más incómodas de servir el vino cuando uno no es muy diestro, que gotea y si es tinto, nos fastidia el mantelito de hilo de la cena. Pero afortunadamente existen unos circulitos mágicos llamados DropStop que se enrollan y se meten en el cuello de la botella y… ¡el vino deja de gotear cuando se sirve! A mí me han evitado un montón de manchas. Cuesta en torno a los dos o tres euros y encima los hay con estampados muy originales, se pueden reutilizar y no ocupan absolutamente NADA de sitio.

¿Veis el DropStop? Si hasta da un punto estilizado a la botella...

¿Veis el DropStop? Si hasta da un punto estilizado a la botella...

Decantarlo, airearlo… Aunque sobre lo de decantar o airear el vino hay quien tiene verdaderas teorías acerca de cuáles y cuáles no, cuánto tiempo y demás, el decantador, además de ser una jarrita preciosa (a mí me gusta, oye) es útil para oxigenar de una vez un vino y permitir que se “abra”, que expreses mejor sus aromas y sabores. Esto suele hacerse con vinos viejos y con mucho tiempo de crianza en barrica. Eso sí, cuando lo pongáis en el decantador, no volquéis la botella de golpe, hacedlo poco a poco y suavemente, para que el vino caiga sin golpearse en el fondo y se airee al trasvasarlo. No voy a contaros la ceremonia completa de decantación porque no quiero que os durmáis. Un decantador decente puede rondar los 30 euros y podéis pedirlo como regalo de cumpleaños…

Me ha sobrado vino, ¿qué hago con él? Buena pregunta. Normalmente el vino no aguanta mucho en óptimas condiciones una vez abierto. Pero no somos catadores expertos, sino disfrutadores, y tampoco estamos para tirar vino por el desagüe, así que hay inventos asequibles y muy socorridos para poder tomarnos el vino que nos ha sobrado el día siguiente. Eso sí, no conviene guardarlo muchos días porque, definitivamente, se estropeará sin remedio. Pero hay pequeñas bombitas que extraen el aire que entra en la botella cuando se tapa de nuevo y ayudan a conservarlo un tiempo prudencial (dos o tres días como mucho) para poder volver a tomarnos una copilla si nos sobró el día anterior. Aunque suene raruno decirlo, pero ¡benditas bombas! Dependiendo del modelo, las hay desde los siete u ocho euros.

Esta es mi bombita de vacío para vino, que uso eventualmente porque suelo acabarme las botellas... no seáis mal pensados, me las acabo porque bebo más a menudo en compañía.

Esta es mi bombita de vacío para vino, que uso eventualmente porque suelo acabarme las botellas... no seáis mal pensados, me las acabo porque bebo más a menudo en compañía.

Resumiendo, que por una módica inversión pecuniaria, podemos hacernos con un kit de vinófilos para disfrutar en casa. Porque de eso se trata, ¿verdad?

Mismas burbujas, distinto vino (o por qué el champagne no es cava y al revés)

Sé que puede parecer una gafotada (esta palabra me la acabo de inventar, sustituyámosla por esnobismo), pero me sigue ocurriendo: se me erizan los pelos (a escondidas, eso sí) cuando oigo que alguien confunde el champagne (o champán) con el cava.

Así que hoy me hadado por garabatear unas líneas didácticas para el que quiera leerlas y no confundirlos nunca más, a no ser en una cata a ciegas (que puede pasar, doy fe, a pesar de que haya quien asegure que siempre distingue uno de otro).

Primero: el cava es ESPAÑOL, exclusivamente, ya sea de Cataluña, La Rioja, Aragón, Navarra, Extremadura o Valencia, y el champagne es FRANCÉS, gabacho, franchute, fanfarrón… lo que se quiera, pero es reiterativo decir “una copita de champagne francés” porque, si es auténtico champagne, es de Francia seguro. Concretamente, de la región que le da nombre, situada al norte de París.

Esto es champagne: Francia, uvas tintas y chardonnay...

Segundo: las uvas con las que se elabora uno y otro también son distintas. Sin ir más lejos, el cava blanco (no el rosado) suele elaborarse con tres uvas que son las que le dan una personalidad propia. Se llaman Xarel·lo, Macabeo y Parellada, que son uvas blancas autóctonas de Cataluña y de ellas sale un vino espumoso… blanco. Sin embargo, dos de las tres uvas con las que se elabora casi todo el champagne son tintas. Sus nombres: Pinot Noir y Pinot Meunier. La tercera, que es una uva muy conocida no solo por el champagne sino porque se ven vinos por todas partes que la contienen, se llama Chardonnay, y de ella se obtienen unos vinos blancos excelentes, además de un tipo de champagne que se llama “blanc de blancs”. Este nombre es literal, blanco de blancos, y hace referencia a la uva blanca con la que se elabora, para distinguirlo de otros champagnes, también blancos de color, pero elaborados con la participación de uvas tintas. El champagne blanco es blanco aunque proceda de uvas tintas por una razón: el  mosto, a diferencia de lo que ocurre cuando se elaboran vinos tintos, no está en contacto con las pieles porque no se macera con ellas. Estos hollejos son los que dan color, entre otros aportes, al vino que, una vez fermentado primero en el depósito o la barrica y después en la botella, será champagne.

Ambos, eso sí, comparten el método de elaboración, pero no voy a profundizar hoy en eso.

Hay más diferencias, pero estas dos son las fundamentales y esenciales para entender por qué un  cava es un cava y no es champagne y al revés: el terroir o terreno de donde procede cada vino y las uvas con las que se elabora. Sobre todo el primero (el cava introduce de vez en cuando uvas como la Chardonnay o la Pinot Noir en sus mezclas), el terreno, marca una diferencia fundamental que después, ya al probar uno u otro espumoso, francés o español, se nota tanto en los aromas como en el paladar.

..Y esto es cava: España, uvas blancas como la Xarel·lo

Después de conocer esto, uno puede meterse en berenjenales más complicados: la burbuja, la acidez, el toque mineral, la elegancia… Y empezar a preferir uno u otro. A mí me gustan los dos, he probado cavas y champagnes excelentes y los disfruto tanto en aperitivos como con comidas enteras (¿se puede comer con cava? Sí. ¿Y con champagne? También, señores, también).

No son lo mismo, los dos tienen burbujas, sí, pero dentro de la copa cada uno habla un idioma.

*Me cambio de casa, lo celebro con…

Llega el buen tiempo, la primavera, las horas de sol, la alegría, la intensidad en todo… también en los sentimientos.

Es cuando si estamos locos nos volvemos más y si estamos enamorados sentimos más fuerte. Es momento de dar pasos adelante, de cambiar de trabajo o de vida, de cambiar de casa y en lugar de dos, pagar un solo alquiler, compartir cama y dar un beso de buenas noches… Para todo esto, también hay buenos vinos con los que acompañarse y multiplicar el disfrute.

La mudanza, cuando uno se va a vivir con la persona que ama, es el principio de construir una vida y merece la mejor de las celebraciones. Pero “a pie de obra” es divertido involucrar a amigos que pringuen con algunas tareas (subir el sofá por las escaleras, echar una manita con la pintura de las habitaciones, pintar las cajas con rotulador para no confundirlas…) y después dedicarse el momento “afterwork” a tomar un vinito con el que celebrar el “gran cambio”. Con todo por medio, con una pizza y con un montón de cosas por hacer, hay que brindar por la nueva vida. ¿Con qué? pues teniendo en cuenta que después, o al día siguiente, hay que seguir con la mudanza, con moderación, sin duda. Pero se me ocurre un tinto sedoso y elegante, aunque no demasiado potente, quizá un roble de Ribera del Duero, o aventurarse a probar un tinto andaluz de Ronda, por ejemplo, o de Cádiz, elaborado con una magnífica Syrah. Son dos vinos distintos, eso sí, pero se trata de pasar un rato agradable con la cinta al pelo y la brocha casi en la mano…

Después, cuando ya hemos montado la nueva casita, llega la ocasión, o mejor dicho, LA OCASIÓN, en la que invitamos a los colegas, ya limpitos, a cenar para agradecerles que estuvieran ahí deslomándose por nosotros. Es entonces cuando deberían aparecer las burbujas. Eso sí, al principio y no al final de la recepción, que ya que hemos currado nos merecemos empezar la velada en alto. ¿Qué tomamos entonces? pues como estamos en España y los hay muy ricos, cava, catalán de Sant Sadurní, y como la ocasión es especial, un Gran Reserva, con al menos 30 meses (¿acaso nuestro proyecto no es para toda la vida, al menos en intención?) de crianza en botella, complejo, delicioso, elegante y repleto de finura. Además, con un ejemplar de este tipo y una cena que no consista en carnes rojas muy elaboradas, se puede continuar toda la velada, si se quiere, y experimentar con las combinaciones de sabores.

 

El champagne (el de la foto es un tanto inaccesible, pero hay más Krugs deliciosos y otras opciones excelentes para inaugurar una nueva vida) es siempre una buena idea.

Otra opción. Es un gran día, podemos hacer una concesión al país vecino y deleitar a los amigos con un champagne, de burbuja fina y constante, sabores ligeramente tostados, alegre y que como se cuenta que dijo Madame Pompadour, capaz “de hacer más bellas a las mujeres”. Me apunto a semejante tratamiento de belleza, pero además el champagne es una excelente elección para celebrar, incluso aunque no haya nada que celebrar aparte de haber abierto una botella…

Y después de la inauguración, la cena, los amigos y el brindis… a vivir, a empezar, a inventar ocasiones para brindar de nuevo.

*Este post se lo dedico a Elena, que se acaba de cambiar de casa 😉

Anna y Lorenzo, una historia con burbujas

Hace ya unos cuantos años que los anuncios navideños han dejado de ser noticia ¿recordáis cuando esperábamos desvelar en estas fechas quién protagonizaría el anuncio de Freixenet? Atrás han quedado esas mini quinielas, que acompañaban a las jocosas apuestas por averiguar cuál sería el último anuncio del año… Están tan atrás en nuestra memoria como la época en la que había dos cadenas de televisión y, claro, todo el mundo veía las mismas campanadas y esperaba al actor de turno para protagonizar el anuncio navideño.

Ahora las empresas de cava tienen otras prioridades, pero no quieren perder ese halo festivo que rodea a nuestras burbujas patrias, ni tampoco que nos olvidemos de ellos en unas fechas clave para su cuenta de resultados, lo cual es un propósito más que digno. Por eso invierten muchos esfuerzos y mucho presupuesto en lucirse en esta época del año.

Esta vez Codorníu ha querido brillar y ha apostado fuerte con una imagen llena de glamour y despliegue mediático para su spot navideño. Y no lo digo por la fiesta con la que lo presentó en Madrid, repleta de personajes de revistas del corazón, gente guapa y algún que otro título aristocrático, sino porque ha querido apoyarse en un modisto cañí elevado a los altares tras vestir a la futura reina de España: Lorenzo Caprile.

El diseñador ha creado para el spot navideño de Codorníu, cuya protagonista es Anna, una mujer imaginaria que da nombre a este estupendo cava (está muy bueno, es fácil de beber y de encontrar en el supermercado a muy buen precio) un precioso vestido de fiesta de seda con pedrería con el que Anna recorre una fiesta, saludando a conocidos y amigos, con una expresión risueña. Sin soltar la copa, se dirige hacia donde la espera su amado para contemplar juntos las luces de la ciudad.

Moda, estilo y cava se unen en este spot con el propósito de formar un tándem perpetuo, de burbujas y glamour, para animar a un brindis con nuestro espumoso nacional. Más allá de la pura anécdota que supone una colaboración entre diseñador de moda y vino (repetida, por otra parte, hasta la saciedad con otros vinos de diferentes regiones españolas) el anuncio es una expresión del esfuerzo por aunar distinción y vino, y por eso por lo que hay que aplaudir a los protagonistas. Porque Caprile tiene tirón, pero Anna bien merece unos destellos y un poquito de seda.

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