RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para la etiqueta “Clos Mogador”

Vinos bombón

Me paso brevemente por el blog, que lo tengo abandonado (necesidad alimenticia obliga, líquidos, porque una no solo bebe, también come, y de vez en cuando, demasiado de vez en cuando, se compra zapatitos) para hablaros de esas ocasiones en las que el vino se queda en la copa tras la comida… voluntariamente. Los vinos bombón.

Sí, como un bombón que esperas saborear una vez has comido, hay vinos que podemos dejar en las copas para momentos de calma, de sobremesa. Al menos a mí, me encanta tener una, o media, copa de vino bombón cuando he terminado de comer. Porque acompaño al postre, o porque me lo bebo tranquilamente después del café. ¿Sacrilegio? No creo, y si lo es, encantada de pecar.

Personalmente, prefiero los vinos bombón tintos, con cuerpo, volumen, pero sedosos, que pueda masticar casi. Recuerdo ahora esos momentos con tintos de Toro como Termanthia o San Román, uno de mis favoritos, o el priorato Clos Mogador (este es un fondo de armario el tío, sirve para casi todo, como un LBD). Pienso en Douros como Quinta do Crasto, o riberas como Dominio de Atauta o Pago Santa Cruz, de Viña Sastre. Pero también me he dejado esos vinazos de Jerez, amontillados, olorosos o finos (esos Palmas, que están para dar ídem), que me encantan, porque refrescan y serenan.

¿Cuáles son vuestros vinos bombón?

Teso Los Carriles, el viñedo de donde sale Thermanthia, en Toro.

De este viñedo en Toro sale uno de mis vinos bombón, Thermanthia.

Gracias, René

Gracias, René

Hace ya casi un año que coincidí con René Barbier en una feria y me prometió que me enviaría el libro de su bodega, lleno de recuerdos y fotos que son un testimonio cercano sobre cómo el Priorato, de ser una región deprimida, pasó a convertirse en una de las zonas vinícolas más apreciadas por los bebedores de vino (y los críticos, y las revistas). Cuando René empezó ahí, junto con Álvaro Palacios o Daphne Glorian o José Luis Pérez, a todos los llamaban locos. Hoy muchos quieren ser como ellos.
Después de nuestro encuentro el libro no llegaba y pensé que lo había olvidado, pero creo que volvió a recordarlo cuando nos encontramos hace unos días en Madrid, él venía a recoger un premio por su Espectacle y yo iba a ver quiénes eran los premiados…
Hoy ha llegado el libro, y una sonrisa se ha dibujado en mis labios. Tengo mucho cariño a René, es un tipo muy especial y sus vinos son muy parecidos a él, difíciles, tímidos al principio, que necesitan tiempo, paciencia, pero grandes después, cuando la cercanía y el tiempo han hecho su trabajo.
Gracias René, por el libro, y gracias por acordarte y reírte conmigo de vez en cuando.

René Barbier, el Mogador con nombre propio

Este perfil se refiere a uno de los enólogos o “winemakers” más importantes de la historia del vino español: René Barbier, un artífice de grandes vinos y padre de lo que hoy es el Priorat. Gracias a él y a sus compañeros esta región catalana pasó de ser una tierra de vinos rudos a una prestigiosa denominación de origen con marcas como el carísimo L’Ermita, Mas Perinet (el vino de Serrat) o Clos Mogador, el vino más famoso de René. Espero que su historia os entretenga porque es una historia de pasión por lo que hace.

(Extracto del artículo “Vinosaurios” publicado en la revista PlanetAVino)

Este hippie eterno es el vinosaurio que ha dejado, y sigue dejando, una de las huellas más profundas que los historiadores encontrarán en el Priorato. Ligado desde siempre a esta comarca repleta de contrastes, René, que a sí mismo se considera un “fruto del 68”, encuentra aquí su hábitat natural. Y el tiempo, como sus vinos, le da la razón.

Originario de Tarragona, ya conocía Gratallops antes de trasladarse allí, donde ahora se ubica su bodega de Clos Mogador, y ya entonces esta tierra comenzó a seducirle. Pero en los 80, el Priorato era otra cosa, los vinos de aquí “no los quería nadie”, recuerda.

Barbier encabeza al grupo de “locos” que se inventaron lo que es hoy una de las denominaciones más prestigiosas de España, el Priorato, cuando todos juntos (Álvaro Palacios, vecino de René y creador de L’Ermita, Daphne Glorian, creadora de Clos Erasmus, José Luis Pérez Verdú, que firma el Clos Martinet, y el Clos de l’Obac de Carles Pastrana) elaboraban el mismo vino y cada uno lo etiquetaba como propio, porque entonces no había más posibilidades. Pero fue un crítico extranjero quien calificó este vino como uno de los mejores del mundo y el resto ya es historia. Ahora, veinte años después, Clos Mogador es casi una leyenda y René sigue embarcado en varios proyectos en la comarca. Anda dando vueltas a la presentación de su primer vi de vila (“vino de pueblo”), una recién estrenada categoría recogida en la reglamentación autonómica y dentro de la DOC Priorato en la que se incluirá Manyetes, su vino de Cariñenas viejas y valientes que encarna la esencia de esta comarca, el priorato más auténtico, mineral, fuerte y repleto de carácter.

René fue también el primero en conseguir la calificación de Clos Mogador como vino de finca, una categoría similar a los vinos de pago pero inscrita en una denominación de origen. Para él, esta categoría solo tiene mérito dentro de una denominación de origen, a diferencia de lo que sostienen los defensores de los vinos de pago independientes: “si a ti te gusta el terroir, primero constituyes una denominación de origen y después el vino de pago”, recalca.

René Barbier me dio un tour por algunas de las viñas en las que trabaja y a las que adora, en las regiones de Priorat y Montsant

El vino, su expresión más sincera

Paseando por algunas de las 20 hectáreas que tiene Mogador, se aprecia perfectamente la filosofía de René Barbier, para quien “Mogador es como yo, salvaje”: no se arranca una sola hierba, está repleta de biodiversidad, lo que René defiende a ultranza: “aquí conviven viñas de cien años con otras de veinte, de doce y viñas recién plantadas al lado. Ésa es la mentalidad de Mogador”. Una finca de terrenos altos y bajos con frutales, hierbas que después se recuerdan oliendo el vino, caballos, perros, jabalíes y una casa levantada con sus manos. Para René, lo más importante es “la naturaleza, la viña y la gente”. “Creo que el terroir es un escenario que está ahí, y eres tú quien tiene que adaptarse a él y no al revés”. Confiesa que le gustan los vinos franceses, pero no distingue entre zonas, se guía por las personas: “me gusta el vino que, al llevarlo a la nariz, me hace tener ganas de conocer a la persona que lo hizo”. Todo en él es auténtico, y esa es una de las claves de su éxito.

Y Clos Mogador, el vino, es la expresión más sincera de René. Un vino unido a su autor por un hilo que casi se puede tocar: al principio, se muestra tímido, reservado, pero según va pasando el tiempo, va comenzando a conversar, a decir lo que piensa, a dar la cara. Y emociona, hace sentir. Es un vino repleto de matices y de alma, de fruta y minerales, de caos y armonía al tiempo. Cuando se le pregunta a René si alguna vez ha pensado en dedicarse a otra cosa, contesta “puede ser, no lo sé, porque no pienso”.

Espectacle, Laurona y la Quintessencia de su vinos

Durante la vendimia, la diferencia a veces abismal que hay entre las orientaciones y las alturas de las viñas convierte al Priorato en un caos. Y para René, ahora embarcado en otros proyectos vinícolas, la cosecha comienza en agosto y acaba casi en noviembre: “el año pasado terminamos el 28 de octubre, con las garnachas de Espectacle”, recuerda.

Este proyecto ubicado en La Figuera, que pertenece a la DO Montsant y cuenta con una vista arrebatadora en forma de teatro que se sumerge en la montaña, ha sido uno de los grandes descubrimientos vinícolas recientes, y también tiene una historia curiosa, ya que fue René quien gritó a la excavadora que se disponía a arrancar las garnachas de la finca para que se detuviera. Y comenzó a elaborar un vino con Chistopher Cannan (ex broker de vino de Burdeos) y Jordi Segura (propietario de Euroselecció y copropietario de Manyetes con René) a partir de las cepas centenarias y únicas de esta encantadora parcela, que se encuentra protegida por ruidos de rapaces que salen de unos altavoces y cercas que propinan una descarga eléctrica a cualquiera que suponga una amenaza para esta exposición de esculturas, como considera René a las viñas que allí reposan.

Justo debajo, completando la función de Espectacle, se encuentra una de las fincas de Laurona, otro de los proyectos de Montsant a los que René ya estaba vinculado (junto con Cannan) y que este año ya es ha sido adquirido en su mayor parte por dos ex componentes de La Trinca, Toni Cruz y Josep M. Mainat.

René no se detiene y desde este otoño ha puesto en marcha, junto a otros dos amigos, Philippe y Brigitte, a los que compara con las películas de Indiana Jones por la cantidad de aventuras que han vivido, una destilería que lleva sus nombres, más el de Isabelle, la esposa de René (Brisfere), y donde se extrae la “Quintessencia de Mogador”, un destilado de ese vino que es una vuelta de tuerca más, y que se parece, también, a su autor: especiado, frutal, complejo y más y más conversador a medida que se airea en la copa. Tampoco es nuevo el concepto, entre sus amigos ya se conocía al Capitán Haddock, un destilado que hacía sin comercializar.

El futuro de René es largo, más aún si se tiene en cuenta que continúa en sus hijos, René, ya embarcado en varios proyectos vinícolas, y los dos pequeños, Christian y Anderson. Un trío que le hace decir a René que “yo no he tenido nunca nada, y ahora tampoco, porque todo es de ellos” y que aparece en la etiqueta de Mogador junto a sus tres nietos, todos en forma de cepas, que ha diseñado Isabelle. René sabe que Clos Mogador “seguirá existiendo con ellos, porque están más locos que yo”.

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