RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

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¡Indignaos!… Si os sirven mal el vino o el cóctel

Estos días he estado preparando un reportaje que saldrá en breve en la revista PlanetAVino (para muy aficionados al vino, que se puede comprar por Internet) y mientras lo hacía y buscaba documentación por La Red he encontrado las razones para escribir el post de hoy: la gente, cuando le sirven mal el vino o le ponen mal un cóctel, no suele protestar. Pues bien, cual sindicato del líquido, desde aquí os convoco: protestad, no os calléis, si el servicio en un bar o restaurante es deficiente.

Puede pasar que a muchos de vosotros no se os ocurra devolver un vino cuando este tiene algún defecto difícil de detectar para un bebedor no entendido. Normal, la duda os inundará y os preguntaréis si, simplemente, el vino elegido es un error. Pero de oler brettanomyces (palabro que cuelo a propósito para asustar) a devolver un vino al que le falta temperatura, por ejemplo, hay un tramo. Y para esto último no hace falta entender mucho de vino, sino simplemente querer que a uno le sirvan como Dios manda.

Vaso de tubo, un invento del infierno

Con el cóctel y los combinados pasa igual, aunque se ve menos. Pero un pecado habitual y que desde aquí reivindico que muera es el del dichoso e imposible vaso de tubo, infame instrumento que no sirve para nada y que, sin embargo, prolifera en un montón de barras de bar. Digo yo, ¿tan difícil es comprar un recipiente distinto? Ahora que está tan de moda el Gin&Tonic por favor, ¡protestad si os lo sirven en horribles tubos en los que, a poco que uno tenga la nariz grande (me encanta en los hombres) el desafortunado usuario ve alejarse su líquido mientras la napia solamente le alcanza hasta el hielo! Para esto, de nuevo, no hace falta entender, sino beber. Y protestad también cuando os sirvan las copas calientes. Lo ideal sería que tanto el destilado como el refresco de turno procedieran de la nevera pero perdonaremos, de momento, que los primeros estén a mano del camarero porque en algunos refrigeradores de bares sencillos “no hay sitio p’a tanta gente”. Pero el refresco, frío, que se agua si no el combinado.

Si se trata de un cóctel, cuidado con dónde lo tomáis porque no es lo mismo un profesional de esto, que tiene un nombre essstupendo, el de Bartender, que un camarero cualquiera que le da al grifo del mojito preparado sobre hielo “pilé” (que me gusta esa palabreja gala, oiga). Si veis que los mojitos son demasiado baratos, haceos a la idea de lo que os van a servir y aceptad que eso es lo que hay por ese precio. Pero si os cobran eso mismo a precio de cóctel de Gotarda, ¡protestad! O dejad de ir al sitio, que es otra solución.

Voy a enumerar algunos motivos de protesta para convocaros a cada uno a indignarse dignamente ante un camarero, mâitre o cualquier otro personal de hostelería que os sirva:

–          El vino está caliente: indignaos porque la temperatura de un vino no es la de la calle en mayo, por más tinto que sea. Y que os lo enfríen con una hielera que mezcle hielos y agua. O que os traigan un refresco, pero ese caldo, de vuelta a casa.

–          El vino huele raro: a humedad, a bayeta o agua sucia, a vino generoso (del que tienen las abuelas para la merienda) siendo un tinto del año… si el vino huele raro, aunque no sepáis identificar exactamente la razón, pedid otro o cambiaos de bar, pero no aceptéis el fraude. Y menos si la copa cuesta un riñón (que cuatro eurazos son cuatro eurazos).

–          La copa de vino… es un vaso: lo siento, pero no. El vino, aunque sea Txacoli, en copa, por favor. SIEMPRE.

–          El precio del vino es como pagar oro: cuidado con esto. Lo ideal si se desconoce el vino es esperar a conocerlo, o mirar otras referencias para contrastar. Más de tres o cuatro euros, pagadlos solo si sabéis con certeza que el vino y el servicio lo merecen.

–          El rosado tiene más años que tú: se sabe porque de rosado solo le queda el nombre y su color es monísimo para una tapicería de sofá. Indignaos.

–          El blanco fue blanco algún día: por lo mismo, lleva ni se sabe en a saber qué estantería. O puede pasar que pidáis un Rueda y os miren como si estuvieran viendo a Michael Jackson.

–          Pedís una Manzanilla y os preguntan: “¿la infusión?”. Fuera de ahí, sin indignarse ni nada. Simplemente HUÍD.

Bueno, estos son algunos de los motivos, pero os invito a participar y comentar más casos en los que no os hayáis quejado, o sí. Porque solo así meteremos caña a esos servicios nefastos que solo perjudican al consumidor… y a su propio sector. Indignaos ante ellos y protestad, que ahora es tiempo de cabreos y el ambiente propicio.

Este blanco, por ejemplo, está estupendamente servido. Y bien pagado, también sea dicho.

Este blanco, por ejemplo, está estupendamente servido. Y bien pagado, también sea dicho.

Cócteles para cada momento del último día del año

El fin de este año, otro más inmerso en la crisis, se acerca, y con él nuevas ilusiones, la esperanza de que de algún modo todo cambiará a mejor. Por eso, nada mejor que celebrar lo bueno que está por llegar y lo malo que dejamos atrás. Más allá del cava, el champagne y otros vinos chispeantes, la Nochevieja es un excelente momento para servirse, o dejarse preparar, un buen cóctel. Y sumergirse en la sensualidad de las mezclas, para afrontar un 2012 llenos de optimismo.

Llega otro momento de gula, de cenas opíparas y largas, que empiezan, en ocasiones, con el aperitivo de esa misma tarde y acaban más de 24 horas después. Más allá de los excesos, cada uno celebra su fin de año a su manera. Por eso propongo a los lectores que se dejen seducir por los cócteles, ya sea un (aparentemente) sencillo Gin&Tonic casero o un sofisticadísimo y a la vez “vintage” Ramos Gin Fizz. ¿Por qué no?

Tomar un cóctel con una tapa de aperitivo (y con tapa no me refiero a la aceituna que viene dentro del Dry Martini como Dios manda), comer con un buen cóctel determinados platos y pasar la sobremesa con combinados digestivos o copas seductoras es una opción findeañera que recomiendo experimentar. Ya sabéis, siempre, sin miedo, y siendo infieles, aunque con este término lleve la contraria a un maestro coctelero de los mejores, Javier de las Muelas, que llama “fieles”, precisamente, a las gentes amigas de los bares y su atractiva liturgia.

Con este arbolito de la madrileña Puerta del Sol, aprovecho para desearos lo mejor en 2012

Con este arbolito de la madrileña Puerta del Sol, aprovecho para desearos lo mejor en 2012

Lejos de querer categorizar, que para eso ya están los libros y los textos de los expertos, se me ocurren unas cuantas ideas que pueden servir de hilo para… tirar de él y empezar la fiesta. Eso sí, que proponga aquí algunos cócteles no significa que cada lector tenga que sumergir su Nochevieja en una espiral etílica para probarlos todos, cuidado. De hecho, 2012 cuenta con 366 días estupendos en los que, moderadamente y siempre bajo un paraguas de placer, pedirle al barman o prepararse uno mismo un buen cóctel y probar nuevos sabores.

Aperitivo de cóctel para preparar la noche mágica

Si empezamos la Nochevieja a horas tempranas, véase, por ejemplo, las dos de la tarde del 31 de diciembre, aparte de las consabidas cañas puede uno dejarse llevar por la frescura de un Vodka Martini (con aceituna) o algunos preparados con base de vino, por ejemplo, con vinos de Jerez (de “cream” con naranja, e incluso, ¿por qué no? un buen rebujito para animarse) u Oporto o el glamouroso Kir Royal, cuya base es el champagne (o el cava). Yo, que soy fan del cognac, recomiendo una especie de vuelta de tuerca del Gin&Tonic pero con líquidos “morenos” que se puede hacer en casa y es muy fácil: en un vaso recto y ancho, de los llamados “old fashion” se ponen al menos tres rocas de hielo y una parte de cognac (vaaaale, admitimos Brandy pero alguno un poco especial, español, del sur o catalán que hay algunos realmente ricos) y dos partes de Ginger Ale. Como acompañamiento, una rodaja de naranja. Sencillo, fresco y recomendable aperitivo.

Durante la cena, también combinados

Si se quiere cenar con un coctelito para acompañar mariscos o ensaladas tirando a frescas, preparados con bases como el vodka o la ginebra pueden resultar una mezcla fantástica. Un buen (y seco) Gin&Tonic sacado de la barra de las copas, o un Casino, o un Gimlet, que es un clásico, pueden refrescar la cena. Sin olvidar un buen sorbete de limón que cabalga entre la receta de cocina y el combinado a base de cava. Que aproveche esta última cena de 2011.

Y tras las uvas… más cócteles para bailar, charlar o…

Llegan las 12 con sus cuartos y sus doce uvas, lacasitos, golosinas, pasas o lo que sea y tras el brindis (bueeeno, con cava o champagne esta vez, que las burbujas alegran el alma) cada uno, según la edad, la situación pecuniaria y lo más importante: las ganas, puede optar por salir de copas, salir en plan relax con amigos, quedarse en casa o directamente irse a dormir. Para esto último no hay cóctel que valga, pero las otras opciones pueden ir acompañadas de cócteles alegres y festivos, como los omnipresentes Mojitos, las Caipirinhas, los Margaritas o una variedad de cócteles tiki de sabores exóticos y divertidos y con el ron como protagonista.

Si la opción no es tanto la fiesta como la buena sobremesa y la conversación, o incluso una timba de mus, de poker o de videoconsola, cócteles como mi querido Sazerac, el delicioso Manhattan, el Old Fashioned (los tres preparados con distintos tipos de whisky) o el siempre sabroso Cosmopolitan (con base de vodka) y el solvente Cuba Libre colman de sobra las necesidades líquidas de la primera velada de 2012*.

¡Feliz Nochevieja y felicísimo (y líquido) Año Nuevo!

*Ah, y no hay que olvidar el cóctel para la resaca tras la noche de fiesta, baile y diversión: el Bloody Mary, porque el primer día del año también viene con más comidas familiares y hay que preparar el estómago…

¡Feliz Navidad! Con cava, champagne, vino tinto o blanco, cócteles… Brindad por lo bueno

Que los líquidos os acompañen para alegrar los buenos momentos en familia.

Que los líquidos os acompañen para alegrar los buenos momentos en familia.

… Con ese titular tan largo (qué mella han hecho en mí las nociones de SEO) quiero, simplemente, postear a los lectores de este blog, amigos que pinchan para curiosear y desconocidos que pasan por ahí con el ratón y se quedan unos minutillos a explorar, mis mejores deseos líquidos para estas fiestas, que brindéis, disfrutéis, bebáis con moderación y, sobre todo, que riáis mucho, que ya hay días para estar menos contentos. Que este año que viene nos traiga buenas noticias, buenas anécdotas que contar e intercambiar y mejores líquidos con los que brindar. Que no perdamos la alegría. ¡Feliz Navidad!

Ten con ten… sitio con nombre, vinos no tanto

Normalmente me gusta conocer los sitios nuevos que abren en mi ciudad, Madrid, y gracias a mis compañeros y compañeras de profesión estoy relativamente al día del garito de turno donde “hay que ir”. Y como en la capital se mueven los locales a un ritmo casi frenético (no solo aparecen, que también desaparecen unos cuantos) pues de vez en cuando me apetece probar uno en concreto e ir con buena compañía. Esta vez le tocó al “Ten con Ten”.

Había leído a Charo Izquierdo en Twitter y alguna crónica más de mis colegas (e incluso de alguna amiga “superenteradadelossitiosdondehayqueestar”), como suelo mirarlas antes de ir a algún sitio para que sean ellos los que hagan de avanzadilla, me aventuré y me planté, eso sí, un viernes como Dios manda, retando a los hados y previendo, como ya me había pasado en otras ocasiones, que estaría lleno. Bueno, pues a rebosar era solo una expresión para acercarse a cómo estaba el local. Como se dice ahora: lleno no, lo siguiente.

Foto publicada en El Economista del Ten Con Ten

Bonito, desde luego, es un rato.

Después de dar una vueltecita por donde buenamente pudimos hacernos sitio y observar que ni al norte, ni al sur, ni en las mesas había un hueco donde sentar nuestras posaderas, resignados mi acompañante y yo, nos abrimos un pequeño espacio en la barra, pero tan pequeño que solo nos servía para pedir el vino y la tapa en cuestión, porque, para tomarlo, teníamos que alejarnos de ese límite vertical que era “nuestro sitio”. Eso, ya, me empezó a no gustar, porque aunque el local es precioso (quien esté en Madrid puede comprobarlo y me dará su opinión) si no puedes moverte, la sensación es de agobio, digan los decoradores lo que digan.

Ahora a lo importante: las cartas. La de vinos, por supuesto, y la de tapas, que para eso es un “gastrobar” (miedo me está empezando a dar el término). La primera, tengo que decirlo, tiene muy buena pinta: vinos españoles de todo tipo y entre ellos muchas marcas conocidas, con cierto prestigio y a unos precios del Barrio de Salamanca que es donde hay que pagar el alquiler del establecimiento. Me gustó mucho la selección que tenían sin considerar que era arriesgada. Pero bien. En cuanto a la segunda, también las tapas y raciones, casi ninguna por debajo de los 20 euros, tenían un aspecto apetitoso sobre el papel y, comprobamos con un tartar de atún, que también en el plato, al menos en este caso.

Pero, ¡ay!, viendo los precios de las cartas y cómo estaba el sitio, decidimos no pedir una botella de vino sino una copa, porque tratándose de un gastrobar donde salían de la barra cócteles como si de la fábrica de Willie Wonka se tratase, imaginamos que algo parecido ocurriría con la selección de copas de vino. Ahí es donde encontramos el mayor de los fallos. Porque al preguntar, en un sitio taaaan chic, por los vinos que tenían, ya que no aparecían en la carta de vinos (paradójico, ¿no?) nos contestan: “psss, no ssséeee, Rioja, Ribera y Rueda”. TOMA YA, me dije a mí misma, mientras me quedé ojiplática. No solo tienen aquello de “sota, caballo y rey” en un local que se las da de cool y con una buena reputación a sus espaldas, sino que los camareros, y hablamos con más de uno, no supieron decirnos QUÉ vinos (qué marcas, qué uvas, lo que fuera menos el tópico, ¡POR FAVOOOORRRRR!) tenían en la dichosa barra.

Ahí es donde hice la cruz. Bueno, la cruz entera no, un cuarto. El resto fue cuando los vinos los sirvieron en unas copas aceptables (tengo que decir también lo bueno, creo yo) peeeero a una temperatura al límite. Vamos, que el segundo trago y con la gente que había era ya, como les gusta decir a algunos, un caldo, pero literal. Calentito calentito, oiga. Así que nos quedamos sin saber qué nos servían porque, aunque el camarero tuvo la delicadeza de leernos la etiqueta y decirnos la marca (¡!) pues casi ni nos enteramos con el barullo.

¿Cómo se puede permitir, críticos gastro incluidos, pasar por alto este tipo de servicio en un local de ese nivel? Vale, no es un estrellamichelín, pero sí se le puede, se le debe, exigir que por los 3,50 euros por copa de vino, al menos, esté en condiciones. Sin contar con que la selección, para lo que se espera de un local así, era cortita, decepcionante, nada original (siendo mala, malísima, puedo incluso apostillar que se han gastado taaanto en decoración que no les ha quedado para el servicio del vino, a pesar de que lo cobren como el “nivel” del sitio exige). Los vinos en un gastrobar, como los cócteles (ese sería un cuento aparte) o las cervezas o incluso el agua (mira, tenían S. Pellegrino, el agua más cool y cinematográfico del mundo), son acompañamiento inseparable de la comida; y si se cuida una, hay que cuidar necesariamente los otros, porque la experiencia, si no, no merece la pena, y se aleja, muchísimo, de ese “ten con ten” que da nombre al local. Lo malo es que no es la primera vez que encuentro pegas parecidas a sitios como éste.

Para equilibrar la cuestión, aquí os dejo otras dos consideraciones, una periodística y otra bloguera completamente distintas a la mía. Juzgad vosotros.

Profanos del cóctel, ¡convertíos!

Ya es verano desde hace unas semanas y lo que más apetece es olvidarse de la oficina aunque sea por unas horas y salir a tomar algo, un vino, un champagne… o un cóctel. Últimamente el que más se ve por ahí, aparte del gin&tonic (que, técnicamente, no es un cóctel porque no lleva nada más que la base alcohólica y un refresco, así que es más propio llamarlo combinado, como el Cuba-libre), es el dichoso mojito. Y lo de dichoso no es porque me guste o no, que no es el caso (siendo RaqueLíquida abogaré por casi cualquier líquido y bebida de calidad tomada con moderación), sino porque lo veo, me lo encuentro, hasta en la sopa. Pero hay vida más allá del mojito, vaya que sí.

El otro día me llegó una comunicación donde se hablaba de que varios establecimientos en España contarán con un mojito de grifo listo para servir y al que solo hay que poner los aderezos correspondientes (el hielo, el limón y la hierbabuena o la menta) para disfrutarlo. Me dije a mí misma que, efectivamente, el mojito se está convirtiendo en un cóctel no solo de moda, sino al alcance de todos. No tengo ni idea de los precios que manejan estos preparados, pero imagino que serán algo superiores a los de una cerveza o un vino de la casa. Sinceramente, la idea de poder tomar un cóctel ya preparado no es la que más me atrae, pero también me parece recomendable si lo que uno quiere es empezar a probar los sabores de los cócteles.

Para empezar... perfecto

Por eso tampoco me parecen mal las botellas de otros cócteles ya preparados, porque uno puede empezar por ahí a enamorarse del cóctel (conocido ahora entre los más empollones como “mixología”) en sus casas y fiestas particulares y a partir de ahí saltar a su verdadero territorio: los bares. Porque, lo queramos o no, el bar es el santuario coctelero por excelencia.

Ya lo insinúa el más internacional de nuestros maestros cocteleros, Javier de las Muelas, cuando habla de los “feligreses” que acuden a la “liturgia” de tomar un cóctel en un bar. Porque no hay nada comparable, ni grifos, ni preparados, a llegar a una barra y encontrarte con alguien tras ella que te haga disfrutar con su cóctel. Bien preparado, eso sí, por lo que es recomendable escoger el sitio (en la mayor parte de las capitales españolas hay algún santuario donde acudir sin miedo a tomar un cóctel exquisito y bien mezclado por un profesional) y también, si uno es valiente, dejarse aconsejar por el barman: ahí, como cuando uno se deja sugerir por el sumiller para escoger el vino, puede estar la clave del disfrute del cóctel.

Y para continuar, las creaciones de los profesionales y los cócteles clasicos de nuestro barman favorito

Y se puede seguir pidiendo mojito, claro que sí, y en esta época aún más (aunque haciendo un poco el canalla, recomiendo probar el “No es un mojito” que prepara Mario Villalón en El Padre de Madrid), pero sabiendo que hay vida más allá: es apasionante (creedme, lo es) descubrir los amargos sabores del Negroni, la fortaleza del Manhattan, la frescura del Cosmopolitan, la elegancia del Dry Martini o el exotismo de los llamados cócteles Tiki (preguntad sin miedo al barman qué es eso…) e incluso probar las creaciones propias de cada bar (cócteles de autor, podríamos llamarlos, aunque todos, los conocidos y los menos, tienen sus creadores) o viajar en el tiempo hacia los cócteles más “rancietes” pero llenos de encanto, como el Ramos Gin Fizz (¿no despierta vuestra curiosidad?) o mi favorito, el Sazerac. Amén.

Gin&Tonic: no sin mis botánicos

Este fin de semana una amiga estaba leyendo un suplemento de ocio en Madrid y, en la sección de “copas” se anunciaba un nuevo local donde los gin&tonic son la estrella. Por supuesto, y según el suplemento, el local cuenta con una carta de ginebras y tónicas para combinar, procedentes de más de 30 países.

En la reseña aparecía también que la carta la había diseñado un reputado barman y que en ella se ponía “el acento en los botánicos”. De repente mi amiga preguntó: ¿qué es esto? ¿Qué es un botánico? Y por si hay alguien más que no lo sepa, dado que el gin&tonic es el combinado de moda, voy a contar qué es eso de botánico, que no tiene demasiado que ver con un jardín ni con un tipo que sabe de hierbas, aunque tampoco anda muy lejos de ellos.

La ginebra es un destilado de cereales (en la mayor parte de los casos, ya que hay alguna ginebra procedente de alcohol vínico) que, a grandes rasgos se aromatiza con una significativa cantidad de enebro y con otros ingredientes. Esos otros ingredientes son los que, técnicamente y más para los expertos, llevan el nombre de botánicos. Desde hace unos años, estos botánicos, tradicionalmente cítricos y especias, se han ido tornando cada vez más diversos, hasta el punto de que en las ginebras del siglo XXI no extraña nada leer que incorporan maceraciones con té, rosa, pepino, violeta, azafrán, raíz de angélica… Me encanta el exotismo que puede contener una botella de ginebra, es como una pequeña ONU en miniatura… y es gracias a la diversidad de botánicos que incluye.

En cuanto a ellos, hay que tener claro que son los responsables de que la ginebra huela y sepa a algo y probablemente tengan que ver también con ese aire sofisticado que ahora tiene esta bebida. Si uno tiene una buena nariz, se pueden notar aromas ligeros de lima, limón, mandarina, cilantro, regaliz, cardamomo, rosa… Además, a la hora de hacer un gin&tonic los barman aprovechan estos ingredientes para combinarlos con una u otra tónica y para incluir diferentes frutas en la copa que refuercen el sabor de los botánicos o contrasten con ellos. Por lo que gracias a ellos, la experiencia de tomar gin&tonics puede convertirse en un recorrido interesantísimo hasta encontrar la combinación que más nos apetezca.

La foto es de un smartphone, pero imaginad las fresitas, las burbujas, el limón...

A propósito de gin&tonics, el viernes me encontré con uno (estaba bebiendo un Cosmopolitan riquísimo pero probé un sorbito y me conquistó) elaborado con una ginebra de alta gama cuyos botánicos principales eran el té sencha y el té verde chino.  Además, la tónica que lo acompañaba contenía jengibre y cardamomo, y en el interior de la copa se incluyeron trocitos de fresa y cáscara de limón. La combinación del té con las especias de la tónica y la ligera acidez e intensidad de la fresa resultó ser de lo más afortunada pero… para gustos, que para eso hay infinidad de botánicos que probar y combinar.


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