RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para la etiqueta “Ginebra”

Mi estreno líquido en el blog Avanza en tu Carrera

Hace unos años conocí a Ian Hart, un inglés simpático y entusiasta que se inventó una ginebra para montar en casa al gusto de cada uno. Él y su mujer, Hillary, me hablaron de su microdestilería y de la ilusión que les hacía el proyecto. Hoy destilan en Londres no solo ginebras originales, también vodka y elaboran algún que otro licor. Esta es su historia, contada en el blog Avanza en tu Carrera

Cuando la ginebra es el camino

Etiquetas líquidas: dime cómo vistes y me imaginaré cómo sabes

Este fin de semana he salido a cenar con un amigo al que le gusta el vino tanto como a mí y con el que puedo tener conversaciones interesantes sobre él sin que se me duerma. El tipo, además de adorable, es un experto en marketing y muchas veces, por aquello de la deformación profesional, no evita fijarse en aspectos del vino relacionados con esta disciplina. Durante nuestro paseo y picoteo por Barcelona, entre bares de vinos por el Borne, mi amigo se fijó en algo que llamó su atención y que abrió una conversación nueva: la etiqueta y, en general, el vestido exterior de las botellas de vino, desde el nombre a la calidad del cristal y la etiqueta. Y lo mismo que ocurre con el vino, puede pasar con un whisky o una ginebra. ¿O no?

Porque no es lo mismo llevar Armani que Valentino, Hoss que Zara ni Lacoste que Primark, tampoco lo es que un vino se llame L’Equilibrista que Tetas de la Sacristana y que un whisky se llame Charles House que The Macallan. Quiero decir, no nos despierta la misma confianza ni nos habla igual de lo que puede haber dentro. Al menos a mí, y sobre todo cuando no conozco el líquido en cuestión.

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Por partes: hablando de vinos, cuando mi amigo y yo llegamos a un bar para tapear y nos fijamos en los tres o cuatro vinos por copas que tenían, la verdad es que, no conociendo ninguno de ellos, nos fijamos más en el exterior a la hora de decidir, matizando, también, nuestra decisión en función de la zona de procedencia. Pero a lo que voy: entonces ninguno de los vinos nos dio “buen rollo” al principio y siguió sin dárnoslo cuando lo teníamos ya en la copa. La reflexión de mi amigo fue la siguiente: no me sorprende que este vino sea del montón porque tanto el diseño de la etiqueta como el nombre (que no diré porque como no me interesó demasiado no lo conservé en la memoria, acto que recomiendo para evitar la saturación mental de vinos y destilados que no nos gusten) hablan de poco esmero, un poco así, “bah, si como la gente no entiende y el vino no tiene pretensiones, tampoco las tengo yo con la etiqueta y la botella”. Pues estamos apañados, pensamos, ¿así quieren que bebamos más vino?

Lo más curioso, y fue algo que yo comentaba con mi amigo, es que cuando un vino ya lo conocemos y nos gusta, la etiqueta ya no tiene tanto poder de sugestión. Quiero decir, por ejemplo, que yo conozco ya el Castillo de Ygay de Marqués de Murrieta y me gusta bastante, pero si no lo llego a conocer, igual no sería mi primera opción ni por el nombre, ni por la etiqueta (que a mí, personalmente, no me entusiasma, aunque sí me gusta mucho el contenido). Y que si no conozco un vino como Tierra Fidel, que hacen unos amigos míos, igual sí lo elijo para una cena o me fijo en él porque la etiqueta, desde que la vi por primera vez, me encantó.

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)

Lo mismo con los nombres: ¿O me diréis que cogéis antes una botella de Cojón de gato que una donde ponga Pago de los Capellanes? No, ¿verdad? Pues a eso voy. Y que conste que el nombre del primer vino tiene su justificación porque alude a la uva de la que procede…

Y exactamente igual con destilados. No es igual ver una botella como la del ron Elements Eight que la del canario Arehucas, independientemente de que luego al probarlos nuestra opinión cambie. Afortunadamente en el campo de los espirituosos el diseño, creo, se pone bastante las pilas y nos libra de engendros de los que el vino, aún, no se ha desecho. Engendros del embotellado y etiquetado, el “packaging” del que hablan los marketinianos, ojo.

No es lo mismo...

No es lo mismo...

Pero el líquido, amigos, también entra por los ojos, seduce como puede hacerlo un desconocido o una desconocida… y luego, ya se verá si por la conversación que tiene, o que le falta, decidimos descartarlo.

¿Qué opináis vosotros?

Para entreteneros un poco os dejo una serie de etiquetas que he encontrado navegando por ahí.

Gin&Tonic: no sin mis botánicos

Este fin de semana una amiga estaba leyendo un suplemento de ocio en Madrid y, en la sección de “copas” se anunciaba un nuevo local donde los gin&tonic son la estrella. Por supuesto, y según el suplemento, el local cuenta con una carta de ginebras y tónicas para combinar, procedentes de más de 30 países.

En la reseña aparecía también que la carta la había diseñado un reputado barman y que en ella se ponía “el acento en los botánicos”. De repente mi amiga preguntó: ¿qué es esto? ¿Qué es un botánico? Y por si hay alguien más que no lo sepa, dado que el gin&tonic es el combinado de moda, voy a contar qué es eso de botánico, que no tiene demasiado que ver con un jardín ni con un tipo que sabe de hierbas, aunque tampoco anda muy lejos de ellos.

La ginebra es un destilado de cereales (en la mayor parte de los casos, ya que hay alguna ginebra procedente de alcohol vínico) que, a grandes rasgos se aromatiza con una significativa cantidad de enebro y con otros ingredientes. Esos otros ingredientes son los que, técnicamente y más para los expertos, llevan el nombre de botánicos. Desde hace unos años, estos botánicos, tradicionalmente cítricos y especias, se han ido tornando cada vez más diversos, hasta el punto de que en las ginebras del siglo XXI no extraña nada leer que incorporan maceraciones con té, rosa, pepino, violeta, azafrán, raíz de angélica… Me encanta el exotismo que puede contener una botella de ginebra, es como una pequeña ONU en miniatura… y es gracias a la diversidad de botánicos que incluye.

En cuanto a ellos, hay que tener claro que son los responsables de que la ginebra huela y sepa a algo y probablemente tengan que ver también con ese aire sofisticado que ahora tiene esta bebida. Si uno tiene una buena nariz, se pueden notar aromas ligeros de lima, limón, mandarina, cilantro, regaliz, cardamomo, rosa… Además, a la hora de hacer un gin&tonic los barman aprovechan estos ingredientes para combinarlos con una u otra tónica y para incluir diferentes frutas en la copa que refuercen el sabor de los botánicos o contrasten con ellos. Por lo que gracias a ellos, la experiencia de tomar gin&tonics puede convertirse en un recorrido interesantísimo hasta encontrar la combinación que más nos apetezca.

La foto es de un smartphone, pero imaginad las fresitas, las burbujas, el limón...

A propósito de gin&tonics, el viernes me encontré con uno (estaba bebiendo un Cosmopolitan riquísimo pero probé un sorbito y me conquistó) elaborado con una ginebra de alta gama cuyos botánicos principales eran el té sencha y el té verde chino.  Además, la tónica que lo acompañaba contenía jengibre y cardamomo, y en el interior de la copa se incluyeron trocitos de fresa y cáscara de limón. La combinación del té con las especias de la tónica y la ligera acidez e intensidad de la fresa resultó ser de lo más afortunada pero… para gustos, que para eso hay infinidad de botánicos que probar y combinar.


Ling diciembre, (Des)montando a Gin

Aprovechando que me encanta colaborar para la revista Ling, dejo aquí un enlace pdf del número de diciembre donde publico un curioso reportaje sobre una ginebra para “montar” o mezclar en casa. Los ingredientes vienen por separado y el usuario va probando con las cantidades hasta que acierta. Una buena propuesta navideña, ¿no creéis?


http://issuu.com/magazineling/docs/diciembre2010

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: