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Vino en las discotecas, que no sea una excepción

La semana pasada un grupo de jóvenes bodegueros presentó un par de vinos, los “Terrible”, en la madrileña Sala El Sol, con concierto de The Cabriolets incluido y comidita rica para picotear algo. A pesar de que la cantante bebía cerveza sin alcohol durante el concierto, en la sala lo que más se llevaba esa noche era beber vino. Y eso me encanta.

Y no solo me encantó entonces, me gustaría que se pusiera de moda. Sí, ya sé que es mucho pedir en un país en el que muchos consumidores de vino están desapareciendo. Y que no se incorporan nuevas generaciones a esto del bebercio que no tiren más por el calimocho (muy digno, oiga) o directamente por copazos innombrables mal preparados, mal combinados y potencialmente venenosos, no solo del cuerpo sino de la mente.

¿El vino de moda? ¿Por qué no?

Pero no pierdo la esperanza de que, poco a poco, el vino se ponga un poquito de moda, que se aleje de esa pátina rancieta que lo asocia con esnobs y se venga a la barra de las copas. Porque, durante el par de horitas que duró la presentación, había gente joven, GENTE JOVEN bebiendo copas de vino, blanco y tinto, Ribera y Rueda. Sé que fue un momento en el que el vino jugaba con ventaja y que Bimba Bosé, voz de The Cabriolets, no pasó por el aro de probar una gota sobre el escenario (quizá no le guste el vino, quién sabe). Pero ver a un montón de gente en vaqueros y camiseta, zapatillas y pelos de colores, rastas, gafas de pasta, tacones exagerados y ropa ajustada, todos compartiendo los Terribles, fue una enorme satisfacción que dibujó una sonrisa en mi boca toda la tarde.

Poner el vino en las discotecas y pubs, todo un reto

Oigo por ahí, me cuentan que en otros países el vino por la noche está de moda. Y no pierdo la esperanza de que aquí se convierta no ya en una moda, sino en una costumbre. Aquí, en un país productor con muchas raíces profundas que hacen del vino una bebida tradicional, cuesta bastante dar la vuelta a muchas creencias y rutinas en torno a él. Empezando por los servicios de vino, el poder contar con una botella a buena temperatura en una discoteca, algunas copitas que no hace falta que sean de lujo, dos o tres marcas para elegir… Cuesta, pero si hay muchas marcas de ginebra, ¿por qué no podría haberlas de vino? Algo sin pretensiones, precisamente como estos Terribles que están, todo sea dicho, muy ricos, y están pensados para beber en sitios como El Sol, o en cualquier otra discoteca o pub.

Etiqueta de uno de los vinos Terribles, el tinto de Ribera del Duero

Poco a poco, con iniciativas parecidas a la de los chicos de Terrible, igual hay alguna posibilidad.

Vinos para la primera cita o cena romántica

¿Qué me pongo? ¿Me maquillo en plan mujer en pie de guerra o con tonos más naturales? ¿Hablo de cine o de literatura? ¿Hago bromas o me comporto como una tímida damisela? Son muchas las dudas que tenemos nosotras, y seguro que ellos también, cuando quedamos por primera vez para salir. Pero una vez que hemos decidido dar ese paso, adelante, a disfrutar de la cita, de la conversación y, lo que tenga que ser, será. Los vinos que tomemos para brindar cuando nos miremos a los ojos, como esa primera canción, pueden ser uno de los primeros vínculos que nos unan al, por qué no, amor de nuestra vida.

En la primera cita podemos proponer ir a disfrutar de un vino, para pasar un buen rato de conversación, hablando de los colores, de los sabores, y de paso, tontear un poco, que de eso se trata: seducir, vacilar, hablar de asuntos intrascendentes solo por el placer de hacerlo. Bien, el vino es el perfecto compañero para esa primera cita. Sí, pero, ¿qué vino? Tranquilidad, que ni nos la jugamos más que poniéndonos un tacón rosa fucsia, una minifalda demasiado corta o un escote demasiado recatado, ni es tan fácil equivocarse como pudiera parecer.

Quedamos en un bar: vinos rosados, blancos jóvenes, tintos fáciles de beber

De bares: rosaditos, blancos o burbujas. Si lo primero que hacemos es tomar un vinito en un bar, yo me decanto por un vino rosado, porque es frutal, sencillo y porque, como ya he puesto en algún otro post, normalmente lo sirven a una buena temperatura y es una complicación menos.

Blanco, rosado o tinto, se trata de disfrutar del vino y de la cita romántica

Blanco, rosado o tinto, se trata de disfrutar del vino y de la cita romántica

Pero si el rosado parece una opción demasiado fácil, optemos por un vino blanco joven de la zona. En Madrid, los vinos de verdejo están muy a mano y normalmente no fallan con sus aromas y sabores frescos y fáciles, en Cataluña hay estupendos vinos blancos del Penedès, de Priorat, de Terra Alta… en Galicia ni hablamos de la cantidad de blancos (albariños de Rias Baixas o de Ribeiro, uvas ancestrales de Monterrei, godellos de Valdeorras) geniales y pensados para el placer que se pueden encontrar; o los siempre magníficos, pero algo más complejos, vinos de Jerez, todo depende de lo atrevidos que seamos…

O burbujas, claro, esas bolitas que suben por la copa y susurran “seducción”, sensualidad… El cava, que ya se ve en muchos sitios por copas y ahora en primavera apetece por su frescura, esa acidez que hace querer un poquito más, puede ser nuestro amigo en ese primer encuentro con alguien que nos gusta. Sin miedo, propongamos un cava, blanco o rosado, además es un vino con el que siempre apetece brindar, y qué mejor brindis que lo que puede ser una promesa de amor… o de un magnífico rato acompañados.

El vino de la primera cena romántica: complejidad y seducción

Si la cita es, directamente, una cena, la cosa puede complicarse, pero sin miedo, de nuevo podemos recurrir a un vino blanco con crianza en barrica para acompañar una cenita ligera que permita alargar la conversación, o un tinto frutal, con o sin barrica, dependiendo de lo que nos apetezca, para tomar algo menos frío, pero a cambio disfrutar de sabores más profundos y más intensos… Se me ocurren, por ejemplo, vinos de Castilla- La Mancha elaborados con syrah, o vinos mediterráneos como los de Alicante, Valencia o Baleares. Se salen del tópico y son una pequeña aventura para saborear, oler, y conversar con el otro, que para eso es nuestra primera cita.

Resumiendo, es sencillo: busca el tuyo, que te llame la atención por el nombre, el color de la etiqueta, porque lo recuerdes de una cena con amigos, porque te suene la zona… y a triunfar se ha dicho.

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