RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para la etiqueta “mujeres”

Señoras, señoritas, beban vino tinto y protéjanse del cáncer de mama

En un día como hoy lleno de luces y sombras, día de nominaciones a los Goya y un día en el que se conoce que la periodista Concha García Campoy tiene leucemia y se retira para recuperarse (mucho ánimo también desde este blog), el mundo del vino, sobre todo del tinto, arroja un pequeño rayo de esperanza en la lucha contra el cáncer de mama en las mujeres.

Esta mañana me he desayunado, creo que casi al mismo tiempo que uno de nuestros más internacionales críticos vinícolas, José Peñín (si no os los creéis, preguntádselo a él) con los titulares de la versión on line de una revista británica sobre vino, Decanter, que traía una buena noticia (no es que no las traiga a veces, pero a quienes defendemos el vino las buenas nuevas nos gustan mucho): en el Hospital Cedars- Sinaí de Los Ángeles (muy peliculero el sitio, ¿no?) se ha realizado un estudio que demuestra que el vino tinto inhibe la proliferación de células cancerígenas en mujeres pre menopáusicas. Ahí es nada.
Esto contradice a muchos otros estudios contra el consumo del alcohol porque sus efectos son los contrarios, pero yo me hago eco porque, al igual que otros análisis científicos sobre las propiedades saludables del vino, este estudio es un argumento a favor de su consumo moderado. Y eso es lo que yo defiendo desde aquí. Así que mujeres de treinta y tantos, y de “taitantos” en general, consuman ustedes sin miedo una copita de vino (eso sí, la revista británica se cuida de advertir a las abstemias de que si no bebían vino antes, no hay por qué empezar ahora) habitualmente y con moderación (sieeeempre) y siéntanse protegidas por sus componentes antioxidantes e inhibidores de enfermedades tan malignas como el cáncer.
El estudio aclara que estas propiedades son exclusivas del vino tinto, así que las bebedoras de blanco pueden seguir tomándolo, aunque no está de más que se animen a beber un tintillo de vez en cuando, por aquello de la salud. En cualquier caso, el vino, con la compañía de la comida y, si puede ser, de buenos amigos, amantes… gente querida, vaya, que también inhibe muchos demonios.

Cava Gramona Rosé contra el cáncer de mama

Aprovecho el artículo para ilustrarlo con una botella de cava solidario, el del Gramona Rosé, cuya edición especial, la de la imagen, ha dedicado parte de sus beneficios a la lucha contra el cáncer de mama.

De vinos… y vinas en el ocho de marzo

Voy a aprovechar una fecha como la de hoy (prometo que estoy escribiendo esto el día ocho de marzo aunque al día le quede apenas hora y media de vida) para hablar de un asunto que a muchas de nosotras, y con nosotras me refiero a las mujeres que trabajamos en el mundo del vino, nos toca bastante las narices: es precisamente ese, el asunto “mujeres y vino” o lo que es peor, “vino de mujeres”.

Desde fuera, esta perspectiva de “valorar como se merece” a la mujer en el mundo del vino y su papel en el desarrollo de su cultura, de su tecnología, de su historia y su calidad está bien vista. La mujer ahora compra vino, la mujer ahora es enóloga, las mujeres ahora catan tan bien o mejor que los hombres y pueden desempeñar puestos como los de sumiller o responsable de bodega. Pues claro, hombre, pues claro. Suena bonito, parece una historia de logros, de pasos pequeños dados a base de tesón y aguante. Pues no lo es, o al menos no lo es más que cualquier otro avance que las mujeres hayamos (hayan pero por mi sexo me toca incluirme aunque mis logros sean más bien nimios y hasta inexistentes) podido realizar en cualquier otro campo.

Desde dentro, en el mundo del vino en el que yo me desenvuelvo, veo mujeres por cualquier parte, en cualquier puesto, como en otros sectores, y ninguna sensación de triunfo por haber logrado algo que parecía impensable. Antes había mujeres (antes es antes, hace dos siglos o tres) en el mundo del vino como las había en el resto de labores agrícolas, y tenían el papel que se tenía entonces. Cuando las mujeres pudieron empezar a formarse, llegaron las enólogas, las directoras de bodega, las especialistas en marketing, las periodistas vinícolas, las sumilleres…

Todo esto tiene valor, claro que sí, pero no más que lo tiene el que se haya logrado recortar la diferencia salarial con los hombres o que exista una baja de cuatro meses por maternidad.

Por eso quiero decir, hoy mismo y ni mejor ni peor que cualquier otro día, que no entiendo la diferenciación que se pretende establecer entre mujeres y hombres del mundo del vino por algunos miembros del sector. Por ejemplo: leo en una nota de prensa que recibo (atención): “por fin la mujer oficialmente reconocida en el mercado del vino”. Toma ya. Y pienso para mí: anda, y si eso ha sido ahora (pienso dónde narices se habrá reconocido a la mujer en el mercado del vino, si alguien habrá reconocido a su tía abuela en una vinoteca o cuál será exactamente el significado de esa frase), ¿qué ha estado haciendo hasta ahora, por poner un ejemplo, la señora Nicole Barbe Ponsardin, más conocida como “La Veuve Clicquot”, sino dar nombre a un vino mundialmente conocido y haberlo logrado precisamente después de quedarse viuda? ¿acaso es ahora cuando la gente la conoce?

Lo mismo me pasa cuando veo, compruebo, que existe una asociación en España que se autodenomina de “mujeres amigas del vino”, y pienso que no solo es innecesaria, sino que excluyendo al sexo masculino están predicando con un ejemplo que es justo el contrario de lo que pretenden. El vino es para todos, y tanto nosotras como ellos podemos disfrutar y ser amigos todos de los mismos vinos. Porque esa es otra, la de los vinos para mujeres, de mujeres, hechos por mujeres, vinos femeninos y cualquier otro calificativo vacío que no hace sino categorizar de forma errónea y confundir a los consumidores (y consumidoras).

Mujeres, hombres y vino, un trío más que recomendable

Y como ella, unas cuantas más, que a base de trabajo, sí, como los hombres, de constancia, como los hombres, y de talento, como los de su sexo opuesto, han obtenido el éxito, mayor o menor, que se merecían. Y hoy, menos mal, se las reconoce. A ellas, como a ellos. Y a veces a ellas junto a ellos o gracias a ellos (y en ocasiones al revés, que hay mujeres imprescindibles para el éxito de algunos hombres en el mundo del vino, aunque “solo” sea porque les han dado a luz).

Hoy, en un ocho de marzo que ya languidece y en un día al que se le ha quitado acertadamente la coletilla de “Trabajadora” para dejarlo en el Día de la Mujer, quiero poner una puntilla a quienes dotan de sexo a sectores que no lo necesitan. Hombres y mujeres hacemos lo que podemos en el mundo del vino para que sea un elemento que una en lugar de separar.

(Uy, por los pelos, pasa media hora de las once…)

¿Y por qué nosotros no?

Hoy toca un post de reflexión con un punto de rabieta.

Me gustan los culebrones, las series románticas y tontas con las que compartir unas lágrimas cuando en la vida real me faltan los motivos para llorar.

Veía “Cristal” y hasta la inefable “Agujetas de color de rosa” cuando era pequeña y aunque ahora las series que suelo tragarme proceden de Estados Unidos, me temo que mi poso romanticón e intrascendente no ha desaparecido. Y a estas alturas, no creo que lo haga nunca.

Después de los novelones venezolanos y mexicanos llegaron “Friends” y “Sexo en Nueva York”, con un estilismo brutal y una imagen de las mujeres y de la amistad envidiables. “Sexo en Nueva York” me encantaba, hasta el punto de que hay episodios de los que me sé los diálogos. No es broma. En cuanto a “Friends”, la he visto unas cuantas veces.

Pero últimamente estoy enganchada a “Private Practice”, o “Sin cita previa”, como han traducido su título en español. Romance, mujeres y hombres guapísimos, elegantes e independientes en una clínica privada de Los Ángeles y en un hospital donde transcurren decenas de historias con las que… ¿lo adivináis? Llorar.

¿Por qué llevo tres párrafos y no he hablado aún de vino? Ya voy; necesitaba esa introducción, lo prometo. Si bien lo de los culebrones era un preliminar para decir que ahora soy fan de series estadounidenses de todo tipo y me encantan las románticas con chicos guapos, a lo que voy es que en estas últimas también hay detalles que me llaman poderosamente la atención y que no veo en los productos patrios (españoles, para más señas): se bebe vino constantemente. Ellas llegan a su casa después de una intensa jornada de trabajo, se bajan del tacón, se deshacen de la falda tubo y se ponen prendas cómodas y… una copa de vino, tinto, blanco… siempre en una estupenda copa, antes de cenar, en un momento de relax, de intimidad (no de soledad, cuidado) y de disfrute. Ellos preparan una cena estupenda para su cita con ellas y mientras se hornea la carne o el pescado… beben una copita de vino en la cocina.

Los protagonistas de "Sin Cita Previa"

Los protagonistas de "Sin Cita Previa"

Carrie Bradshaw (Sexo en Nueva York) y sus amigas, todas mujeres triunfadoras, en sus treinta, enamoradas o no a lo largo de todos sus capítulos, comparten confidencias, cotilleos, inquietudes sobre sexo y relaciones… y un montón, pero un montón, de copas de champagne y vino mientras conversan, lloran y ríen. Cuando salen, Cosmopolitan, pero cuando cenan o están en casa haciendo una sofisticada fiesta del pijama… vinito o champagne, no falla.

La gente bebe en estas series, y en muchas otras (algún día hablaré de Mad Men, pero en un post aparte) ¿Por qué nosotros no? No dejo de pensar que en series tan exitosas e “inspiradas” en las estadounidenses como “Siete Vidas” o, por hablar de alguna más moderna, no sé, “Los Hombres de Paco”, “Las Chicas de Oro”, “Aída”… no se bebe vino, parece que aquí ocultando un gesto de lo más cotidiano vamos a favorecer que algún idiota deje de emborracharse sólo porque lo ve en una serie.

Porque el vino en España sigue permaneciendo en ese lugar difuso entre alimento saludable y bebida alcohólica, pero por si acaso, mejor no sacarlo mucho en la tele… Dichoso Estado Protector, que parece que en lugar de ciudadanos responsables gobierna niños indefensos.

Y ahora es cuando hablo de una excepción, que para nada desbarata mi teoría: Gran Reserva. Un culebrón en toda regla con el vino como ¿telón de fondo? Bueno, si en una serie sobre bodegas no se bebe vino, apaga y vámonos, así que no me sirve, aunque pese a las críticas negativas que haya recibido del sector, lo cierto es que me parece una idea brillante para mostrar un (ideal) consumo cotidiano de vino.

No soy partidaria de esa idea de que la tele o el cine tienen una enorme influencia en las acciones de las masas, pero sí defiendo que los medios de comunicación más populares difundan un mensaje positivo a modo de tendencia. No se trata de tener de repente un montón de consumidores más, sino de mostrar que se puede tomar vino en situaciones cotidianas, cercanas, y no ser un borracho o un rancio.

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: