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El mundo líquido… desde mis zapatos

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Vacas Sagradas

Sí, queridos. En el mundillo del vino y otros líquidos existen también. Y tras leer un artículo en una página de coaching, no he podido menos que escribir este post. Porque sorprendentemente, esas vacas de las que habla el artículo y las que campan a sus anchas por el mundo donde yo me muevo (y del que trato de comer), tienen mucho en común con las que describe. Disculpad si hoy estoy un poco protestona, debo de tener un día hoja o raíz.

No hace mucho que hablamos en un pequeño círculo de que había muchas de esas vacas sagradas en el vino y los destilados, a propósito de que una querida compañera me presentó a un desconocido como “savia nueva” o algo similar en el periodismo líquido (llevo nueve años escribiendo sobre alcoholes y viandas varias). Curioso, porque entre esa savia nueva y esas vaquitas en busca de pastos que arrasar, hay bastante distancia. Estas, lejos de enseñar y dejar un legado útil a las generaciones con las que conviven y llamadas a heredarlo, se dedican a copar cuanto pueden con artificios no del todo claros. Que conste que no estoy hablando de muchos compañeros (enólogos, bodegueros y plumillas) con los que comparto y de los que aprendo, sino de una casta bien distinta: esas vacas que te dicen cuando llegas que hay que respetar porque “son los que saben”. Aunque ni sepan, ni estén dispuestos a aprender. ¿Para qué? Así les ha funcionado hasta ahora y tienen “amigos” que les bailan el agua.

Algo, la verdad, es que sí que saben. Saben “latín”, y se les reconoce porque, a diferencia de aquellos que realmente son maestros para esa savia nueva, porque enseñan, comparten y hasta te miran a los ojos de tú a tú, estos suelen estar adornados de brillantes nombres como “Directora general de”, “Presidente de…” y uno de mis favoritos, “Presidente/a de honor de tal y pascual”. Y desde su aparente cargo honorífico en alguna asociación sin ánimo de lucro, su ánimo es precisamente el contrario, sin importarles (para qué) su “efecto atila”, maleador, esa hierba quemada y maltrecha que dejan tras de sí. Sin embargo, esa aureola de divinidad las hace prácticamente intocables, y hasta quienes dudan de ellas parecen adorarlas, como quien veía en la desnudez del emperador un suntuoso traje regio.

Pero no. Hay que deshacerse de esas vacas sagradas y bajarlas del pedestal, porque impiden avanzar con aquello de “esto siempre se ha hecho así”. Como dice el artículo de coaching, “Todo esto no es más que lastre que te impide abrir las puertas a nuevas posibilidades y a un mayor desarrollo. Así que tómate tu tiempo para descubrir a qué te estás resistiendo, cuál o cuales son tus vacas sagradas. Y piensa qué precio estás pagando por mantenerlas allí y qué sería diferente si no estuvieran.”

Esta vaquita para mí es sagrada, pero solo esta...

Esta vaquita para mí es sagrada, pero solo esta…

Ahí lo dejo, me voy a beber un vino, que es viernes.

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