RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para la etiqueta “precio”

Restaurante y vino asequible: no todo está perdido

*Durante el pasado puente del Pilar tuve la suerte de encontrarme con algo que suele parecer inexistente entre los aficionados al vino: un restaurante que no cargaba a mi querido líquido con todo el peso de la cuenta. Sí amigos, haberlos, haylos.

Fue en Laguardia, un pequeño y encantador pueblo de Rioja Alavesa, en un restaurante llamado Marixa. Asier, el jefe de sala (y creo que dueño) nos ofreció nada más llegar a la mesa una botella de uno de, entiendo, sus vinos “superventas”: un Pujanza del año 2006, un vino que se hace a pocos metros de ese restaurante y que yo conozco y adoro, casi tanto como al tipo que los hace, Carlos San Pedro. Además recordaba especialmente esta añada porque me parece una de las mejores de este vino, una gran compra que se encuentra en tiendas a unos 16 euros. No es exactamente un vino low cost pero si relacionamos la satisfacción que ofrece con el desembolso que requiere, la balanza se inclina hacia el “cómpralo, bébelo”.
Pues cuando, antes de decantarnos por el pujancita (habíamos comprado un magnum de esa misma añada en una tienda cercana) decidimos echar un vistazo a la carta, lo que vimos nos pareció casi como encontrar un unicornio: precios ajustados, pocos euros más, según los casos, de lo que podemos encontrar en tiendas de confianza, y una carta excepcionalmente confeccionada, con la firma de alguien que, sin duda, aprecia su profesión y respeta al vino. En el caso de Pujanza, la diferencia con el precio habitual en una tienda era tan solo de ¡dos euros!
Imaginaos mi alegría cuando me encontré con eso. Y claro, no me callé y tuve que comentarlo con el sumiller. Su respuesta fue muy sencilla: “es que no hay razón para maltratar el vino cargándolo con un precio exagerado”. “Ahí le has dao”pensé para mí.
Totalmente de acuerdo, y aunque según el local y sus condiciones ese margen pueda aumentar más que el del amigo Asier, el objetivo es ese: no cargar al vino con el precio de toda la comida. Ese día nos bebimos, tan a gusto, dos botellas.

*Disculpad de nuevo la tardanza en aparecer por aquí, confío en recuperar mi habitual ritmo bloguero cuanto antes. Y gracias por vuestra comprensión y paciencia, amigos líquidos

20121027-222638.jpg

Restaurante y vino asequible: no todo está perdido

*Durante el pasado puente del Pilar tuve la suerte de encontrarme con algo que suele parecer inexistente entre los aficionados al vino: un restaurante que no cargaba a mi querido líquido con todo el peso de la cuenta. Sí amigos, haberlos, haylos.

Fue en Laguardia, un pequeño y encantador pueblo de Rioja Alavesa, en un restaurante llamado Marixa. Asier, el jefe de sala (y creo que dueño) nos ofreció nada más llegar a la mesa una botella de uno de, entiendo, sus vinos “superventas”: un Pujanza del año 2006, un vino que se hace a pocos metros de ese restaurante y que yo conozco y adoro, casi tanto como al tipo que los hace, Carlos San Pedro. Además recordaba especialmente esta añada porque me parece una de las mejores de este vino, una gran compra que se encuentra en tiendas a unos 16 euros. No es exactamente un vino low cost pero si relacionamos la satisfacción que ofrece con el desembolso que requiere, la balanza se inclina hacia el “cómpralo, bébelo”.
Pues cuando, antes de decantarnos por el pujancita (habíamos comprado un magnum de esa misma añada en una tienda cercana) decidimos echar un vistazo a la carta, lo que vimos nos pareció casi como encontrar un unicornio: precios ajustados, pocos euros más, según los casos, de lo que podemos encontrar en tiendas de confianza, y una carta excepcionalmente confeccionada, con la firma de alguien que, sin duda, aprecia su profesión y respeta al vino. En el caso de Pujanza, la diferencia con el precio habitual en una tienda era tan solo de ¡dos euros!
Imaginaos mi alegría cuando me encontré con eso. Y claro, no me callé y tuve que comentarlo con el sumiller. Su respuesta fue muy sencilla: “es que no hay razón para maltratar el vino cargándolo con un precio exagerado”. “Ahí le has dao”pensé para mí.
Totalmente de acuerdo, y aunque según el local y sus condiciones ese margen pueda aumentar más que el del amigo Asier, el objetivo es ese: no cargar al vino con el precio de toda la comida. Ese día nos bebimos, tan a gusto, dos botellas.

*Disculpad de nuevo la tardanza en aparecer por aquí, confío en recuperar mi habitual ritmo bloguero cuanto antes. Y gracias por vuestra comprensión y paciencia, amigos líquidos

¿Cuándo un líquido vale lo que cuesta?

Estos días he tenido la oportunidad de probar líquidos que no están al alcance de mucha gente, y menos ahora cuando los bolsillos de media España están con poco más que monedas de céntimo a fin de mes. Hablo de precios que muchos querrían de sueldo, y me han hecho preguntarme si esos vinos, destilados y hasta refrescos valen lo que cuestan, y cómo saber qué precio se ajusta a lo que ofrecen o es parte de una bien tejida estrategia de marketing. Estoy hablando de Teso La Monja, Hennessy Paradis Imperial y Tónica Markham.

Justo hace un momento estaba hablando por chat con una amiga acerca de un vino que probamos juntas. Me decía: “Está bueno, pero, a mi juicio (escaso), ¡no vale lo que cuesta!”. El vino en cuestión sobrepasa los 100 euros en una tienda, y es probable que los 200 en un restaurante.

Un gran vino a un precio ¿grande?

Pero voy a ir más allá. Gracias a una suerte de casualidades, conseguí incluirme en la limitadísima lista de periodistas del vino que acudieron a la cata de la última creación de la familia Eguren, un vino de Toro que se llama Teso La Monja. Es un vino que procede de viñas cuidadísimas (los Eguren fueron unos pioneros en Toro elaborando los excelentes Numanthia y Termanthia, de los que se enamoró el grupo de lujo LVMH y les compró la bodega, cuentan, por una suma irrenunciable), y todas, todas, con un sistema de cultivo, la agricultura biodinámica, que es más costosa que una viticultura al uso, porque prescinde de muchos elementos químicos y la viña necesita muchísima más vigilancia, más cuidado diario, para evitarse muchos de los peligros que la acechan (no voy a explicar más porque no quiero que os durmáis al ritmo de la biodinámica).

Este es Teso La Monja 2008, en una ocasión histórica para una frikilíquida como yo...

Este es Teso La Monja 2008, en una ocasión histórica para una frikilíquida como yo…

A este costosísimo trabajo en el campo, en una parcela enana, se une una vendimia al milímetro, separando cada grano de uva y seleccionando solo los mejores, y una fermentación maloláctica en un tino de roble francés en forma de huevo que una casa tonelera ha diseñado a propósito y en exclusiva para la bodega. La otra fermentación, la alcohólica, la hizo el vino en otro tino con forma troncocónica, de manera completamente artesanal (la uva se ha estrujado a mano… todo se ha hecho manualmente). En este tiempo, de casi medio año, también se siguieron las pautas biodinámicas, el biorritmo del vino. Esto exige un conocimiento de la agricultura y de la elaboración enormes, no cualquiera puede, ni sabe, hacerlo.

Después llegó el envejecimiento en madera, el menos costoso al tratarse únicamente de tres barricas (no había más líquido que extraer de las uvas de la parcela), que fue de otros dos años, y la crianza en botella, que calculo en torno a un año más, teniendo en cuenta que el vino se presentó en una feria profesional el pasado mes de marzo.

Bien, ahora llega la cuestión: este vino, que cuenta Eguren que está elaborado para contarse entre los grandes vinos del mundo, a la altura de El Bulli si hablamos de gastronomía, tiene un precio aproximado de 900 euros. Ya os he dicho que algunos los quisieran de sueldo… Y Marcos Eguren insiste en que no es un vino caro. ¿Lo es? ¿Cómo saber si vale lo que cuesta? El crítico de vinos Andrés Proensa dice que el tópico de la relación calidad- precio no existe porque hay elementos en el producto vino que no son cuantificables. ¿Cómo se mide el placer? Como no quiero dar notas de cata ni complicaros la vida con palabros especializados, diré que me pareció un vino completo, desde el principio hasta el final de la degustación.

Por eso, aunque preveo que muchos de vosotros pensaréis que no es solo caro, sino carísimo, yo no lo tengo tan claro. Además, he revisado precios de algunos de los vinos más prestigiosos y buscados del mundo (no me he metido en cosechas extintas ni en vinos de coleccionista), tipo Château d’Yquem, Pétrus, Romanée Conti o algún Krug, y sus precios son muy superiores, algunos llegan a los 4- 5.000 euros. Esos vinos son caros, pues, ¿no? ¿Cuánto hay de lujo, que es más bien aire, exclusividad y romanticismo, en esos precios? Está claro que en el vino de Eguren no hay tanto de eso, a juzgar por cómo se ha elaborado.

La otra cuestión es ¿lo pagaríais por un vino español? ¿O como es nuevo y no tiene la trayectoria de los franceses que os he contado, aún esperaríais si tuvierais esa pasta para comprarlo? No son muchas botellas las que hay a la venta de Teso La Monja, pero en 15 días se vendió el 80% de ellas, y hay quien me ha confesado que se lo pensó demasiado antes de comprarlas y ahora se lamenta por haberse quedado sin ellas.

Más líquidos de precio elevado

A principios de esta semana he probado también un cognac de 1.600 euros, y del que solo hay cinco botellas en España (me pregunto si contaron también la que empezamos en la cata a la que me convocaron). Este, de la casa Hennessy, se describe como una mezcla especial de aguardientes viejísimos que el maestro de bodega (en Cognac las naves donde reposan los aguardientes se llama chais, pero bodega es la palabra que mejor encuentro para traducir el término) ha escogido inspirándose en una edición que su antepasado (en estas casas los oficios muchas veces pasan de una generación a la siguiente) elaboró por encargo para el 42º cumpleaños del Zar Alejandro I. Nada menos. Nada menos por 1.600 euros, un sueldo algo mejor que los 900 del Teso La Monja.

La botella es de cristal de Baccarat, y no os imaginais el cuidado que pusieron al servir el cognac...

La botella es de cristal de Baccarat, y no os imaginais el cuidado que pusieron al servir el cognac…

La cuestión es que, o se me escapan muchos detalles sobre cómo se ha hecho, o el valor que le veo a este cognac (sin entrar, como antes, en el placer que me proporciona) es el de guardar durante más de cien años, en damajuanas, aguardientes que han pasado hasta Guerras Mundiales. También, claro, veo la inmensa sabiduría de un tipo con una memoria y una capacidad sensorial prodigiosa. Y no puedo evitar ver una botella que debe de costar un pastón, donde se guarda este cognac. En conjunto, veo lujo, que al fin y al cabo es la esencia de la casa. De nuevo ¿vale lo que cuesta? ¿O el precio es una señal para expresar implícitamente “tú, clase media, apártate de este líquido”? Ahí lo dejo…

Termino con una tónica que también tiene, en comparación con otras marcas, un precio elevado. Pero para que veáis que soy optimista, creo que es un precio que cualquiera de nosotros se puede permitir, al menos una vez, para darse un lujo, un caprichito, eso sí, si os gusta, claro.

Se llama Markham y cuesta… ¡dos euros! Nada mal para desembolsarlos y hacerse con un pack para casa, pero con un precio que triplica o cuadriplica el de una tónica normal… ¿Qué habría que esperar de ella? ¿Qué tuviera música, como decía mi madre antes?

Aquí quiero llamar la atención sobre cómo la moda del gin&tonic está influyendo en que aparezcan no solo ginebras Premium por todos lados, sino tónicas de este tipo que basan su precio en una adición de aromas o “botánicos” y en la quinina natural como parte de su composición, lo que les da un aire muy exótico y, además, justifica su precio. Además, pensad en que hay que mezclarla con ginebra que para eso se ha creado, y claro, la ginebra no va a ser menos que la tónica… y hay que aderezar el combinado con algún cítrico, si puede ser, también con un punto de lejanía y exotismo… Vamos, que el gin&tonic puede salir, hasta en casa, por un piquito…

La botellita en cuestión... con su elefante para dar buen rollo

La botellita en cuestión… con su elefante para dar buen rollo

Pero, por dos eurillos, ¿Quién no se da un lujo? Doy fe a quien me quiera creer (esta también la he probado) de que está muy buena y tiene un sabor muy auténtico, un amargor que para nada desagrada. Porque para amargores desagradables ya está la crisis.

Vino para unos pocos, ¿acierto? No lo creo.

La semana pasada estuve en la inauguración de un nuevo y exclusivo lugar de tapas con cocinero estrella a la cabeza. En la convocatoria, un dato real: se ofrece una treintena de vinos por copas procedentes de distintas partes del mundo. Todo muy chic, mucha gente guapa, más de la que el sitio podía absorber, comida excelente, pero, en mi opinión (solo en la mía) los precios de los vinos bastante por encima de lo que yo entiendo por accesible.

Bien es verdad que se trata de un lugar donde la cocina es de altísima calidad y, previsiblemente, las tapas y el servicio del vino también lo serán, ya que al cargo de la carta está, según me cuentan, un experto con una amplia trayectoria en el mundo del vino. Digo también lo serán a modo de intuición, ya que cuando pasé por ahí, invitada por un colega, era la inauguración y en esos momentos había demasiada gente. El caso es que el responsable de la carta, que ha escogido una completa selección de vinos del mundo entre espumosos, blancos, tintos y dulces, comenta que los vinos tienen un precio ajustadísimo, que corresponde exactamente con la sexta parte del precio de la botella en el restaurante propiedad del mismo chef.

En la selección, bastante buena a juzgar por la procedencia de los vinos, equilibrada y entretenida, había unos cuantos vinos que no conocía (conozco más vinos españoles que extranjeros) pero decidí, cuando una compañera me incitó a fijarme en los precios, poner la atención en las referencias que sí conocía. Y ahí fue cuando observé que, con lo que cuestan allí, y en otros sitios, los vinos por copas, el consumo de vino fuera de casa no va por el camino de la recuperación, sino al revés. Encontré como referencia un vino blanco que casualmente está entre los que más me gustan últimamente y vi que el precio de la copa eran ¡cinco euros!

Entre vinos de 200 euros y vinos en cartón hay una amplia selección para el común de los enófilos... digo yo

Dicho así, sin referencia alguna sobre el vino, no es suficiente información, pero ahora nos toca, según lo que comentó el responsable de la carta, multiplicar por seis: o sea, que la botella de ese vino en el restaurante cuesta la nada despreciable cantidad de treinta euros del ala. A mí, esto, tanto en copa como en botella, ya me parece un vino caro. Pero hay más. Este vino lo conozco porque lo he tomado, casualmente, en restaurantes alguna vez y su precio siempre ha rondado la veintena de euros, diez euros menos de lo que se afirma costaba aquí tanto en el restaurante como en el bar de tapas. No quisiera echar más leña al fuego porque el asunto del margen de los restaurantes es algo delicado, pero es que en tiendas este mismo vino ronda los 12 euros.

Para no quedarme solo con este comprobé otro que también conocía, algo más caro, y la proporción era bastante parecida.

A lo que voy: cuando los vinos que son de gama media como estos se cargan con unos márgenes tan amplios es imposible incentivar el consumo del vino y alejarlo de la idea de cotidianidad, de acompañamiento de la comida. Una copa de vino no es gran cosa en cuanto al líquido ingerido, por lo que, en sentido práctico, no me extraña que entre los cinco euros de este vino blanco que comento y los dos de una cerveza (pongamos que en el mismo sitio) no me extraña que el público se tire, (perdón por la expresión) a la rubia. Vale que en este local el precio puede ser un filtro para que no entre determinado público, pero recordemos que se trata de un “garito” de tapas, por más de diseño que sean, y que uno (al menos yo) no está tan predispuesto a soltar la misma cantidad de dinero para tomar algo de pie que por comer sentado, con servilleta y servicio incluidos. ¿O no?

Sin meterme con el local en absoluto porque cada uno hace con su negocio lo que quiere, sobre lo que quiero hacer hincapié es sobre la idea de que sitios así alejan al vino del público que no sea fan o friki vinícola, porque aunque el precio no es lo más importante si no se relaciona con la calidad del vino (y otros factores), sí es una referencia que hace decantarse por un lugar u otro para pedirse una copa. Y un precio por copa alto no es la solución, por más vinos del mundo y cocinero estrella, para impedir, o paliar, que el consumo de vino en este país caiga en picado.

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: