RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

Archivo para la etiqueta “ron”

Cosas que deberías saber sobre el mojito

Como es viernes, estamos ya en verano y a muchos ya les huele la oficina, la casa y hasta la ropa a vacaciones, me apetece hablar de un cóctel que (casi) todo el mundo conoce: el mojito, un cóctel que se bebe por todas partes pero del que igual no se conocen algunos detalles. Bien, aquí van las diez cosas que deberías saber sobre tu mojito.

1-      Es cubano. Allí nació el primer mojito tal cual, con su ron, su azúcar y su canesú, y parece ser que fue un español afincado en una de las playas de la isla quien lo preparó por primera vez.

2-      Tiene un antecedente en el barco pirata de Francis Drake y también en los esclavos que trabajaban en Cuba los campos de caña de azúcar, así que sus padres son un preparado llamado Draquecito y una bebida a base de melaza, miel y lima llamada canchánchara. El nombre también es un misterio, y puede aludir desde un conjuro a una salsa para aliñar guisos.

3-      Por tanto, NO se lo ha inventado ninguna marca, ni nadie que entonces (siglo XIX) trabajara para alguna de las destilerías de ron que había en Cuba (Havana, Bacardi…). Así que cuando hablan de “auténtico mojito” lo que hacen es echarle morrete a la lucidez del tipo que se lo inventó. Otra cosa es que el ron con el que se preparara el primer mojito fuera, obviamente, una marca de ron cubano. De cajón estando en Cuba, ¿no?

Ron blanco u oscuro... como te guste. Experimenta

Ron blanco u oscuro… como te guste. Experimenta

4-      No importa con qué ron le guste a uno, por más que digan los puristas. Si te apetece con ron blanco (que aunque sea transparente ha estado varios años añejando en barrica, solo que está filtrado y no tiene color), bien; si te gusta más el toquecito más tostado del ron oscuro, pues también vale. Ambos son mojitos, y no te dejes convencer de lo contrario. Eso sí, mejor que el ron no sea agrícola, pero no voy a entrar hoy en eso que llega el verano.

5-      Puede llevar limón, pero también lima, máxime teniendo en cuenta que al otro lado del océano al limón lo llaman lima y a la lima… limón, así que… para gustos. Lo mismo que con el tipo de ron, va en gustos o momentos.

6-      La menta es tan válida en el mojito como la hierbabuena, y dependiendo de la planta aromática que se use, el resto de ingredientes deberá estar en consonancia para que el mojito sea equilibrado en sabor… y en aroma. El papel de las hierbas no es decorar, sino aportar aromas, y que nada más meter la nariz en el vaso ancho (bendito vaso ancho) para meter la napia y empezar a disfrutar del mojito… mmmm (boca agua).

7-      Es muy importante que el hielo, cuando te preparen un mojito por el que te vayan a cobrar una buena cantidad de euros, no esté derretido, por lo que el barman en cuestión ha de ser muy rápido al prepararlo. No mola nada un mojito aguado y con el hielo picado que suele llevar a este lado de La Tierra (en Cuba hay quien lo prepara con piedras de hielo) hay que tener mucho ojo. Si se derrite un poco antes de echar el contenido (35 grados fuera del bar pueden hacer estragos) se escurre, y cuando ya está casi preparado conviene que el barman nos eche hielo de nuevo antes de colocarnos la ramita decorativa de hierbabuena o menta.

8-      Sí, se puede hacer en casa. Y sí, recomiendo aprender antes a hacerlo. Yo aprendí mucho con un gran barman que encima sabe enseñar a torpes como yo sin perder los nervios. Se llama Miguel Figueredo y los que vivan en Madrid pueden aprender con él en The Cocktail Room, además de comprarse todos los instrumentos que hacen falta para prepararlo en casa…

9-      Los seudomojitos de grifo y botella son como esas fabadas de lata, que pueden estar muy buenos pero no son auténticos, aunque solucionen más que bien la papeleta de un manazas metido a barman en una fiesta casera. Son dignos, oye, pero no son mojitos de verdá de la güena.

10-   Tened esto claro: por más que se vean carteles con tiza de mojitos a dos pavos, el mojito ES un cóctel auténtico, documentado, elaborado en los mejores locales del mundo, respetado por los barmans y que además… está muy rico.

Aquí os dejo una recetita mojitera según me enseño Miguel:

–          Seis o siete hojitas de hierbabuena o menta sueltas para el fondo y un par de hojas con ramita para decorar

–          22,5 ml. De zumo de lima (media lima grande aprox.)

–          Dos cucharaditas de jarabe de azúcar

–          50 ml. De ron

–          Un “top” de soda (unos dos dedos)

–          Hielo picado

–          Vaso “long drink”

Golpear con la palma de la mano las hojitas de hierbabuena para que suelten aroma y colocar en el fondo del vaso con una pizca (no todo) de zumo de lima. Golpear sin destrozar las hojas y añadir el resto del zumo, el jarabe de azúcar y el hielo hasta colmar el vaso. Añadir el ron e, inmediatamente después, la soda. Echar más hielo, todo el que aguante el vaso, remover con una cuchara larga y delicadeza para mezclar los ingredientes y decorar con las ramitas de hierbabuena en el centro. Listo para tomar.

Este ha sido mi primer mojito... ooooh

Este ha sido mi primer mojito… ooooh

 

 

Etiquetas líquidas: dime cómo vistes y me imaginaré cómo sabes

Este fin de semana he salido a cenar con un amigo al que le gusta el vino tanto como a mí y con el que puedo tener conversaciones interesantes sobre él sin que se me duerma. El tipo, además de adorable, es un experto en marketing y muchas veces, por aquello de la deformación profesional, no evita fijarse en aspectos del vino relacionados con esta disciplina. Durante nuestro paseo y picoteo por Barcelona, entre bares de vinos por el Borne, mi amigo se fijó en algo que llamó su atención y que abrió una conversación nueva: la etiqueta y, en general, el vestido exterior de las botellas de vino, desde el nombre a la calidad del cristal y la etiqueta. Y lo mismo que ocurre con el vino, puede pasar con un whisky o una ginebra. ¿O no?

Porque no es lo mismo llevar Armani que Valentino, Hoss que Zara ni Lacoste que Primark, tampoco lo es que un vino se llame L’Equilibrista que Tetas de la Sacristana y que un whisky se llame Charles House que The Macallan. Quiero decir, no nos despierta la misma confianza ni nos habla igual de lo que puede haber dentro. Al menos a mí, y sobre todo cuando no conozco el líquido en cuestión.

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Bonita etiqueta para este vino de garnacha, ¿no os parece?

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Tetas de la Sacristana es un vino almeriense con un nombre, cuando menos, curioso.

Por partes: hablando de vinos, cuando mi amigo y yo llegamos a un bar para tapear y nos fijamos en los tres o cuatro vinos por copas que tenían, la verdad es que, no conociendo ninguno de ellos, nos fijamos más en el exterior a la hora de decidir, matizando, también, nuestra decisión en función de la zona de procedencia. Pero a lo que voy: entonces ninguno de los vinos nos dio “buen rollo” al principio y siguió sin dárnoslo cuando lo teníamos ya en la copa. La reflexión de mi amigo fue la siguiente: no me sorprende que este vino sea del montón porque tanto el diseño de la etiqueta como el nombre (que no diré porque como no me interesó demasiado no lo conservé en la memoria, acto que recomiendo para evitar la saturación mental de vinos y destilados que no nos gusten) hablan de poco esmero, un poco así, “bah, si como la gente no entiende y el vino no tiene pretensiones, tampoco las tengo yo con la etiqueta y la botella”. Pues estamos apañados, pensamos, ¿así quieren que bebamos más vino?

Lo más curioso, y fue algo que yo comentaba con mi amigo, es que cuando un vino ya lo conocemos y nos gusta, la etiqueta ya no tiene tanto poder de sugestión. Quiero decir, por ejemplo, que yo conozco ya el Castillo de Ygay de Marqués de Murrieta y me gusta bastante, pero si no lo llego a conocer, igual no sería mi primera opción ni por el nombre, ni por la etiqueta (que a mí, personalmente, no me entusiasma, aunque sí me gusta mucho el contenido). Y que si no conozco un vino como Tierra Fidel, que hacen unos amigos míos, igual sí lo elijo para una cena o me fijo en él porque la etiqueta, desde que la vi por primera vez, me encantó.

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)

Me encantan ambos vinos, pero la etiqueta de la izquierda, si no lo conozco, me resulta rancieta (ojo, a mí, que para gustos...)

Lo mismo con los nombres: ¿O me diréis que cogéis antes una botella de Cojón de gato que una donde ponga Pago de los Capellanes? No, ¿verdad? Pues a eso voy. Y que conste que el nombre del primer vino tiene su justificación porque alude a la uva de la que procede…

Y exactamente igual con destilados. No es igual ver una botella como la del ron Elements Eight que la del canario Arehucas, independientemente de que luego al probarlos nuestra opinión cambie. Afortunadamente en el campo de los espirituosos el diseño, creo, se pone bastante las pilas y nos libra de engendros de los que el vino, aún, no se ha desecho. Engendros del embotellado y etiquetado, el “packaging” del que hablan los marketinianos, ojo.

No es lo mismo...

No es lo mismo...

Pero el líquido, amigos, también entra por los ojos, seduce como puede hacerlo un desconocido o una desconocida… y luego, ya se verá si por la conversación que tiene, o que le falta, decidimos descartarlo.

¿Qué opináis vosotros?

Para entreteneros un poco os dejo una serie de etiquetas que he encontrado navegando por ahí.

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