RaqueLíquida

El mundo líquido… desde mis zapatos

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Whisky de colores, petacas de cognac y trastos cocteleros para animar el cotarro líquido

Hoy quiero hablar de los otros líquidos, los destilados, que en forma de cóctel o de presentaciones divertidas consiguen que me fije en ellos y me plantee, muy seriamente, bebérmelos y probarlos (animaos, leñe, que hay un montón de sabores ahí escondidos).

¿Y por qué salgo hoy con estos bailes? Pues porque quiero, ayer me mandaron una botellita de Jotabé  que me hizo pensar en esta entrada y en cómo las marcas se reinventan para llegar al consumidor.

La botellita en cuestión es una edición limitada de la misma de siempre, pero de colores. La gente del marketing de J&B ha debido de pensar que ya estaba bien del verde y la han cubierto de fundas con seis tonitos distintos. Lo que más me gusta es que es la primera vez, ¡la primera! en la historia de esta botella que se le cambia el color, desde que en 1749 se creó este whisky.

Por dentro, nada cambia, y aprovecho para contar que J&B es un whisky tipo blended (ahora os toca aprender un poco, amigos), es decir, mezcla de varios whiskies de malta y grano y de varias destilerías (os preguntaréis entonces por qué narices, si está hecho con varios whiskies y de distintas destilerías, se llama J&B: así es la ley escocesa, colegas, y este tipo de whisky se hace mezclando, de ahí su nombre). ¿Cuál es la particularidad de estos whiskies y para qué sirven? Pues suelen ser muy suaves y sin ningún aroma o sabor que destaque por encima de otros (la idea es que se tomen mezclados con refrescos o con agua), pero sí con un estilo que es marca de cada casa. Ahí está lo que más me gusta de estos líquidos, que el maestro que mezcla los whiskies tiene que hacer SIEMPRE el mismo blended con distintas materias primas. Leéis bien: SIEMPRE, año tras año el mismo whisky ,para que no pierda identidad y con ella, bebedores. Porque los hay fans del J&B, del Cutty Sark o de Ballantines precisamente por eso, su sabor distinto y único. Por hoy dejo la paliza whiskera a ver cómo la vais digiriendo.

Mola, ¿no? al menos alegran un poco la barra de bar con tanto verde y marrón oscuro…

Viendo el rosa que tengo al lado de mi mesa, me acordé entonces de otro destilado que, mucho más que el whisky, suena a viejuno total pero que a mí me encanta: el cognac. Desde hace unos tres años, cuando trabajaba para Hennessy, a esta casa se le ocurrió lanzar un invento que me pareció, y me sigue pareciendo, genial y rompedor: la petaca de cognac en forma de funda de silicona. Me encantaba porque por el módico precio de diez eurillos uno se llevaba una botellita pequeña (20 centilitros) del cognac más vendido de Hennessy e, VS, cuyo procedimiento de elaboración se parece en parte al del whisky, sobre todo en la parte de las mezclas (aunque, apunto así como quien no quiere la cosa, que el cognac se destila del vino, mientras que el whisky es un destilado de cereales, cebada, centeno, trigo, maíz…).

Las petaquitas de Hennessy en los colores de 2012... No hay rosaaaaa

Las petaquitas de Hennessy en los colores de 2012… No hay rosaaaaa (jeje, pero sí en ediciones anteriores)

Viendo la botella jotabera en rosa me he acordado de mi petaquita… también rosa y me ha apetecido inmediatamente tomarme mi mezcla favorita de cognac: con ginger ale y una rodajita de naranja o pomelo. Llamadme rancia, ¡pero me mooooola!

Y siguiendo (y terminando) con otras cosas destiladas, ayer tuve la oportunidad de grabar unos minutillos (dos para que no os canséis) a un tipo que yo comparo con Ferran Adrià pero en el mundo coctelero: Javier de las Muelas. Es un catalán con mucho magnetismo, un genio de las mezclas y con una cultura líquida que hace temblar. Ahora tiene dos locales de coctelería llamados DRY con su equipo en Madrid y en Barcelona (uno de sus puntazos es que tiene contador de Drys para llevar la cuenta de los Dry Martini que se sirven). Así que le pedí que hablara de su set de coctelería, que acaba de lanzar, y que os contara lo que es y para lo que sirve. Aquí lo tenéis.

Y aquí os dejo una imagen de los cacharros cocteleros que ha diseñado, por si tenéis que hacer un regalo a alguien u os apetece hacer un cosmopolitan, un dry martini o un mojito.

Es una chulada, ¿verdad? este, por ejemplo, es el conjunto para hacer unos mojitos, que ya apetecen.

Es una chulada, ¿verdad? este, por ejemplo, es el conjunto para hacer unos mojitos, que ya apetecen.

Música para entender el espíritu de Escocia, el alma del whisky

Hoy estoy en plan musical. Rebuscando entre mis archivos, he encontrado un par de vídeos que grabé durante una visita a una destilería escocesa en el corazón de las Highlands, llamada Glen Grant, aquí poco conocida pero con unos cuantos tesoritos líquidos que merecen la pena. Y me he puesto a pensar que quería compartir un poco de su espíritu, de cómo, tras viajar más de una vez al paraíso del whisky, he terminado por enamorarme de esa tierra y querer volver todo el rato.

Los vídeos que voy a colgar son de música, así que no esperéis ver ni catas ni colores ambarinos ni alambiques. Quiero que disfrutéis un poco con unos gaiteros cachondos que actuaron para nosotros durante el aniversario de la destilería Glen Grant en 2008, que recomiendo conocer a todo el que haga un poco de whisky turismo o se pueda escapar desde Edimburgo hacia el norte, hasta la localidad de Rothes. Además de ver los alambiques (cada destilería suele tenerlos diferentes porque de su forma depende la delicadeza o no de los alcoholes y los diferentes matices y personalidades que cada una quiere aportar a sus whiskies) se puede pasear en plan romántico (estamos al borde de un ataque de San Valentín, aunque hablando de whisky, queda mejor san Ballantine’s, jejeje, chiste malooooo) por sus espectaculares jardines.

Pero a lo que voy. Los músicos de los vídeos se llaman, atención, Red Hot Chilli Pipers, sí, así escrito, Pipers y no Peppers, porque son gaiteros. Y es que los escoceses son una gente simpática, con sentido del humor y capaces de reírse de su sombra, al menos es mi experiencia (sí que es verdad que yo me he movido entre whiskeros, y puede que tuvieran el espíritu un poco más alegre). Pero no es todo. Son ellos, la gente, y es el paisaje, que cautiva, salvaje, verde, a veces aterradoramente frío y solitario, pero siempre encantador. De ahí, de esa tierra, con ese clima, con esa gente, y con esas aguas, salen un montón de whiskies distintos que son de cata obligada si uno se pasa por Escocia. Aunque no le guste el whisky de primeras, seguro que encuentra uno que, hmmm, no le resulte tan desagradable.

No voy a hacer un recorrido turístico ni me voy a adentrar hoy en las particularidades del whisky, de los whiskies escoceses, que ya he dicho que hay un montón. Quiero compartir unas pequeñas gotas de disfrute y sí, ya que estamos, enseñar, al que no lo sepa, cómo se brinda en Escocia: Slaintheva!!!!

Espectaculares, ¿no? esto se escucha con un buen malta en la mano, claro…

*Tengo que decir que no es música tradicional escocesa, para cantar el Auld Lang Syne ya tendremos otros días, ¿no?

El whisky escocés que buscó su espíritu en Francia

Hoy toca repasar una historia de amor entre un whisky y un vino que escribí para la revista Ling y salió publicado hace un par de meses. Se trata de una historia de dos líquidos de lujo, solamente para que os entretengáis, esta vez, en tierra y no entre nubes.

Hay un rincón de Burdeos donde se cría uno de los vinos más legendarios del mundo, Château d’Yquem, por una de cuyas botellas de la cosecha de 1811 se han llegado a pagar 80.800 euros, una cantidad récord para un vino blanco. Y un rincón en Escocia donde un whisky, Glenmorangie, se quedó prendado de la magia de este francés, cuyas tierras fueron propiedad del rey de Inglaterra y heredero de una estirpe regia emparentada con Luis XV.

Al escocés le encantó su excelencia, su majestad, el paisaje de donde procede, las neblinas al amanecer que cubren el viñedo y obran el milagro de este vino mágico. Se prendó de su lentitud, de su pausa, de esa dedicación completa al viñedo que da como resultado un vino excepcional y único en el mundo. Le fascinó aquello de “una cepa, una copa” una frase que había oído a los entendidos, y se dijo a sí mismo que tenía que conocerlo. Le encandiló la dedicación de los vendimiadores, recorriendo una y otra vez el viñedo para recoger uva por uva solo aquellas que están afectadas por ese hechizo en forma de hongo, esa podredumbre noble que convierte a Yquem en un mito.

El escocés ya estaba acostumbrado a la lentitud y al paso del tiempo. Sabía que lo bueno se hace esperar,  que su paciencia se vería recompensada. A sus dieciocho años estaba listo para encontrar algo que lo completara, que hiciera de él un líquido diferente y excepcional, merecedor de su pequeña línea en la historia de los scotchs. Y escuchó que en Francia, entre los ríos Garona y Ciron, se encontraba lo que buscaba: el vino mítico que envejecía durante dos o tres años en barricas antes de embotellarse y dar comienzo a la leyenda, a esa leyenda que aparece reflejada en los textos de Proust, de Dumas o de Julio Verne y que cautivó antes a otro extranjero, Thomas Jefferson, en 1787. Era una oportunidad demasiado excitante, había que robarle el corazón a ese vino prodigioso.

Y de allí, de Sauternes, el escocés pudo recoger unas cuantas barricas impregnadas con el rastro de Yquem, y sacarlas casi a hurtadillas, por primera vez en su historia. Las barricas partieron hacia Escocia, todavía con su aroma y su sabor, y el escocés se apoderó de ellas para fundirse definitivamente con su querido vino francés.  La historia de amor incondicional había empezado, Yquem y Glenmorangie eran uno. Y fueron uno toda una década, para dar a luz un whisky nacido en Escocia pero de espíritu bordelés, con su finura, su elegancia y esos matices de vainilla, miel, frutas exóticas, confitura, toffee, caramelo, cítricos y café…

Pride es un whisky resultado de mezclar aroma de Burdeos con sabor escocés

Pride es un whisky resultado de mezclar aroma de Burdeos con sabor escocés

Hoy ese whisky, de nombre Pride, es todo un señor de casi 30 años, educado con la calidez y el intenso carácter escocés y pulido con la finura y la elegancia francesas y está listo para conquistar los paladares más exquisitos. La historia de amor continúa…


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